Terremoto en la izquierda

 

Hamon no quiere o no puede llevar su postura de izquierda hasta su inevitable consecuencia: oponerse de verdad a las políticas del gobierno socialista. Desde el primer día, no hace campaña para ganar: pretende salvar lo que queda del aparato del partido socialista, con la única ambición de tener algún papel en la recomposición del panorama político.

Que nadie se crea lo de la “unidad de la izquierda” pedida por los restos raquíticos del casi difunto partido comunista francés. Esta encantación de sus dirigentes – contraria al voto de los afiliados comunistas que se pronunciaron a favor de Mélenchon – solo sirve para lastrar la campaña de Mélenchon e intentar salvar lo que queda de la alianza PS-PCF: su aparato de diputados, alcaldes y cargos comunistas que van desapareciendo y cada día se parecen más a esos zombis de The Walking Dead.

De Gaulle y el momento populista

La elección presidencial del 2017 no dejará de inscribirse en el mar de fondo que ha recorrido ya a Grecia, Portugal, España, Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Austria, Países Bajos… Son tiempos de grandes cambios, de ese “momento populista” según dice Chantal Mouffe – que estuvo al lado de Mélenchon en su gran mitin del 18 de marzo pasado en París.

De Gaulle fue un virtuoso al manejar la apuesta populista, proclamándose por encima de los partidos

El histórico dirigente político francés Charles De Gaulle fue un virtuoso al manejar la apuesta populista, proclamándose por encima de los partidos políticos y, más allá de las asignaciones a derecha o izquierda, dirigiéndose directamente al pueblo: “construyendo pueblo” desde las pasiones y el deseo de unidad en la crisis histórica.

De Gaulle no unió al pueblo en torno a un programa, lo hizo en torno a afectos: “Una cierta idea de Francia”, “Les he entendido”. Presidió Francia liberada de los nazis de 1944 a 1946, con la abrumadora legitimidad de haber sido la voz del orgullo nacional en el exilio, utilizando como nadie la radio inglesa para su propaganda – como hoy Obama, Podemos, Sanders o Mélenchon lo hacen con las redes sociales –.

Después, entendió que no volvería al poder en el sistema parlamentario que entonces prevalía: su movimiento obtuvo 38% de votos en 1947, pero se quedó aislado en el juego de alianzas de partidos. En 1958, se hace de nuevo con el poder a favor del desmoronamiento del gobierno socialista enredado en la guerra de Argelia. Instala la quinta República, hecha a su mano con la figura casi monárquica del presidente de la República, que concentra todo el poder ejecutivo.

Con la elección directa de tal monarca republicano a partir de 1965, se puede llegar al poder casi sin alianzas o acuerdos entre partidos, incluso siendo minoritario en votos. Se ha visto así Jacques Chirac conseguir menos de 20% de votos en la primera vuelta de la elección del 2002, cifra que resultó suficiente para calificarlo a la segunda vuelta y conseguir una holgadísima victoria con 82% frente a Le Pen padre.

Mélenchon, en la buena racha

Jean-Luc Mélenchon, nacido en 1951 en Tánger, es candidato por segunda vez a la elección presidencial. Con un abuelo andaluz – del que hereda su apellido – y otro valenciano, Mélenchon habla perfectamente español. En 2012, en nombre del Frente de Izquierda, consiguió un poco más de 11% de los votos, mejor resultado de la izquierda no socialista desde 1988. Pero sus expectativas fueron lastradas por el voto útil, es decir la decisión final de muchos electores afines de votar al socialista Hollande por ser el que más opciones tenía de ganar a Sarkozy.

Después de militar en su juventud en una organización trotskista, Mélenchon ha sido durante 27 años un alto dirigente del partido socialista, situándose siempre en el ala izquierda. En 1992, se pronunció a favor del Tratado de Maastricht, en el referéndum convocado por el presidente Mitterrand – ganó el “Sí” por estrecho margen. Ha sido ministro en el gobierno del socialista Lionel Jospin, de 2000 a 2002.

Mélenchon lanza un movimiento inspirado en la experiencia de Podemos y de la campaña Sanders

Mélenchon le tenía cariño a Mitterrand y amistad a Jospin, pero nunca ha soportado a Hollande – primer secretario del PS durante diez años. En 2005, hizo campaña en contra del tratado constitucional europeo, en el referéndum decidido por Chirac: el tratado fue rechazado por una fuerte mayoría – luego Sarkozy, elegido presidente en 2007, aprobaría el tratado de Lisbao sin referéndum y con el apoyo del PS.

Mélenchon, ya con gran notoriedad desde su militancia en contra del tratado europeo, se dio de baja del PS en 2009 y fundó su propio partido, el Parti de Gauche (Partido de Izquierda), creando con el partido comunista y otras organizaciones menores el Front de Gauche, Frente de Izquierda inspirado en Izquierda Unida.

En 2015, se da de baja de la presidencia de su partido – sin dejar de dirigirlo de verdad – y tira por la borda al Frente de izquierda. Lanza un movimiento abierto inspirado en las experiencias de Podemos y de la campaña Sanders: La France Insoumise (Francia Insumisa).

Para Mélenchon, es el momento. Admirador declarado de De Gaulle, tomando la lección de Mitterrand, ha construido su candidatura como el encuentro de un hombre solo y libre con el pueblo de Francia, enmarcándose exactamente en el guion gaullista. Deshaciéndose del Frente de Izquierda, se ha librado del decadente partido comunista que, ya prácticamente en la UCI, quería dictarle condiciones, y así ha ganado fuerza y credibilidad ante la gente.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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