Terremoto en la izquierda

 

La caída en picado del partido socialista le abre hoy una posibilidad inédita: millones de franceses miran hacia su campaña, muy a pesar de los medios en manos de los poderes que quieren imponer a Macron, el Albert Rivera francés.

Mélenchon lleva meses presentando su programa de ruptura con las políticas de recorte de la UE, de desarrollo social y ecológico, de cambios democráticos, pero también de independencia nacional, recogiendo elementos de las corrientes francesas socialdemócrata, comunista, ecologista, pero también gaullista. Tiene un gran éxito en las redes, con millones de seguidores en Facebook, Twitter y YouTube, y su programa “L’avenir en commun” ha estado en cabeza de las ventas de libros en las últimas semanas de 2016.

Una foto Polaroid: en 1969, el candidato comunista obtuvo un 21,2% de votos y el socialista, un 5%

Mélenchon, con mítines multitudinarios, muy conseguidos, y su talento oratorio en los debates televisados, se ha impuesto como candidato serio y reconocido por los franceses, sedientos de cambio.

Que consiga situarse a 20% de intención de voto en las encuestas, mientras el candidato socialista caería por debajo de 10%, devuelve el campo de la izquierda a como se presentaba antes de la creación del nuevo partido socialista en 1972. Tenemos ante los ojos una foto Polaroid con esos colores que se desvanecen: en la elección presidencial de 1969, el candidato comunista obtuvo 21,2% de votos mientras el socialista quedó en 5%. Tan sólo le faltó un 2% entonces al comunista Jacques Duclos para competir en la segunda vuelta.

La lotería de la primera vuelta

La pésima calidad de los demás candidatos en esa campaña cobra una gran importancia en tal incertidumbre electoral. Hamon y Fillon, vencedores de las primarias socialista y de derecha respectivamente, aparecen muy endebles en la campaña. Las primarias, concebidas para traer aire nuevo a los viejos partidos y darles a los candidatos legitimidad democrática, no seleccionan los candidatos más capaces, al contrario.

Macron, candidato de la trama y mimado hasta la vergüenza por los medios, ha entrado en la última fase de campaña debiendo enfrentarse a sus adversarios en debates televisados y con los medios obligados a respetar igualdad de tiempo entre todos. Y ocurre lo que temían sus promotores: aparece endeble también, contradiciéndose para complacer a todos los públicos y defensor de la política de recortes de siempre. Se va desinflando y, a falta de unos días para la elección, los poderes que lo arropan empiezan a inquietarse.

Macron se va desinflando y los poderes que lo arropan empiezan a inquietarse

Las encuestas, a pesar de ser orientadas para favorecer a Macron y minusvalorar a Mélenchon, están dejando los cuatro primeros candidatos en el margen de error, alrededor del 20%.

Ya hemos visto eso en 2002 con los tres principales candidatos: entre Chirac, Jospin y Le Pen padre, la calificación de los dos mejores para la segunda vuelta se ha decidido en los últimos días. Chirac obtuvo 19,88%, pésimo resultado con siete años de presidencia; el socialista Jospin, jefe del gobierno, se quedó en 16,18% cuando las encuestas le daban 20, y Le Pen padre consiguió 16,86%.

Así que mucho cuidado con los acontecimientos nacionales e internacionales en estos días. Hemos visto como en España el Brexit, tres días antes del 26-J, cuando los candidatos no pueden medir las consecuencias y adaptarse, ha sido determinante en el voto. Ya vimos como el atentado de Atocha cambió el rumbo de las generales en 2003.

Los últimos acontecimientos – atentados en Francia, Londres, Estocolmo, enfrentamiento ruso-americano en la guerra siria – pueden tener un peso tremendo en la elección.

El candidato socialista Hamon dice que en caso de no estar en la segunda vuelta votaría a Mélenchon

Mélenchon se juega la posibilidad de ganarse una imagen de hombre de Estado: propone sacar Francia de la OTAN y mantener la fuerza de disuasión nuclear, recuperando la doctrina de De Gaulle – quien sacó Francia del mando unificado de la OTAN y cerró las bases americanas en 1965.  Sarkozy ha reintegrado Francia bajo mando de la OTAN en 2008, y Hollande ha mantenido ese nuevo encaje atlantista. También Le Pen propone volver a la doctrina gaullista; Fillon critica el atlantismo y quiere rebajar la tensión con Rusia, pero acató en 2008 la reintegración en la OTAN, como jefe del gobierno entonces. El discurso atlantista de Hamon y Macron no encaja con el sentir mayoritario. Todos se juegan mucho en estos días.

Queda también por ver cómo se van a comportar los medios, igual de capaces que los medios españoles de desencadenar, en los últimos días, alguna campaña de difamación para lastrar el voto Mélenchon.

En una entrevista reciente, el candidato socialista Hamon ha sorprendido contestando que, en caso de no estar en la segunda vuelta, votaría a Mélenchon. Ese acto de rebeldía frente al aparato del PS rompe con la pretensión de Hollande y de ese aparato, que espera unirse a Macron después de la derrota cantada de Hamon. Con esa declaración espectacular, casi una renuncia, Hamon puede apuntalar la remontada de Mélenchon.

La clasificación dependerá de la abstención. En 2002 votaron solo el 71,6% del electorado, cifra bajísima en una elección presidencial. En 2012, votaron en la primera vuelta 79,5% del electorado. Esa diferencia representa este año cuatro millones de votantes.

Ojo al 23-A: el terremoto puede ser descomunal.

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© Alberto Arricruz | Primero publicado en Disparamag  · 17 Abr 2017

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Alberto Arricruz

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(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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