Marine Le Pen, la heredera

 

Pero: ¿qué pasa con ese evento abrumador que fue el 11-E? Pues que nadie lo reivindica en la campaña electoral.

¿Invasión de zombis?

A las pocas semanas del 11-E, el demógrafo “intelectual de izquierda” Emmanuel Todd calificó el acontecimiento de “spot totalitario” (las manifestaciones, no los atentados ni su justificación por blasfema) y consideró que los manifestantes eran “católicos zombis”. Culpó a los redactores de Charlie Hebdo de habérselo buscado, porque el islam es, según Todd, la expresión del pueblo víctima y oprimido.

Esa lectura dio el tono al mundillo militante y a la prensa “progre”, cerrando toda posibilidad en la izquierda de hablar del fascismo islamista y del terrorismo sin ser tachado de fascista.

Ese “nosotros”, abiertamente reaccionario, pretende imponer la versión wahabí del islam

Los activistas del islam político, con financiación de Qatar, Turquía y Arabia Saudí, han sabido perfectamente manejar la larga crisis de la identidad francesa, aglutinando un “nosotros” en contra de un “ellos” para “construir pueblo”. Pero ese “nosotros”, abiertamente reaccionario, pretende imponer la versión wahabí del islam en cada ámbito de la vida, y sus enemigos son la república, la laicidad, la igualdad… toda la progresía de la herencia francesa.

“Acomodaciones razonables”, “laicidad apaciguada”; así se va imponiendo una organización separatista de la sociedad: no importa que personas catalogadas como “musulmanas” se queden viviendo, en la República, bajo el yugo de una imposición religiosa ultrareaccionaria, en la medida en que los que se creen “clase media” y “gente educada” estén libres de eso, ¡todo queda en su sitio!

Contestando a Todd, el politólogo Laurent Bouvet acaba de publicar un ensayo titulado “La Izquierda Zombi”. Critica la incapacidad de las fuerzas de izquierda de entender la grave situación de “inseguridad cultural” que enoja al pueblo francés, mezclando la incertidumbre económica y el paro de masas, la degradación inexorable de la escuela pública, la desvitalización de las ciudades medianas, la delincuencia que azota primero a las clases populares, la apropiación de la calle por islamistas en muchos barrios populares, la desclasificación de Francia como potencia orgullosa de sí misma.
(Y es que a nuestros intelectuales de izquierda les mola The Walking Dead.)

Antirracismo vs laicidad

Hoy, si escuchamos discursos de los líderes comunistas franceses de hace 40 años, sorprende cierta similitud con el discurso de Le Pen. Los dirigentes comunistas denunciaban la inmigración como maquinaria en contra de las garantías sociales, y para dividir al pueblo con insalvables diferencias culturales.

Los socialistas y la extrema izquierda post-68 lanzaron potentes campañas antirracistas contra el partido comunista francés: en 1980 cuando un alcalde comunista hizo destruir un centro de acogida de migrantes, y en 1981 cuando el PCF encabezó una manifestación exigiendo la expulsión de un traficante de drogas marroquí de una barriada. El PCF perdió la batalla; se impuso en toda la izquierda la temática moralista antirracista con “SOS Racismo”, en un intento de captar la juventud de origen magrebí que se movilizó masivamente en la “marche des beurs” de 1983.

Defienden la “comunidad musulmana” en vez de la ciudadanía de origen extranjera

Desde aquel entonces, los partidos y movimientos sociales de izquierda, ya sin militantes de la clase obrera, miran al pueblo “francés” como un cuerpo extranjero al que se dirigen con un discurso de rectificación moral. Al instalar la defensa de la “comunidad musulmana”, en vez de la defensa de la ciudadanía de origen extranjera, abandonan el combate histórico y secular contra la opresión de las religiones, que incluso hoy es tachado de derechista por muchos.

La división en la izquierda es hoy muy profunda. En el seno de cada organización y corriente, se enfrentan los defensores de la laicidad denunciadores del islamismo y los que se alían con los islamistas creyendo así ganarse a las clases populares “nuevas” y oponiéndose a su propio pueblo.

El 11 de enero 2015, la presencia de banderas republicanas en las concentraciones cabreó a muchos militantes, que las identificaban con la extrema derecha. Dos años más tarde, el candidato Mélenchon ha llenado las mismas calles de esas banderas en su gran mitin del 18 de marzo pasado. Pero no ha dicho palabra de los atentados ni tampoco del islamismo en Francia. Entre prudencia electoralista y cautela por la profunda división sobre este tema en la militancia que lo apoya, Mélenchon se centra en la reivindicación anti-austeridad.

Marine Le Pen propone poner belenes en escuelas y alcaldías, algo prohibido desde 1905

El FN ha visto crecer su influencia ahondando en la división histórica del pueblo francés por la inmigración magrebí y africana, efecto bumerang del colonialismo. Siguiendo tal sendero, Marine Le Pen hace campaña sobre la inseguridad cultural, recogiendo incluso temas del viejo discurso comunista, la defensa de la laicidad con la que la izquierda está ahora incomoda, hasta se hace defensora de las libertades de las mujeres, denunciando su retroceso a manos de los islamistas

Marine Le Pen propone responder parando la inmigración, recuperando las fronteras, y con la promoción a ultranza de una identidad francesa folclórica, como poner belenes en escuelas y alcaldías (lo que realmente sería novedoso, ya que en Francia está prohibido desde 1905).

También presenta un catálogo de medidas económicas y sociales a favor de las clases populares casi robadas a Mélenchon, presentándose como defensora de los de abajo. Es decir: Marine Le Pen presenta un programa “poujadista”. Su problema reside en la falta de credibilidad que la lastra en ese terreno de la campaña, frente a la dinámica de Mélenchon.

Borrando huellas

Para llegar a ser presidenta y no quedarse en el límite histórico del FN, Marine Le Pen busca ocupar el espacio político del gaullismo. Apuesta por superar al candidato de derecha, François Fillon, y hacerse con la presidencia de la República para instalarse donde estuvo el gaullismo en su gran periodo.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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