Solteros, ellos (I)

 

Disfrutar de la vida es también una manera de calmar todos sus fantasmas y multiplicar las aventuras. El hombre debe estar saciado de mujeres antes del matrimonio para que no revolotee una vez casado. Cada vez más chicas jóvenes viven su sexualidad, para la felicidad de los hombres.

Aquellas que se niegan serán, en muchas ocasiones, engañadas con falsas declaraciones de amor o promesas de matrimonio. Si algunos solteros actúan de buena fe, una gran mayoría abusa de la confianza de las jóvenes. Los hombres se defienden: “En ocasiones he estado enamorado, he tenido relaciones sexuales con la chica, pero después, descubro que no somos compatibles. La chica no lo comprende y me llama mentiroso.”

“Si le dices te quiero, ella piensa que te ha conquistado. Si rompes con ella, te llama mentiroso”

Los solteros temen quedarse atrapados por las jóvenes que estarían obsesionadas con el matrimonio: “Si le coges cariño, se imagina que vas a casarte con ella.” Esta sería la razón por la que los hombres evitan hablar de amor: “Si le dices te quiero, ella piensa que te ha conquistado. Si rompes con ella, te llama mentiroso.” Pues claro, señores, ¡para nosotras amor rima con perennidad!

La calidad de vida de los hombres solteros contribuye al aumento de la edad para casarse: “¿Por qué casarme joven si tengo todo lo que me hace falta: un trabajo, diversión y tantas chicas como quiera?”

Para los hombres, el matrimonio es una traba, una prisión. Se dice de un soltero: “Hay que atarle los pies.” “Cortarle las alas.” La esposa no se percibe aquí como la compañera de una vida armoniosa, sino como un regulador. El soltero está disperso, indisciplinado, perdido en sus aventuras sexuales, dicen. La esposa lo sosiega. El matrimonio es el fin del desenfado, de la libertad.

El matrimonio es un proyecto similar a la creación de una empresa: “Hay que ahorrar durante muchos años. Las chicas son materialistas. ¡Y se quejan por no encontrar maridos!” Es cierto que los protocolos del matrimonio son pesados y que muchas jóvenes, por iniciativa propia o bajo la influencia de la familia, son exigentes y sueñan con una boda grandiosa, una casa equipada y amueblada, un coche… Lo que aterroriza a los hombres. Si ellos no satisfacen estas exigencias, pueden ser humillados por su familia política. Los hombres olvidan decir que sus propias madres los someten al dictamen de las apariencias y que, en muchas ocasiones, ceden para evitar ofenderlas. Una coacción que hace aumentar la edad para casarse.

Tienen la obsesión de controlar los cuerpos de sus hijas para entregarlos intactos a los maridos

¿Qué pasa con la soltería femenina? ¡El malestar! Los chicos continúan siendo educados de forma tradicional, sin prohibiciones sexuales, ni la histeria de las maledicencias, con la obligación de controlar a sus hermanas. La educación de las chicas se funda en la abstinencia sexual premarital. Los padres escolarizan a sus hijas, les permiten trabajar en pos de la autonomía financiera o para contribuir en el presupuesto familiar. Pero con la obsesión de controlar sus cuerpos para entregarlos intactos a los maridos.

No se trata de hacer apología de la sexualidad premarital o de condenarla, sino de analizar los daños en la educación de las jóvenes y su plenitud. El equilibrio de la relación hombre/mujer solo existe si se educa a ambos en la armonía y la complementariedad, teniendo en cuenta la evolución de las mentalidades y respetando el nuevo perfil de las mujeres.

La soltería de las mujeres se ve afectada por diferentes factores que resultan de las contradicciones que caracterizan a nuestra sociedad.

Las jóvenes se imponen, sobresalen en los estudios y en su profesión. Luchan por su libertad y el respeto de su dignidad. Pero sufren el hecho de ser evaluadas por su sexo.

El malestar se vive en la calle y en el espacio público en el que los hombres las acosan. Para ellos, una mujer en la calle es sinónimo de presa sexual. Un placer legítimo, el de andar por la calle, se convierte en un estrés: además de la histeria de que le roben el bolso, son acosadas por hombres y pandillas de adolescentes a los que no se les ha inculcado el respeto a la mujer. Sin coche, y por culpa de las insuficiencias de los transportes públicos, los desplazamientos son un calvario. ¿Coger el autobús? Tienen que vigilar sus espaldas por culpa de los robos y, sobre todo, por los frotamientos de los hombres.

[Continuará]

·

© Soumaya Naamane Guessous | Primero publicado en Famille Actuelle  ·  Dic 2010 | Traducción del francés:  Alejandro Yáñez

¿Te ha interesado esta columna?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación única Quiero ser socia



manos

Página anterior 1 2

 
 

Acerca del autor

Soumaya Naamane Guessous
Socióloga. Vive en Casablanca, donde trabaja en la Universidad Hassan II.
Doctorada en París, Naamane Guessous...

Etiquetas

,

Artículos relacionados

Solteros, ellos (I)
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario