Le Pen y los Insumisos

 

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A Marine Le Pen, ganar las elecciones presidenciales francesa del 2017 se le ha puesto muy difícil.

Con 7,7 millones de votos y un 21,3% en la primera vuelta, obtiene un resultado impresionante; pero probablemente no será suficiente. Necesitaba un resultado más cerca del 30%, con el que hubiera tenido la victoria a su alcance. Pero así van las contiendas electorales: los cálculos políticos más finos te salen bien o mal por poca cosa.

36 millones de franceses han votado el 23 de abril 2017: tres de cada cuatro inscritos. El candidato más que mimado por los medios y Merkel, Emmanuel Macron, ha conseguido ser el primero (sin que valga glorificarse como lo hace estos días) con 8,7 millones de votos, un 24%. Sigue, calificada para la segunda vuelta, Marine Le Pen; ha superado al candidato de la derecha clásica, François Fillon, tercero con 7,2 millones de votos y 20%.

El candidato progresista Jean-Luc Mélenchon ha conseguido 7,1 millones de votos, un 19,6%. Sobrepasa ampliamente al candidato socialista Benoît Hamon, quien se queda con el desastroso resultado de 2,3 millones de votos, un 6,4%.

Otros seis candidatos (algunos realmente folclóricos) se reparten los 3 millones de votos que quedan. Destaca el resultado del derechista Dupont-Aignan, que reivindica el gaullismo y consigue 1,7 millones de votos, un 4,7%.

Los dos finalistas deben ganarse el voto de los que han elegido otra opción en la primera vuelta y quedan frustrados con la alternativa. Nunca las diferencias y oposiciones entre candidatos han sido tan grandes, así que los electores de Mélenchon, Fillon y Hamon no tienen a una opción “natural” en esa segunda vuelta.

La caída del bipartidismo

El bipartidismo se ha acabado en Francia. Desde 1981, los candidatos del Partido Socialista (PS) y del partido de la derecha siempre competían para la presidencia y la mayoría de gobierno. Esta vez, los dos han caído en la primera vuelta de la elección fundamental del sistema político francés.

El derechista François Fillon ha perdido por poco; incluso ha estado mejor que Jacques Chirac en 2002. Chirac, entonces presidente, obtuvo el pésimo resultado del 19,9% (y 1,5 millones de votos menos que los de Fillon la semana pasada); pero en 2002 fue suficiente para calificarse a la segunda vuelta y ganar frente a Le Pen padre (con un 82%).

La derecha clásica de gobierno pierde votos, pero resiste y se mantiene a un alto nivel

La impresionante ofensiva de acoso llevada por los medios y las iniciativas – como mínimo sorprendentes – de la fiscalía anti-corrupción han lastrado la campaña de Fillon. Esa operación ha sido determinante para su eliminación. Queda por ver lo que significa para la democracia tal manipulación por parte de los medios y la Fiscalía a la orden del poder político de turno (que ha dejado muy tranquilo a Macron, a pesar de que faltan 1,8 millones de euros en sus declaraciones de renta).

Medio millón de votos le ha faltado a Fillon para ser presidente el próximo 7 de mayo; caro le van a costar estos votos perdidos, en un partido donde las escopetas están cargadas. A pesar de todo, como ya se ha podido observar en las recientes elecciones en Europa, la derecha clásica de gobierno pierde votos, pero resiste y se mantiene a un alto nivel. Fillon, a pesar de una campaña desastrosa y destrozada, ha cosechado el resultado que suele obtener su partido en bajamar.

A contrario de la derecha, el resultado del candidato socialista es más que estrepitoso: con un 6,4%, la única satisfacción para Benoît Hamon es que por encima del 5%, el Estado pagará sus gastos de campaña. Hamon pierde nada menos que 8 millones de votos y 22 puntos comparado con el resultado de Hollande, candidato socialista en 2012.

El fenómeno observado en Grecia y en Países Bajos se ha reproducido

En 2012, François Hollande ganaba la elección presidencial y el Partido Socialista conseguía mayoría absoluta en las generales del mes siguiente. La caída es descomunal: el fenómeno observado en Grecia y en Países Bajos se ha reproducido. El terremoto en la izquierda ha ocurrido.

El secretario general del PS, Jean-Christophe Cambadélis, se había adelantado al resultado, declarando unos días antes del voto: “No se van a sacar lecciones políticas de estas elecciones, porque son demasiado atípicas”. Cuando la periodista que lo entrevistaba mostró su sorpresa, “Camba” insistió: “Estas elecciones no van a tener ninguna consecuencia política”. Así, con un presidente Hollande muy satisfecho y un secretario general socialista diciendo que la presidencial no es nada, se escribe el parte de defunción del partido creado por Mitterrand en 1972.

El arco derecha-izquierda

Si se miran los resultados en clave izquierda o derecha, vemos que la izquierda obtiene su peor resultado en… 48 años: sumando los votos de Mélenchon, de Hamon y de los dos candidatos trotskistas, la izquierda queda en un 27,7% de los votos.

Desde que la elección presidencial existe (1965), la suma de los votos “de izquierda” ha sido baja durante el periodo de hegemonía gaullista – 31% – pero luego nunca ha estado por debajo del 40% (su suelo en 1988, después de 14 años de presidencia del socialista Mitterrand), con un promedio del 45%.

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Acerca del autor

Alberto Arricruz

@Alberto03021962

(Paris, 1962) Hijo de emigrantes sevillanos, trabaja en Francia de funcionario en cuestiones...

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