La nueva ficha de la OTAN

 

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Según los expertos se trata de dar ejemplo. “En los últimos años la OTAN ha sostenido una actitud y una política de mantener la ampliación. Públicamente casi siempre ha apoyado la entrada de Ucrania y Georgia, la llamada ampliación hacia el Este, pero en ambos casos la situación ha acabado en conflictos congelados con Rusia. En conversaciones privadas, los oficiales dicen que no se puede ampliar hacia el este en las fronteras rusas. De este modo, al aceptar a Montenegro están dando una señal de que la Alianza continúa extendiéndose aunque Rusia proteste”, dice Milosevich.

“La OTAN deja el mensaje de que la perspectiva euroatlántica es parte de la estabilización de la zona. Como la OTAN fue parte de los instrumentos de pacificación tras las guerras de los Balcanes, esto intenta mantener viva la idea de que esta región tiene un futuro y no va a ser tierra de nadie. Se trata de lanzar un mensaje: que los países que quieran ingresar en el ámbito euroatlántico aún tienen la puerta abierta”, dice Lasheras. El mensaje tiene especial eco en Bosnia, país candidato a la entrada en la OTAN desde 2007 y aspirante a la UE desde el año pasado.

“Para Rusia es una derrota política, porque busca crear un limbo estratégico en los Balcanes”

En su discurso durante la ceremonia de adhesión, el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, afirmó que Montenegro “se sienta a la mesa como un igual, con igual voz a la hora de dar forma a la Alianza, y con su independencia garantizada”, y subrayó “la profesionalidad, la valentía y la dedicación de sus hombres y mujeres en uniforme”. Esto no significa que las autoridades de Europa y EEUU no sean conscientes de las enormes carencias del país, similares a las de sus vecinos.

Minoría rusa

“Obviamente, la región está en una fase delicada, es inestable y hay problemas de déficit democrático, y sigue habiendo preguntas sobre las necesarias reformas democráticas, entre ellas el estado de derecho”, puntúa Lasheras. “Montenegro siempre ha estado muy apoyado por la OTAN y la Unión Europea. No porque sea un país con un desarrollo democrático ejemplar, ni mucho menos, sino porque es un escenario de rivalidad entre la OTAN y Rusia”, argumenta Milosevich. Cita el caso de un alto diplomático europeo que a finales de los años 90, al ser preguntado sobre la connivencia del Gobierno montenegrino en el floreciente contrabando de tabaco en la zona, se encogió de hombros y respondió: “Algo tienen que hacer para comer”.

La adhesión es un nuevo gol al Kremlin. “Para Rusia es una derrota política, porque busca crear un limbo estratégico en los Balcanes. Aunque ya hay algunos estados de la zona que son miembros en la UE y en la OTAN, como Croacia o Albania, Rusia había señalado que una de las líneas rojas era el ingreso de países como Montenegro, por no hablar de Serbia, aunque ahí no es una opción que se esté planteando”, señala Lasheras.

Los propietarios del 40% de la costa montenegrina son ciudades rusos

También están los lazos económicos, que un conflicto ruso-montenegrino podrían poner en peligro. Unos 7.000 rusos residen de forma permanente en Montenegro, una minoría significativa en un país de apenas 620.000 habitantes. Ciudadanos rusos son también propietarios de aproximadamente el 40% de la costa montenegrina, y los turistas de esta nacionalidad componen un tercio de los visitantes de la capital. En ese sentido, “Montenegro puede sufrir mucho más que Rusia, porque es un país muy pequeño, aunque no le falten aliados”, señala Milosevich. Cree que para Moscú las consideraciones económicas no juegan un papel fundamental en este enfrentamiento.

“Mientras que para la OTAN cubre un valor estratégico, para Rusia tiene importancia más simbólica que real. Rusia ha repetido, desde 2007 explícitamente, y antes implícitamente, que está en contra de la ampliación de la Alianza Atlántica, y por eso sigue protestando aunque Montenegro tenga apenas seiscientos mil habitantes. En la costa montenegrina hay muchos nuevos ricos rusos, pero Rusia puede prescindir de Montenegro”, opina Milosevich. “Sin embargo, Rusia tiene que presentarse ante su tradicional aliada Serbia como una potencia que sigue respaldando a sus socios en los Balcanes. Por eso, la aplicación de sanciones y las agresiones verbales son un poco un castigo ejemplar”, comenta.

Lasheras tampoco cree que la situación lleve visos de escalar. “Aunque es una derrota, Rusia se adaptará al nuevo escenario. Probablemente seguirá apoyando a grupos de la oposición, pero lo aceptará”, dice. Mientras tanto, una nueva ficha en el tablero balcánico ha cambiado de color, tal vez para siempre.

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Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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