Ciudades de desheredados

 

Algo similar ocurre en Marsella, la metrópoli del sur de Francia, que ya se conoce como “la pequeña Argelia”. Aquí viven más de 250.000 musulmanes, casi la mitad de la población total, pero también se encuentra la segunda comunidad judía de Francia, con más de 70.000 almas. El presidente del consistorio israelí de Marsella pidió en el aniversario del atentado contra el supermercado kosher en París que sus correligionarios no porten la kipá por precaución.

“No me parece bien, pero es para proteger a los niños, yo no me la voy a quitar y a ellos los taparé con una gorra porque otra cosa es darle la razón al agresor”, dice el dueño de una tienda judía, que prefiere mantener el anonimato. “Algo se ha roto desde los atentados, pese a que la mayoría de musulmanes no esté de acuerdo con este odio. Ahora, cuando llevo los niños al colegio o cuando voy sola, miro siempre a mis espaldas de forma casi obsesiva”, añade su mujer.

Marsella encabeza el mapa de homicidios en Francia, tras Córcega, y seguido de Niza

En la misma calle pueden verse un supermercado kosher, un colegio judío y una sinagoga. En la tienda se venden libros, que “compran muchos musulmanes”, y todo tipo de kipás, desde la negra clásica para los más religiosos y las que tienen grabado balones de fútbol y baloncesto, para los niños. “Todos los jóvenes tienen miedo y quieren irse a Israel a estudiar y quedarse allí, adonde ya se han marchado familias enteras”, dice la dueña. Hay barrios que nunca pisaría en la ciudad. “Al 13º y 14º nunca vamos”. Son distritos con un gran número de inmigrantes, en los que gobierna desde hace dos años el xenófobo Frente Nacional (FN).

El grafiti y el rap esculpen calle a calle la capital de la pobreza en Francia, con 4 de los 6 distritos más pobres del país, donde el 43% de sus habitantes vive por debajo del umbral de pobreza y en los que más de una de cada tres personas está en paro (la media nacional es poco más del 10%). “Queriendo hacer dinero, a mi hermano le da igual el resto, los balazos son el sonido del Consejo de Guerra, los chavales solo buscan la pasta, la vida de ensueño, jugar en el Barça, traficar y Western Union, milagros y destinos olvidados”, denuncia en la canción ‘Marsella’ a ritmo de hip hop la rapera local Keny Arkana. Con 3,8 homicidios por cada 100.000 personas al año, el departamento de Bouches du Rhône (la región de Marsella), encabeza el mapa del crimen de Francia, solo superada por Córcega, y seguido estrechamente por Alpes-Maritimes, el distrito de Niza, con una tasa de 3,6, calculada como media entre 2012 y 2015.

“Piensan que solo hay asesinatos, drogas y terrorismo, y eso solo favorece la exclusión”

Ocho distritos de Marsella, situados al norte de la ciudad, forman parte de las más de 750 ‘zonas urbanas sensibles’ de Francia. Allá donde no aconsejan ir al turista: barriadas de viviendas sociales, calles desiertas al mediodía, moles grises de hormigón y hasta campamentos donde viven familias de gitanos. Aquí se sitúa el barrio de La Castellane, cuna del héroe nacional del fútbol Zinedine Zidane, apenas conectado con el centro.

“Desde el siglo XIX todos los proyectos urbanos en esta ciudad han tratado de que la burguesía se estableciera en centro pero no lo ha conseguido, se han ido a pequeñas urbanizaciones de alrededor. En Marsella puedes ver barrios populares cerca del puerto, es una excepción francesa”, afirma Claire Carroué, doctoranda en Estudios Urbanos por la Universidad París-Nanterre.

“Con tanto paro, los jóvenes quieren irse de aquí. Aquí se siente todo el racismo y la islamofobia que vive Francia, especialmente después de los atentados”, apunta uno de los educadores de la calle que ayudan a los jóvenes a escapar de la violencia ofreciéndoles otro futuro más allá de la droga y la delincuencia. “Piensan que solo hay asesinatos, drogas y terrorismo, y eso solo favorece la exclusión. Yo soy tunecino y digo que este barrio es mucho más que todo eso”, asevera. La “pequeña Argelia” no ha sufrido ningún atentado como los de París, Niza o Toulouse, pero en las elecciones estuvo cerca, según la policía, que en abril detuvo a dos sospechosos.

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Acerca del autor

Javier Calero

@fj_calero

Periodista (Badajoz, 1990). Vive en Madrid.

Es redactor de información internacional y última...

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