Nadie protege a los coptos

 

Nada de eso ha cambiado ni ha hecho perder fuelle a los extremistas que hasta ahora campaban en el Sinaí, pero que ahora han demostrado que sus tentáculos se extienden muy lejos de la conflictiva Península. Allí los cristianos llevan más de un año viviendo bajo estado de excepción. Atrapados entre el Ejército y Daesh. Decenas de familias huyeron en marzo de sus casas en El Arish, una población norteña y fronteriza con la Franja de Gaza. Los yihadistas habían asesinado a siete cristianos. Las mujeres aseguran que vivían encerradas, siempre con las ventanas cerradas y obligadas a caminar con el velo islámico si salían. A los hombres se les exige que se dejen barba. Tienen listas con sus nombres y cruzar los controles de carretera que establecen es siempre un tiro a la ruleta rusa.

“Mientras la sangre copta se venda tan barata, ¡abajo el presidente!”, gritaba la multitud

Los enfrentamientos del Ejército o la policía, que hasta ahora había sido el objetivo principal de los yihadistas, con los adeptos de Daesh mantienen a la población secuestrada. Los cristianos decidieron marcharse porque la policía, explican, no podía hacer nada por protegerles. Después de que Daesh emitiera un vídeo en el que los denominaba “piezas de caza preferentes”, el hecho de que no haya un plan para que puedan regresar a sus casa o que la única ayuda que han recibido en la población en la que se refugian, Ismailia, sea de la propia Iglesia, implica que si no se les puede proteger es porque no importan.

Los coptos ya no compran las buenas palabras del Ejecutivo. Poco después de los atentados, los ciudadanos iniciaron protestas aisladas en Alejandría. “Mientras la sangre copta se venda tan barata, ¡abajo el presidente!”, gritaba la multitud pidiendo la destitución del ministro del Interior, Magdy Abdel Ghaffar, según cita el diario egipcio Mada Masr. Los gritos pidiendo la caída del régimen fueron acallados por las fuerzas de seguridad, pero esa misma noche durante el servicio religioso por las víctimas, los egipcios volvieron a manifestarse. No sólo los coptos: con cada ataque sectario contra los cristianos muchos musulmanes les muestran su solidaridad en las calles.

Horas antes en la Iglesia de Tanta donde acababa de inmolarse un suicida, la multitud reaccionaba indignada ante la visita del vicegobernador de la provincia.“No queremos representantes del Gobierno. No hay Gobierno. Ni Sisi ni nadie. Todos son responsables y todos son un fraude”, declaraba un hombre poco después al diario Washington Post.

“Las medidas de seguridad extremas no están funcionando, la opresión no está funcionando”

“Necesitamos una estrategia exhaustiva. Eliminar las causas reales del terrorismo y eliminar los ambientes que favorecen ese fenómeno y que lo ayudan a crecer.  Cuando empujas a la gente a la extrema pobreza, les arrinconas y cuando la gente se desespera es capaz de cualquier cosa”, explica Thabet. En su opinión, con la que coincide Aziz, el problema de los sucesivos gobiernos en Egipto es primero haber tratado de controlar y manipular a los coptos a través de la jerarquía eclesiástica y, en segundo lugar, no afrontar el problema del sectarismo religioso desde la base.

Ese mensaje de impunidad coincide con el problema de la educación y con el fallo sistemático de la estructura del Estado en su conjunto. “Por supuesto que reforzar la seguridad es importante para frenar a estos bárbaros, pero no es sólo eso. Si no solucionas lo problemas económicos, si no haces nada porque exista justicia social… nada cambiará”, lamenta Thabet. Y puntualiza: “Estas medidas de seguridad extremas no están funcionando, la opresión no está funcionando, está logrando exactamente lo contrario. Haciendo que la gente se radicalice. Empujándoles a ese rincón y haciendo que nada en sus vidas valga la pena”.
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Nuria Tesón
Periodista y escritora (Zamora, 1980). Vive en El Cairo.
Tesón ha trabajado para varios medios españoles en...

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