Ciudades de desheredados

 

En 2014 este distrito eligió a un alcalde del Frente Nacional, Stephane Ravier, algo que parece contradictorio. “Hay mucho miedo, muchos los votan, alguno incluso aunque vaya en su contra”. La abstención en estos barrios alcanza el 50%. Según el diario ‘Libération’, quienes hicieron ganar a Ravier fueron “los racistas y los chibanis” (‘viejos’, nombre que se da a los inmigrantes magrebíes de primera generación).

También en París ha cundido el miedo. Incluso en La Défense, el centro financiero de la capital. Un grupo de militares fuertemente armados patrulla la calle, días antes de las elecciones presidenciales. “No exactamente. Hace dos años eran patrullas de tres, hace unos meses pasaron a cinco y ahora a siete”, asegura el banquero Jean-Pierre. A unos 15 kilómetros de distancia a noreste se halla la barriada Las 3.000, en el norte del suburbio parisino Aulnay-sous-Bois, una de las zonas que son motivo de tanta precaución.

Karim, argelino, teme que a sus hijos adolescentes les metan “ideas malas” en la cabeza

Esta barriada, levantada en 1969 para los obreros de Citroën, que “importó” a muchos trabajadores provenientes de África, se ha ido degradando con las décadas. Fue escenario de violentas protestas en 2005, que desembocaron en una oleada de coches quemados. Hubo nuevos enfrentamientos en los últimos meses, cuando la policía violó con una porra a un joven negro de 21 años llamado Théo. También es negro el joven que preside toda la fachada de un inmenso centro comercial: “Moussa Sissoko. Habitante de la Rosa de los Vientos de 1989 a 2001”, señala el cartel. Es una de las estrellas de la selección francesa de fútbol.

En Las 3.000, entre bloques de vivienda grises, unas señoras veladas eligen ropa de los puestos de un mercadillo lleno de percheros con túnicas de colores alegres. Varios hombres conversan sobre atentados y seguridad. “¿Más policías? No por favor, mira lo de Théo. Se pueden pedir los papeles de otra forma, no se puede llegar hasta ese punto”, dice Karim, un argelino con dos hijos adolescentes., que vive desde hace años en el barrio, pero no tiene la nacionalidad francesa. Teme que a sus hijos adolescentes les metan “ideas malas” en la cabeza. De este barrio procedía precisamente la mujer radicalizada que murió junto a los atacantes de Bataclan en la intervención policial en un piso refugio de Saint-Denis. “Hasna Aitboulahcen vivía por aquí, estaba loca. No podemos culpar a todo el mundo por lo que hizo esa tía”, agrega Karim.

“Los habitantes de los barrios populares sufren especialmente el estado de emergencia. Un amigo tenía hace unos días una entrevista de trabajo en el centro de París. Llegó tarde. ¿Por qué? ‘He tenido siete controles de policía’, me respondió”, cuenta Claire Carroué. “Hay delincuentes, sí, pero nosotros somos los primeros en sufrirlos”, dice Lamence Madzou, un antiguo integrante de una de las bandas juveniles de la periferia en los 80 y hoy mediador de jóvenes con problemas del Ayuntamiento de Aulnay.

“El racismo sutil de no aceptarte en un trabajo es mucho más dañino que el que te griten negro”

“¿Miedo a la ultraderecha? Sí, pero no solo al FN sino a la izquierda y derecha que sigue su agenda de golpear a los suburbios, a los inmigrantes, o franceses de origen distinto”, dice Mazdou. Aunque llegó a Francia desde el Congo con seis años, no tiene la nacionalidad y no puede votar. Sus hijos sí son franceses, situación muy común en la banlieue. “El racismo sutil de no aceptarte en un trabajo o que te digan que no vales para estudiar, que no está hecho para ti, es mucho más dañino que el que te griten negro. Mejoraría mucho si más jóvenes de la ‘banlieue’ llegaran a la ENA o Sciences Po (universidades de la élite política francesa)”, señala el mediador.

Quienes acaban dando clase en los institutos de los suburbios son a menudo jovenes españoles, que han encontrado trabajo en Francia tras una estancia de Erasmus. Más de una vez tienen que ejercer de psicólogos. “Recuerdo que uno de mis alumnos, de 15 años, vino a mi despacho para contarme que tomaba pastillas contra la angustia y dormía en el coche, harto de escuchar los maltratos de su padre a su madre”, afirma una profesora de 25 años. Desde 2005, el estigma territorial es cada vez más fuerte y los suburbios parecen ser una fábrica de terroristas, opina.

En este tiempo, recuerda Claire, los barrios no solo se han islamizado: “Nadie habla de las muchas iglesias evangélicas que se están instalando en los barrios populares de París. Nadie se pregunta por qué cada vez más se refugian en la religión”.

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Javier Calero

@fj_calero

Periodista (Badajoz, 1990). Vive en Madrid.

Es redactor de información internacional y última...

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