Obsesionados con el sexo

 

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Pasé seis años dedicada a mi tesis doctoral, entre el trabajo de campo y la redacción final. El tema era: “La sexualidad antes del matrimonio en Marruecos: representaciones, noviazgo, prácticas y socialización vinculada al género”. Durante esos años, y hasta el momento de defender la tesis y recibir el diploma de doctorado summa cum laude, y hasta ahora mismo, cuando se aproxima la publicación del libro, dentro de algunos días (se llamará Sexualité et Célibat au Maroc, en la editorial La Croisée des Chemins) sigo afrontando las mismas preguntas que a menudo me hacen con cierto sarcasmo: “No habrás podido encontrar otro tema ¿verdad?” o “¿Estás obsesionada con el sexo?”

En primer lugar, ocuparse como periodista o socióloga del tema de la sexualidad no quiere decir que se trate como práctica corporal, sino que una se centra fundamentalmente en las cargas sociales y culturales. Precisamente es necesario en el tema a tratar para que podamos entender una parte de la evolución de la sociedad y la representación del individuo.

El lector no tiene derecho a imponerle al autor una tutela respecto a qué temas elegir o cómo tratarlos

En segundo lugar tenemos que asumir que hay una diferencia entre escribir una columna de opinión y ocuparse de una tesis o una investigación científica académica. Y eso a todos los niveles: en el método, en la forma de tratarlo, en el tiempo que una le dedica…

En tercer lugar, es natural que un investigador que se ocupa durante años de un tema determinado tenga el interés (y también la legitimidad) de escribir sobre él desde un punto de vista distinto a la investigación científica. Además, la mayoría de las cosas que escribo en la prensa sobre temas relacionadas con la sexualidad me las inspiraron las observaciones realizadas durante el trabajo de campo y la investigación que realicé durante mi trabajo académico, y no al revés.

En cuarto lugar, y eso es definitivo, quien escribe opinión tiene derecho a elegir el tema que le inspire, y quien le sigue tiene derecho a leerlo o no leerlo. Y a que le gusta la postura del autor en una columna y a criticar otra… Pero no tiene derecho a imponerle una tutela respecto a qué temas elegir o cómo tratarlos.

Solo un 27 % de mis columnas tratan temas de sexo o religión, pero cierto sector no recuerda las demás

En quinto lugar, y eso es lo más importante, un día me puse a contar todas las columnas que publicaba. Coloqué en una carpeta conjunta todos los temas relacionados con la sexualidad y aquellos que trataban asuntos en relación con la religión (porque algunos me acusaban de escribir solo sobre la religión, y otros me acusaban de que no hacer más que escribir sobre sexo). En otra carpeta puse el resto de las columnas. Descubrí que la primer carpeta contenía aproximadamente el 27 por ciento de todos los textos. Es decir que alrededor del 73 por ciento de todos mis artículos de opinión estaban dedicados a temas de ciudadanía y sociedad. Pero hay un sector que no recuerda nada más que la parte relacionada con la religión y el sexo.

Esto ya es en sí mismo un asunto que invita a la reflexión. ¿Por qué no recuerda este sector otros temas que estos y olvida la parte mayor dedicada a otros asuntos? ¿No quiere decir que son ellos los que son víctimas de la obsesión que me atribuyen a mí?

La “élite” mastica discursos sobre modernidad y libertades, pero cuando se habla de sexo saca sus sedimentos

En sexto lugar, ¿no es nuestro deber preguntarnos por qué nos asusta una investigación académica sobre el tema de la sexualidad, y cuyo objetivo no es conferir legitimidad a alguna práctica determinada, porque lo que se propone es una lectura y comprensión de la realidad social? ¿Por qué consideramos la sexualidad un tema que no merece un estudio científico y ni siquiera un debate público? La tensión que suscita este tema, incluso entre algunos individuos de lo que se llama “la élite”, debería hacernos preguntarnos por nuestra relación con la sociedad y con las diversas evoluciones para que podamos interpretar estos cambios con objetividad y observar la reacción que suscitan.

Deberíamos preguntarnos por la “élite” que mastica a diario discursos sobre la modernidad y las libertades, pero que al oír hablar de forma científico y académica del sexo saca automáticamente los sedimentos tradicionales que lleva dentro y las suciedades más horrendas que contiene. Una “élite” que no cuestiona una postura o un tratamiento a través de la crítica sino que arroja acusaciones puramente sexuales… especialmente cuando la persona que habla es, como en este caso, una mujer.

El investigador que se dedica durante largos años a un tema, el periodista y el presentador de un programa que lo tratan de forma profesional, el médico que analiza sus efectos… no están obsesionados con el tema. Por su parte solo quieren entender la realidad. El verdadero obseso con el tema es quien deja el análisis (con los defectos que pueda tener) de un lado y no ve en esta actividad en su conjunto más que un aparato genital y tetas y ayes.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en Al Ahdath· 28 Marzo 2017 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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