Esterilidad y magia (II)

 

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[Leer la primera parte de esta columna: Esterilidad y magia (I) ]

“Derrumbaría las montañas, transportaría rocas, comería tierra para mi vientre traidor”

La maternidad es algo tan importante que la mujer se tragaría cualquier cosa… Plantas que en ocasiones provocan hemorragias, úlceras en el estómago o intoxicaciones. Se utilizan como brebaje o como relleno. Las más corrientes son las lamsakhen, una mezcla de plantas y condimentos. Los testículos de animales se secan, se muelen y se añaden a las recetas. La estéril podría tragarse el prepucio de un niño que acaba de ser circuncidado, lo que favorecería el embarazo y la concepción de un varón: “Me he tragado el prepucio de mi sobrino. Tuve tres hijos”, afirma Fatna, 54 años.

“Por ti, hijo mío, comería escorpiones y víboras”

Existen recetas en las que se rellenan animales. Algunos de estos animales son comestibles, otros lo son menos, o nada. El erizo y la tortuga son muy preciados. El herborista o la qabla rellena el animal con una sabia mezcla de plantas, mantenido en secreto. La paciente lo cuece y se lo come por la noche, después de un buen baño. Se desaconseja salir de la cama una vez que se cena, para evitar el frío.

“Dadme cachorros para comer, seré fértil”

“El herborista me vendió una ratona preñada. Cuando parió, cogí dos ratoncillos…”

Los cachorros se utilizan, según los testimonios de las mujeres, cuando se tiene más de 50 años. Zohra, 68 años: “Después de 9 años de matrimonio, no he engendrado. Mi marido se ha vuelto a casar. Mi coesposa paría como una coneja. Tenía miedo de perder mi sitio. Llevé entonces a una perra a la casa y esperé a que pariera. Cuando nacieron los cachorros, llevé dos al herborista para que los rellenase. Los cocí y me los comí. Cerré los ojos, imploré a Dios y me lo tragué todo. Tuve dos varones.”

¡Cuántas mujeres afirman con seguridad, pero sobre todo con ingenuidad, haber engendrado gracias a estos platos!

“Hacedme tragar ratones, por fin seré madre”

M’barka, 75 años: “Después de 15 años de matrimonio, mi marido me repudió. Me casé con un viudo. Temía que me repudiasen de nuevo. Lo intenté todo. Una mujer me dio una receta en los baños. La envidio por su buena acción. Su recompensa está con Dios. El herborista me vendió una ratona preñada. Cuando parió, cogí dos ratoncillos, cerré los ojos, invoqué a Dios, al Profeta y a Lalla Fatm’zohra y me los tragué vivos. No me dieron náuseas porque quería realmente engendrar. Ya me habían llamado bastantes veces estéril.”

¡Inverosímil pero cierto! La receta es conocida en nuestra sociedad. Esta mujer tuvo una hija unos meses después de su proeza y ¡está muy convencida de que fue gracias a los ratones! ¿Azar, efecto psíquico? ¡Es inútil buscar la causa! ¡Hay que estar realmente motivada para llegar a ese punto!

“Cien gueddida y una, y estaré orgullosa de mi vientre”

La esterilidad perjudica tanto que se convierte en el asunto de toda una comunidad que se impone la obligación de ayudar a la desafortunada. El mejor ejemplo de esta solidaridad femenina es la gueddida.
La gueddida es un trozoc de carne salada y secada al sol. No se trata de cualquier gueddida: debe provenir de la oveja del aïd l kbir (Fiesta del Cordero musulmana).

La mujer a la que pertenece la oveja debe ser también fértil, no puede haber sufrido un aborto natural ni haber perdido un niño al dar a luz. ¡“Cien gueddida y una” por reunir! Las allegadas de la estéril ayudan en la colecta. La carne la ponen los miembros de la familia y las amigas. Es común y está aceptado que una mujer se dirija a desconocidos para pedir una gueddida. Esta donación es una buena acción.

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Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

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