Yijab para pijas

 

Hay puntos en los que la parodia de Patrizia Finucci llega a doler, lo reconozco. Pero qué quieren: es así como la prensa europea refleja los “avances” del islam. Ni siquiera falta la publicidad entre párrafo y párrafo, como en la prensa de verdad: si las grandes marcas a las que recurren las cuatro amigas pijas regalasen a la autora un accesorio por cada mención, Patrizia Finucci podría poner una tienda.

Para dar mayor sensación de realismo, la novela – que sea novela lo pone en la contraportada del libro, y uno está tentado a volver a verificarlo, pero sí, la editorial lo encuadra en su colección de ‘Narrativa romántica’ – utiliza profusamente notas a pie de página para dar la fuente (normalmente prensa internacional) de todo lo que está relatando, como si de un ensayo se tratara. Parece hasta real.

Wanda se disfrazará con un burka  y Patty tomará nota de las reacciones de los transeúntes

Y como en la vida real, la reportera Patty evita cuidadosamente, a lo largo de 300 páginas, cruzarse con una sola mujer que le pueda contar la opresión que significa el velo, la segregación de sexos, la terrible presión sobre las adolescentes en las familias europeas reislamizadas, wahabizadas, el gueto. Aunque sabe que todo eso del velo es un fenómeno nuevo: las chicas a las que entrevista Patty, y que eligen voluntariamente el hiyab o el niqab son todas – lo dicen – hijas de mujeres que no llevan pañuelo.

No, en lugar de preguntar a una mujer que realmente está forzada o se ha forzado a llevar niqab, Patty tiene una mejor idea: Wanda se disfrazará con un burka -ese que trajo hace años el novio de Patty, que es reportero de verdad y ha ido a Afganistán – y ella tomará nota de las reacciones de los transeúntes. Incluido el momento cuando, tras su paño azul, pide un vermú en el bar. Espero que a Günter Wallraff no le estalle el diafragma de la risa cuando vea cómo se puede caricaturizar su método de trabajo para llevarlo hacia el absurdo.

El traductor ha intentado colaborar a su manera y ofrece una parodia de traducción

Es la traca final del libro. Y lo cerraríamos entre risas, si no fuera porque la obra tiene un fallo, y es que el traductor, o la traductora – su mayor acierto es ocultar púdicamente su identidad tras las siglas M. P. V. – ha intentado colaborar a su manera y ofrece un texto que es una parodia de traducción. Del “No me invitó a su matrimonio” (por boda), pasamos a los “inmigrantes bien insertados” en la sociedad, activamos la fantasía al leer que las mujeres europeas llevan “los perizomas al aire” pero acabamos claudicando ante la tarea de averiguar qué o quiénes pueden ser los gullahs (sic) que promulgan tantas normas islámicas.

Ya no sabemos si lo de escribir un par de veces yijab por hiyab es cosa de la traducción o un guiño de la autora a la ignorancia reinante. Pero cuando uno ve que con la frase “No hay una sin el pelo al descubierto” (pág. 203) se quiere decir que todas las mujeres presentes llevaban velo, ya se acaba el cachondeo. ¿Cuántas frases más puede haber en el libro que dicen lo contrario de lo que pretenden? ¿Quizás hayamos entendido todo mal? ¿Estamos seguros de que es una parodia? ¿Y qué si es la autora, y no el personaje, quien…? No, eso es imposible, pero ¿y qué si el lector no se da cuenta de la sátira y se toma el libro en serio?

Menos mal que en la última página, el novio de la periodista Patty, el verdadero reportero, el que ha viajado a países musulmanes, dice la única frase del libro que no es una caricatura, antes de apagar la luz: ¿De qué libertad estamos hablando, cuando ni siquiera puedes elegir no creer?

·

¿Te ha gustado esta reseña?

Puedes ayudarnos a seguir trabajando

Donación única Quiero ser socia



manos

Página anterior 1 2

 
 

Etiquetas

, , ,

Artículos relacionados

Acerca del autor

Ilya U. Topper

@ilyatopper

Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe.
Criado...

Yijab para pijas
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario