Judíos en la república islámica

 

Ciamak Morsadegh explica que hay más de cien sinagogas en Irán, cincuenta de ellas activas diariamente, además de cinco escuelas privadas, en las que se educa en el credo judío y se enseña su lengua sagrada, el hebreo. “A diferencia de las amenazadas sinagogas europeas o turcas, en las de Irán no vas a encontrar cámaras de seguridad, ni guardas, ni deberás pasar dos controles de seguridad para acceder”, asegura el médico.

La gran sinagoga de Teherán es un ortoedro de ladrillo solemne erigido en el distrito de clase media de Yusef Abad. Una verja barroca protege su cara norte. Llamamos al portero automático. Rahmatolá Shamsian, su anciano custodio, cuya coronilla resguarda una kipá, sale a recibirnos, nos abre el portón y nos sorprende: dentro hay un inmenso salón repleto de asientos, un altar, de madera finamente tallada, un retablo, compuesto con las mismas deliciosas cenefas cerámicas coloridas que las mezquitas iraníes.

“A diferencia de las amenazadas sinagogas europeas, en Irán no hacen falta dos controles de seguridad”

Es media tarde. Poco a poco, en sigilo, dando pasitos de hormiguita, hombres y mujeres van entrando en el templo y pululando por entre las butacas. “La comunidad es muy activa. Aquí se reza cada día, sin falta, mañana, tarde y noche”, enfatiza Shamsian, “y suelen acudir entre treinta y cuarenta personas a diario. Aunque los Shabat se llena hasta arriba”. “En la sinagoga caben unas 560 personas, 160 de ellas en la sección de mujeres”. Como en muchas mezquitas, esta sección se halla arriba, al fondo, en un rincón.

El venerable escolano se declara iraní, uno más: “Irán es nuestro país y no hay diferencia entre iraníes”. Consciente o inconscientemente, lo demuestra practicando con(tra) este periodista la ancestral tradición local del taarof, consistente en exhibir una hospitalidad desmesurada, incluso en los momentos inoportunos:

– ¿Te apetece un café o un té?
– Ehm….sí, té, gracias.
– Vaya. Pues deberás tomarlo tú solo porque estoy ayunando…

… y mientras saca los cacharros del cajón de la cocina, enciende la lumbre de gas, calienta un poco de agua, vierte el café en la pequeña cacerola y remueve la mezcla, aprovecha para relatar cómo la joven Esther salvó al pueblo judío de la catástrofe, cinco siglos antes de Cristo, al convencer al rey persa Asuero de no ejecutar a Mardoqueo y matar, en su lugar, a su visir y enemigo de los judíos, Amán. Y que, en agradecimiento, la comunidad judía ayuna en la víspera de la festividad del Purim:

– ¿Qué qué tal con los vecinos? Pues perfecto.

La mayor comunidad

Irán es el país islámico con la mayor comunidad de judíos. Aunque los representantes aseguran que hay unos 25.000 almas, otras estimaciones colocan la cifra en apenas unos 10.000, un diez por ciento de los aproximadamente 100.000 que hubo en 1948, momento de la creación de Israel. Aún así, la República está muy por delante de Marruecos, el segundo país oficialmente islámico con una histórica comunidad judía, en tiempos superior a la de Irán, con 280.000 almas, pero hoy reducida a apenas 3.000. Después viene Túnez, con 2.000… y el resto de los países árabes con apenas unas decenas o cientos de judíos. Egipto está viendo como la comunidad se extingue de forma irremediable. En la región destaca Turquía, república laica, que mantiene una comunidad sefardí vibrante con más de 15.000 almas.

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Lluís Miquel Hurtado

@llmhurtado

Periodista (Tarragona, 1986). Vive en Estambul, donde colabora con el diario El...

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