«A las feministas tendrán que matarnos para que demos un paso atrás»

Esther Ferrer

 

Quería preguntarle por sus estudios de periodismo. ¿Aprendió usted algo que le sirviera luego para su labor artística?

[Risas] Buenos, la verdad es que nunca ejercí realmente el periodismo. Empecé a colaborar en medios como El País, o en Lápiz. Escribía sobre arte, sobre problemática social, feminismo, y en una revista médica llamada Jano sobre temas médicos para la mujer, problemática sanitaria, aborto, tratamientos específicos… Escribía sobre lo que quería. ¿Era interesante para mí? Pues adelante, si no, no hacía nada. Jamás escribí a lo que me pidieran.

¿Y las matemáticas, como se incorporaron en su trabajo?

«Me gusta reírme, y me gusta la ironía, aunque esa es más difícil, hay que ser más inteligente»

Yo no sé de matemáticas más de lo que aprendí en el bachiller. Si empecé a trabajar con los números primos, fue porque estaba buscando un sistema para eliminar en parte mi côté du subject. Una manera de escapar de eso es eliminar tu subjetividad y someterte a una norma, como hicieron tantos. Un día soñé que nadaba en un mar de números primos, y cuando desperté los números que tenía en mi cabeza eran 7, 11, 13, era una serie, empecé a pensar en los números infinitos, vino Pi, y empecé a indagar en la idea de infinito… Pero a un nivel completamente de divulgación, entiendo lo que entiendo y cojo lo que necesito lo que yo quiero hacer, leo revistas científicas de divulgación, pero no puedo ir más allá. Muchas veces no entiendo lo que hace mi marido, que hace música minimalista, no voy a ir más allá…

¿Qué papel ha jugado el humor, o el desenfado, en su trabajo?

He sido muy admiradora del absurdo, de Alfred Jarry, del cine mudo, de la Codorniz… Para mí es un elemento fundamental en mi vida. Cuando hablo, digo muchas tonterías, y en las performances igual, porque las performances son la vida. Me gusta mucho reírme, y me gusta la ironía, aunque esa es más difícil, hay que ser más inteligente.

¿Y por qué cree que todas las dictaduras, todos los radicales, odian el humor?

Porque es una descarga liberadora, y nadie desde el poder quiere en el fondo la libertad, ni los unos ni los otros. Quieren que haya unas normas, más o menos democráticas, pero el humor siempre transgrede.

¿Y el cuerpo, del que usted afirma que se trata de su herramienta de trabajo predilecta?

«En los 60 y en los 70, ‘Nuestro cuerpo nos pertenece’ era nuestro eslogan preferido»

Es mi útil de trabajo, es mi soporte, soy yo. Siempre digo que las performances que prefiero son aquellas en las que no necesito nada, solo mi cuerpo. Vengo sin nada, y me voy tal cual. Una acción cruda sin ningún elemento que distraiga a la gente, que no produzca connotaciones o relaciones… Hace falta que sea muy fuerte en sí misma, o que al menos yo la viva así. Si tengo que elegir, me quedo siempre con eso.

Usted niega que su cuerpo desnudo haya querido ser provocador. Pero no ignora que en los 60 muchos españoles cruzaban la frontera solo por contemplar un seno…

Cada uno va con sus fantasmas. En los 60 y en los 70, ‘Nuestro cuerpo nos pertenece’ era nuestro eslogan preferido. La historia del arte ha estado durante siglos llena de mujeres generalmente desnudas para vehicular los fantasmas, los miedos, el mal humor, todas las elucubraciones del machismo, apoyado en la religión, en la mitología, en la poesía, en lo que fuera. En mayo del 68, y en el posmayo, muchas mujeres decidimos que nuestro cuerpo iba a vehicular todo lo que quisiéramos, que normalmente era todo lo contrario que se había hecho, a través de pensamientos, fotos, acciones, poesía… No era una provocación, era una decisión muy consciente. ¿Cuándo estaba la Venus allí inspirando al señor, no era provocación?

Me gusta mucho su serie de Autorretratos en el tiempo, que parece ir contra la tendencia actual de ocultar el envejecimiento, de no asumir el paso del tiempo.

No te imaginas lo difícil que es, cada vez más, porque la cara se va transformando y yo no trabajo en digital, es todo revelado, de modo que hay que hacer infinidad de pruebas hasta que encaja bien. Descubrí que lo único que no cambia es la niña de los ojos, así que me sirve de guía. Pero vamos, yo asumo el envejecimiento porque no tengo más remedio, porque peor es no cumplir años. Si pudiera, no envejecería. Envejecer es una jodienda.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Esther Ferrer
 
 

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