«No necesitamos un islam moderado sino un islam valiente»

Wassyla Tamzali

 
Wassyla Tamzali (Granada, Abr 2016) |  © Ilya U. Topper / MSur

Wassyla Tamzali (Granada, Abr 2016) | © Ilya U. Topper / MSur

 

Con su pelo blanco, su chal al cuello, su mirada algo perdida ante un café o, si es de madrugada, una copa de whisky solo, sin hielo, Wassyla Tamzali (Argel, 1941) podría parecer la funcionaria jubilada de Naciones Unidas que es: un cuarto de siglo al servicio de la Unesco, dirigiendo programas contra la discriminación de las mujeres desde 1979. Desde París a Pekín, desde Bosnia a El Cairo, con varios libros en su haber –en España está, entre otros, su combativo ensayo El burka como excusa (Saga Ed. 2010)– y unos cuantos premios, un doctorado de honor en Bruselas y frecuentes invitaciones a encuentros internacionales, como el TresFestival de la Fundación Tres Culturas en abril de 2016, donde la entrevista M’Sur.

Pero cuando se le coloca delante una grabadora o un micrófono, su voz se vuelve precisa, acusadora, lanza las palabras como dardos contra un blanco: parece de nuevo la abogada que fue hace exactamente 50 años, en los juzgados de Argel donde –es fácil imaginarlo– su afilado discurso salvaría a más de un acusado, condenaría a otros. Esta vez, en el banquillo, ante ustedes, los defensores del islam político, los partidos islamistas y los dictadores que, para darse un aura de legitimidad, fingieron combatirlos mientras les hacían cesiones. Defendidas: las mujeres.

Repasemos la Primavera Árabe: revoluciones en Túnez y Egipto, guerra civil en Libia, Siria y Yemen, protestas y reformas en Marruecos…. Argelia, ¿no sabe no contesta?

«La primera virtud de la revolución es reconstituir lo que podemos llamar un pueblo»

Argelia nos permite entender qué es una revolución. Porque no la hubo. En Argelia, como también en Túnez antes de la revolución, hubo muchas manifestaciones y revueltas. Los que se prendían fuego y se quemaban: hubo muchos en Túnez antes de Sidi Bouzid. Y hubo muchos en Argelia, antes y después de Sidi Bouzid. Pero hay que distinguir qué es una revuelta y qué una revolución. Lo dice Alain Badiou: Hace falta primero un lugar en el que se deben reunir todas las categorías sociales. Y cuando vienen las mujeres es la revolución.

¿En Argelia no vinieron?

En Argelia ya en 1988 había jóvenes marginales que salieron a la calle. Jóvenes sin oficio, sin vínculos sociales, que no representaban más que una marginalidad enfurecida. El Ejército disparó contra ellos. Hubo 500 muertos. Y nos dimos cuenta de que en las universidades había un movimiento incipiente para apoyar la revuelta de los jóvenes. Si los universitarios se hubiesen unido a los jóvenes de la calle… En Historia no se puede decir “si”, eso no existe. Lo que pasó es que cuando la Universidad se organiza para unirse a la calle, el poder argelino emprende una reforma fundamental y pone fin al partido único. Así siega la hierba bajo los pies de los manifestantes, que vuelven a la universidad y se dicen: Hemos ganado.

Después vinieron las elecciones, la victoria de Frente Islámico, el golpe de 1991, la guerra civil… y seguimos ahí. ¿Por qué en Túnez sí hubo revolución?

La primera virtud de la revolución es reconstituir lo que podemos llamar un pueblo. Que se compone de todas las clases sociales. En Túnez, en Sidi Bouzid, donde hubo esa inmolación por el fuego, al principio nadie se movía. Yo estaba en Túnez ese día, y dije a mis amigos, que eran el corazón de la resistencia contra [el dictador Zine El Abidine] Ben Ali, mujeres y hombres a los que daban palizas en la calle… ¿habéis oído que ha pasado algo grave en Sidi Bouzid? Y me dijeron: Pero si todos los días pasa algo grave. Pero resulta que ese día era diferente.

¿Qué era diferente?

«En Túnez se expresó un pensamiento nuevo, no salió de nuestro discurso contra el régimen»

Cuando vimos la primera imagen fuerte, todos los abogados, en sus trajes, salieron a la calle a apoyar a los jóvenes de Sidi Bouzid. Ahí se desencadenó algo. Mis amigos militantes no lo pudieron prever. Ningún intelectual lo preveía. Porque lo que se expresó en Túnez era un pensamiento nuevo, que no había salido de nuestro ‘background’ poscolonial, es decir de todo el trabajo de reflexión, de resistencia contra el régimen autoritario, militar, contra la religión, para instaurar la democracia, con un discurso que ya era viejo.

Porque resistencia contra el régimen ya lo había de antes, claro.

En los países árabes, es decir todo ese mundo, me entiendes, se instalaron regímenes autoritarios tras la independencia, y durante unos cincuenta años hubo movimientos de resistencia en estos países. Violentos o no, pero de resistencia. Y no solo como en Egipto con los Hermanos Musulmanes: hubo resistencia democrática, de mujeres, de intelectuales.

Pero el discurso en Túnez fue nuevo, dijo. ¿Qué cambió?

«Si no dices No al poder que hay, sin pedir nada más, no hay revolución»

Los jóvenes que se rebelaron, que llevaron a cabo la revolución de Túnez, no dijeron: nos rebelamos por ser demócratas, por ser feministas, por la democracia directa o indirecta… todo ese vocabulario que teníamos. La revolución es de entrada decir No al poder que hay. Sin explicación ninguna. Si no dices No al poder que hay, sin pedir nada más, no hay revolución. Eso es lo inquietante. Porque la revolución siempre se abre hacia lo desconocido. Lleva a la persona a lo desconocido, no hacia un régimen. No es un cambio de régimen, es un cambio de naturaleza. Y eso en Argelia no ha pasado, y en Túnez sí.

Y luego llegaron los islamistas, algunas del exilio como Rached Ghannouchi, y se hicieron fuertes.

Antes de las elecciones, estaba en una conferencia con la respetada activista Khadija Cherif. Le dije: Khadija, si pasa lo mismo que en Argelia ¿qué haríais? Me respondió: Jamás anularemos las elecciones. Lucharemos dentro del marco de la democracia. Y lo que es impresionante es que la sociedad tunecina estaba estructurada para acometer la primera etapa de la democracia. Hoy se ve que eso era más difícil de lo que se pensaba. Pero eso no quiere decir que se haya perdido.

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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