El metaselfie

 

Llegados a este punto, uno se pregunta si Younis ha falseado un poco: ¿realmente ha renunciado a preparar el viaje en condiciones para jugarse la búsqueda con más ganas a cara y cruz? ¿Quienes son esas personas que aparecen ahora de refilón y que parecen jugar cierto papel de ayuda, si hasta ahora, padre e hija parecían andar solos y algo perdidos por el mundo? ¿Podemos seguir creyendo en la ficción de que todo se graba con cámara oculta?

Porque esa es la pretensión del filme, o al menos así se ha vendido: que nadie sabe que está siendo filmado, salvo la propia directora. Maticemos: ella misma explica a su padre, pasados los primeros diez o quince minutos, que está filmándolo, y que será un proyecto cinematográfico. Hay momentos en los que el concepto de la cámara oculta parece más bien un pretexto para no tener que preocuparse de planos, conjunto, armonía: aquí todo vale. El selfie puede ser borroso, a nadie le importa, siempre es un selfie. Eso de encuadrar, de crear una imagen, es del siglo pasado. Hoy nos basta con pensar que vemos la realidad.

Si esta versión moderna de Antígona fuese la esencia del filme, habría que considerarlo fallido

¿Es la realidad? Arriba dije que el protagonista, Mokhtar Younis, viaja para reencontrar a un amor de juventud. ¿Juventud? 75 – 33 = 42. Es decir que cuando el profesor encandiló a aquella italiana, no era un joven enamoradizo sino un hombre de bastante (si bien cuestionable) madurez. Y tardío soltero, muy tardío para un país donde los hombres se casan como promedio a los 27 años. Algo no me encaja en esta historia.

Quizás no importe, dirán algunos: la historia que cuenta la cineasta es en grandes tramos la de una relación entra una hija y su padre. Dos personajes que se quieren tanto que piden la habitación del hotel con una sola cama, pero que son capaces en el próximo momento de gritarse, insultarse y amenazarse con hacer el resto del viaje solos. Me han dicho que los egipcios son así, teatrales. Pero si esta versión moderna de Antígona fuese la esencia del filme, habría que considerarlo fallido: la relación entre padre e hija al final de la película no es distinta de la que vemos al principio. No hay un desarrollo de personajes. Se quieren igual.

Ninguna guionista podría haber imaginado un final así. ¿O sí?

De manera que no tenemos más remedio que fijarnos en el desenlace de la búsqueda. El que
Kawthar Younis ha creado en la pantalla, y quién sabe si fuera de ella.

– Exteriores, día. Un parque con un punto desolado, al lado de las vías del tren. Aparcamientos. Alguna moto. Duración de la escena (tiempo real): cuatro minutos.

No me lo creo. Es tan terriblemente falso, tan impostado, rebosa de una actuación tan artificial que probablemente será la parte más real de toda la historia. Porque ninguna guionista podría haber imaginado un final así. ¿O sí?

Me quedan dos opciones: o bien a Kawthar Younis se le ha ido de la mano la realidad, y Patrizia se ha tomado una tardía venganza, o tenemos aquí un gran talento para crear cine de terror emocional. Convertir la realidad en una mala película es de genios. O de niños.

 

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Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
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