Criticando la creación

 

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Ella escribió un artículo que a Su Excelencia no le gustó. Así que él escribió un comentario en el que la acusó de ser una puta. Ella colgó un mensaje en Facebook diciendo que no estaba de acuerdo con su ideario. Ahí él se ensañó con su aspecto, que consideraba feo.

Ella participó en un coloquio en el que expresó unos puntos de vista con los que muchos no coincidieron. Ahí se formó un revuelo y fue un no parar, siempre alrededor de su situación social: que si era vieja y canosa, que si era fea, que se parecía al demonio, que parecía un mono. Y cada vez que publicaba un nuevo libro que no le agradaba a la mayoría, esa mayoría en realidad no lo leía, pero se ponía a juzgar la imagen que ya se habían hecho de ella de antemano, para acabar hablando una vez más de su divorcio, señal evidente de que había fracasado en la vida.

Insultaron a la autora porque a su juicio era una solterona. Y por lo tanto, una fracasada

Ella publicó una canción ligera que tal vez a unos les gustara y a otros no les agradara, pero este segundo grupo se sintió atacado. ¿Y qué hicieron? Empezaron a insultar a la autora porque a su juicio era una solterona. Y por lo tanto, una fracasada en la vida.

Podemos continuar con los ejemplos y nunca acabar. Pero la conclusión es siempre la misma: cuando una mujer expresa su punto de vista, y ese punto de vista no agrada a algunos, empieza la telenovela de castigarla como víbora con cuerpo de mujer. El problema es que en cuanto el asunto tiene que ver con una mujer, muchos si fijan en su aspecto y en sus circunstancias familiares: si es guapa o fea, si está casada, divorciada o soltera.

¿Por qué, cuando acusamos a una mujer activa en la sociedad de ser fea, o de no ser guapa, o de ser vieja o de estar divorciada, nos creemos mejores que ella? ¿Por qué insistimos en reducirla a un cuerpo y a su estado civil? Cuando, por ejemplo, no estamos de acuerdo con un escritor o un teólogo o un activista de derechos humanos ¿hablamos de su barbilla, de su edad, de su calva y su estado civil?

La imaginación colectiva de la mujer la reduce a su aspecto y a si es una recta esposa o madre

Esta realidad se traduce en una imaginación colectiva de la mujer que la reduce a su aspecto y a si es una recta esposa o madre, nada más. Incluso cuando crea un pensamiento no debatimos ese pensamiento sino su aspecto y su estado civil y su edad. Que la mujer y la idea sean dos cosas distintas no les entra en la cabeza a algunos.

Y dado que estos son en su mayoría defensores feroces de la religión y la devoción, vamos hacerles la siguiente pregunta: Cuando acusáis a una escritora, una investigadora o una activista de derechos humanos de ser fea y que se parezca a un mono… ¿estáis insultando la creación o al creador?

Es solo una pregunta inocente…

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en MC-Douliya· 11 Sep 2017 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

@SanaaElAji

Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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