Militares en batalla contra el uranio

 
El exmilitar italiano Antonio Attianese (Marzo 2017) | © Irene Savio

El exmilitar italiano Antonio Attianese (Marzo 2017) | © Irene Savio

Es tan sonriente el excabo Antonio Attianese, que cuando se entristece provoca vergüenza ajena. Tiene 38 años, dos hijos de cinco y seis, y mantiene una sonrisa ingrávida a pesar del insoportable dolor. Antes de participar en dos misiones militares en Afganistán en 2002 (denominada ISAF) y 2003 (Enduring Freedom), su historia era la del prototipo de soldado italiano nacido en el sur de Italia, que cambió una probable vida de inestabilidad económica por un puesto fijo. Ahora está azotado por las secuelas de 35 intervenciones quirúrgicas y casi cien hospitalizaciones. Le detectaron metástasis pulmonar, le extirparon la vejiga, el riñón derecho y parte del izquierdo. Por ello, de las entrañas de su cuerpo, sale un tubo delgado de plástico transparente, que le permite expeler la orina y que deberá llevar de por vida.

Además, Antonio también hace quimioterapia, lo que a cada rato le provoca vómitos, fiebres, mareos y una sensación de debilitamiento físico perenne. “Es el uranio empobrecido que respiró. De ahí le viene todo. Ahora tiene el 25% de posibilidades de seguir viviendo”, afirma María Attianese, su mujer, cuando los encontramos en Roma.

EE UU utilizó munición de uranio empobrecido contra Daesh en Siria en noviembre de 2015

En los últimos treinta años —desde que se tiene conocimiento de que ha sido usado con fines bélicos—, la controvertida historia del uranio empobrecido como arma de guerra continúa acumulando polémicas y silencios, desmentidos y contradicciones. La Agencia de Protección Medioambiental de EE UU lo ha considerado “un riesgo radioactivo para la salud”. El Laboratoire de Radiotoxicologie Experimentale de Marsella (Francia) ha llegado a sugerir que la exposición a esta sustancia puede alterar el ADN.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció —ya en 2001— que “el uranio empobrecido es un elemento potencialmente tóxico desde el punto de vista químico y radiológico, y sus órganos diana son fundamentalmente los riñones y los pulmones”. Agregó que “las partículas insolubles de uranio inhalado (…) tienden a quedar retenidas en el pulmón y pueden provocar radiolesiones en ese tejido, e incluso cáncer de pulmón”. La forma más habitual y que conlleva más riesgo de absorber el polvo tóxico que desprenden las municiones de uranio empobrecido (cuando impactan) es la inhalación.

Usado en Siria e Iraq

Así y todo, se sigue utilizando. La última vez (de la que se tiene constancia) ocurrió en 2015 en Siria, donde lo usó el Gobierno de EE UU. Lo admitió la propia Administración estadounidense, en concreto el mayor Josh Jacques, portavoz del Mando Central del país (CENTCOM), en una conversación con la revista Foreign Policy y Airwars. Según precisó Jacques, Estados Unidos disparó 5.265 balas de 30 milímetros fabricadas de uranio empobrecido los días 16 y 22 de noviembre de 2015. Los ataques, que provinieron de un avión de combate A-10 ‘antitanque’, destruyeron 350 vehículos, presuntamente de Daesh.

Organizaciones no gubernamentales como ICBUW y PAX buscan desde hace tiempo la aprobación de una legislación contra este armamento, que también obligue a los responsables a descontaminar las zonas donde han sido usadas. Algo que no ocurre hoy, pues no hay legislación internacional al respecto. Subrayan además que EE UU ha violado sus propias reglas, al negar primero —en 2015— que había usado estas armas contra Daesh, cuando luego admitió que era verdad.

Razón de peso

¿Por qué se usa el uranio empobrecido? Por su enorme peso, 1,67 veces superior al plomo, que lo convierte en un proyectil eficaz para perforar un blindaje. Además es barato, ya que es un subproducto del uranio enriquecido que se usa en las centrales nucleares. Y según muchos expertos es totalmente inofensivo o debería serlo, porque contiene solo un 0,3 por ciento del isotopo radiactivo U-235. No solo menos que el 3-4 % del uranio enriquecido usado en los reactores, sino también menos que el 0,7 por ciento presente en el uranio natural. La radiación que desprende es por ello mucho menor que la que sufren los mineros empleados en la extracción de este metal tóxico… y el riesgo de salud también debería ser menor, concluyen los expertos. Pero soldados y civiles residentes en áreas bombardeadas tienen una experiencia distinta.

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Acerca del autor

Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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