«Los refugiados no son un negocio para Dáesh sino para Europa»

Hassan Blasim

 

¿Recuerda cómo era su cotidianidad de escritor bajo la dictadura de Sadam? ¿Había censura, persecución…?

En esa época era cuando empezaba a filmar. Hacía documentales sobre gente pobre, y tenía problemas de verdad cuando estaba estudiando en la universidad y la policía secreta venía y me invitaba a venir para interrogarme. Mis profesores estaban contentos con lo que hacía, yo recibí algunos premios en la universidad por mis filmes, pero la policía secreta y el partido Baath estaban muy enfadados, me decían que me quedase callado, que no debía filmar. Me preguntaban: ¿Por qué haces filme sobre gente pobre? ¿Tenemos a pobres en Iraq? Desde luego, en una dictadura no dices eso: todo debe ser perfecto, no tenemos pobres. Me asustaba mucho, algunos días estuve en prisión, tenía problemas… Bajo Sadam Husein era difícil hablar de lo que fuese. Si querías sobrevivir tenías que quedarte callado. Ningún artista o escritor podía criticar nada.

¿Recuerda si se podía hablar de sexo, religión, política…?

Nada, nada… No se podía. Son los clásicos tabúes en el mundo árabe. Bajo la dictadura, y ahora bajo las milicias. De sexo, religión y política no se podía hablar en tiempos de Sadam Husein, y hasta ahora, el tabú sigue siendo complicado. No se puede hablar libremente de sexo ni de religión, pero ahora se puede criticar un poquito a los políticos, ya no es un problema.

Después de leer su libro, Iraq se nos aparece hoy como un manicomio donde es difícil distinguir a los internos de los guardianes. ¿Quería transmitirlo así?

«Si preguntas a cualquier iraquí normal en la calle cómo es su país, te dirá que es un país loco»

Lo que es demente en nuestra vida. Claro, puedes decir que Iraq es un manicomio. No hay sociedad que pueda ver lo que ve la sociedad iraquí. Llevamos bajo violencia y guerra desde hace cien años. Desde antes de Sadam Husein. Desde cuando vinieron los británicos en 1920 para invadir Iraq, hasta ahora tenemos violencia y guerras. Tal vez tuvimos cinco años de paz en Iraq, o dos años. Toda esta violencia lleva a la gente a estar asustada, loca, insegura. Es algo demente, y si preguntas a cualquier iraquí normal en la calle cómo es su país, te dirá que es un país loco. No entienden por qué va de guerra en guerra, por qué nunca podemos hacer la paz en Iraq. Pero cuando se escribe es muy difícil utilizar este mundo. Escribo sobre lo que conozco, lo que siento, lo que me enfurece. No sé si quiero explicar Iraq. Simplemente escribo.

Las palabras suni y chií no aparecen en estos cuentos. ¿Es casual?

No sé. No quería usarlas de forma directa. Quizás en mi próximo libro… No tengo un plan. Pero cuando escribí ese libro en 2006, cuando empecé, teníamos una enorme guerra civil entre chiíes y suníes, y estábamos tristes con eso porque nunca habíamos pensado en eso en Iraq hasta después de que viniera América y la gente empezó a pensar en chiíes y suníes. En la literatura es, para mí, también extraño usar las palabras, porque luego empiezan a leer tu relato con una sensación diferente en Iraq, y no era eso, solo queríamos decir: es una mierda de guerra, esa guerra civil. Así que no usamos las palabras porque no necesitamos que el lector lo lea de una forma diferente, que un lector suní diga, ah, está escribiendo contra los suníes, y un chií diga…

Pero el conflicto sí forma parte ahora de las dinámicas de la sociedad.

«Cuando visitaba a mis amigos de adolescente, no pensaba en si eran suníes o chiíes: no lo sabía»

Hablamos de todos, porque vivimos en este siglo y debemos acabar con esa guerra civil entre chiíes y suníes, debemos hablar de la religión de otra forma. Por eso lo ignoré, pero eso no quiere decir que no escribiera sobre esta guerra. Fui bloguero durante mucho tiempo, y sí uso los términos de suníes y chiíes cuando escribo artículos políticos. Pero en la literatura no los uso. Veremos, quizás en el futuro, en la novela, los usaré.

¿De manera que el conflicto entre suníes y chiíes es una elaboración posterior a la guerra; antes no era relevante en la vida corriente?

Antes de la guerra de América en 2003 no era importante. Incluso ahora, cuando me encuentro con mis amigos, empiezo a recordar: ¿Es ese escritor suní o chií? Es que no lo sé hasta hoy. Nunca preguntábamos eso. A nadie le interesaba lo de chií o suní bajo Sadam Husein. Claro que sabíamos algo, aquella gente es suní… pero realmente no importaba. Quiero decir que nos mezclábamos. Yo vivía en Bagdad y en Kirkuk y algunos chiíes y suníes se casaban entre ellos. Cuando visitaba a mis amigos – ahora sé que era una familia suní – siendo adolescente, nunca pensaba en si eran suníes o chiíes: no lo sabía.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Hassan Blasim
 
 

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