Marine Le Pen, la heredera

 

Pero el FN heredado de su padre alberga a corrientes fascistas y hasta algún nostálgico de Hitler; es continuador directo de la oposición al gaullismo y a la descolonización, de esos tiempos revueltos de 1958 a 1965 con militares golpistas y atentados de extrema-derecha (incluyendo un intento de asesinato del presidente De Gaulle).

¡Marine Le Pen necesita borrar las huellas! Lo tiene más fácil que su padre: hoy en día, para la inmensa mayoría de la gente, esa noción de “fascista” con la que los medios y la izquierda atacan a Le Pen no tiene significado claro y no desata ningún miedo. Lo mismo ocurre con los ataques a Mélenchon, como cuando Macron y Hamon le acusan de querer volver a Unión Soviética, o cuando Fillon dice que Mélenchon no es Potemkin sino Titanic: la inmensa mayoría del pueblo no entiende de que están hablando.

Marine Le Pen insiste en su admiración a De Gaulle, arriesgándose a que a su padre le dé un ataque

Marine Le Pen insiste en su admiración a De Gaulle en el debate televisado (arriesgándose a que a su padre le dé un ataque mirando la tele). Exige (al igual que Mélenchon) la salida de Francia del mando militar integrado de la OTAN, decisión tomada por De Gaulle en 1965, cuando expulsó las bases americanas del país, hasta que Sarkozy reintegrara el mando americano en 2008.

Últimamente, declaró que el Estado francés no era responsable de la vergonzosa redada antijudíos de julio 1942 en Paris – la rafle du Vél d’Hiv, mayor crimen de lesa humanidad cometido en la Francia continental, perpetrado por la policía francesa a petición del mando alemán (13000 arrestados en un solo día incluyendo 4000 niños, prácticamente todos asesinados en Auschwitz). Claro, prensa “progre” y editorialistas han disparado las alarmas, tachando a Marine Le Pen de fascista y revisionista.

Pero ella ha recuperado exactamente la posición de De Gaulle y también del socialista Mitterrand: consideraban que la Francia ocupada por los alemanes no tenía Estado francés, solo un aparato colaboracionista ilegitimo. Esa lectura fue revertida por Jacques Chirac en 1997. Al volver al discurso oficial anterior, Marine Le Pen quiere aparecer al lado de “los buenos”, gaullismo y resistencia patriótica, diferenciándose del colaboracionismo fascista francés (otra rueda de molino con la que deben comulgar en silencio en la corriente fascista del FN).

¿Presidente del 11-E?

Marine Le Pen hace poca campaña: si comparamos con los demás candidatos, casi no se le ve. Se reserva para la segunda vuelta, y quiere que su contrincante sea Macron, perfecto producto de la “trama”. Está convencida de que es su momento, y que al ganar marginalizará al viejo partido de derechas y se mantendrá en el poder para mucho rato.

Siempre ha existido un voto popular de derechas; el de izquierdas se queda en casa

Pero a Marine Le Pen no le gusta nada la remontada de Mélenchon. Si este consigue alzarse a la segunda vuelta, entramos en un escenario que no había preparado.

Siempre ha existido un voto popular de derechas, el de Poujade ayer y el de Le Pen hoy. El voto popular de izquierdas, desde hace muchos años, se queda en casa a la hora de votar. Pero ahora Mélenchon parece que lo está despertando. Mala noticia para Marine Le Pen: la credibilidad de Mélenchon en la denuncia de las políticas de recortes es muy superior a la suya.

Mélenchon está limitado por la visión actual de la izquierda oponiendo las luchas sociales – buenas, de izquierda – a las inquietudes populares frente al auge evidente del islamismo – malas, de derechas. Entonces se queda en declaraciones de principio sobre la defensa de la laicidad, saca banderas republicanas y hace cantar “La Marsellesa” en sus mítines; pero evita con mucho cuidado meterse más allá en el tema. Con eso, de momento, ha conseguido conectar con el pueblo sin alienarse al mundo militante de izquierda.

 Marine Le Pen no conecta con el pueblo del 11-E. Mélenchon quizás lo esté consiguiendo

Ahora bien, en una segunda vuelta oponiendo Le Pen a Mélenchon, queda por ver si sería suficiente. Ya van 300 muertos en dos años de atentados, todos cometidos por jóvenes nacidos y/o educados en Francia, y en nombre de la religión. Eso no se borra del sentimiento popular, y las enormes contradicciones de la izquierda pueden ponérselo difícil.

El 11 de enero de 2015, el pueblo de Francia ha dado varias llaves para hacer posible una nueva unión popular. Una de ellas es, muy a pesar de “los intelectuales de izquierda” que acaban destilando el odio a su propio pueblo, las ganas de solidaridad y de recuperar la capacidad de vivir juntos en un país laico, libre y progresista. Esa llave, Mélenchon la está manejando con su postura humanista sobre la cuestión de los refugiados, los muertos en el Mediterráneo y la urgencia de rebajar los riesgos de guerra.

Ese es el problema de Marine Le Pen: no conecta con el pueblo del 11-E. Mientras Mélenchon quizás esté consiguiendo, incluso por ambigüedades y malentendidos, ser el candidato que mejor recoge esas aspiraciones.

La primera vuelta, este próximo 23 de abril, es más que incierta. Millones de electores se van a decidir el día del voto, y muchos en el momento de poner la papeleta en el sobre. Dejad de leer las encuestas: todo puedo ocurrir.

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© Alberto Arricruz | Primero publicado en Disparamag  · 20 Abr 2017

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(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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