Desesperar de la desesperanza

 

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Mi optimismo ante el futuro de Israel enerva a mucha gente. ¿Cómo se puede mantener el optimismo ante lo que sucede todos los días, la anexión de los territorios ocupados, los abusos a la población palestina, la implantación de los tóxicos asentamientos ?

Sin embargo, el optimismo es un estado de ánimo. No flaquea ante el mal. Al contrario, el mal hay que combatirlo. No se puede luchar sin tener fe en la victoria.

Tengo amigos que creen que ya hemos perdido. Que ya es imposible cambiar Israel “desde dentro”. Que la única forma de cambiarlo es mediante la presión externa.

Afortunadamente, creen, hay una fuerza externa capaz de llevar a cabo esa tarea por nosotros.
Esa fuerza recibe el nombre de BDS, Boicot, Desinversión, Sanciones.

Uno de estos amigos es Ruchama Marton.

Si hay alguien con derecho a criticar y a desesperarse es ella. Ruchama es psiquiatra y fundadora, y ahora presidenta honoraria, de la maravillosa ONG israelí Psysicians for Human Rights (Médicos por los Derechos Humanos).

Cada semana, un equipo de médicos acude a un pueblo palestino y procura atención médica a todos los que la necesiten. Incluso las autoridades israelíes los respetan y a menudo se pliegan a sus exigencias de permitir la hospitalización en Israel de pacientes que proceden de los territorios ocupados.

La semana pasada, en la celebración de su octogésimo cumpleaños, Ruchama me acusó de alimentar falsas esperanzas acerca de que el Israel de hoy entierre algún día el hacha de guerra y se retire de los territorios ocupados. Según ella, esa oportunidad se ha perdido. Ya solo queda apoyar al BDS.

El BDS es un movimiento de alcance mundial que propugna el boicot total de los productos israelíes. Pretende convencer a las corporaciones, y especialmente a las universidades, de que dejen de invertir en el país y apoya la imposición de todo tipo de sanciones a Israel.
En Israel odian al BDS como al demonio, si no más. Hace falta mucho valor para apoyar públicamente al movimiento. Pocos se atreven.

Le prometí a Ruchama una respuesta a su acusación. Aquí la tiene.

En primer lugar, desde un punto de vista moral, me opongo completamente a cualquier argumento que diga que no podemos hacer nada para salvar nuestro país y que no tenemos más remedio que confiar en los extranjeros para realizar una tarea que nos corresponde a nosotros.
Israel es nuestro país. Somos responsables de él. Yo mismo pertenezco a los pocos miles de personas que lucharon por él en el campo de batalla cuando nació. Ahora es nuestro deber luchar para que se convierta en el país que deseábamos.

En segundo lugar, no acepto la premisa de que la batalla está perdida. Las batallas no se pierden mientras queden personas dispuestas a pelear.

Creo en la paz. La paz es un acuerdo entre dos (o más) partes para vivir en paz. La paz israelo-palestina implica un acuerdo entre el Estado de Israel y el movimiento nacional palestino.

La paz entre Israel y Palestina presupone la existencia del Estado de Israel, codo con codo con el Estado de Palestina. No estoy en absoluto convencido de que ese sea el objetivo del movimiento BDS. Mucho de lo que hace y dice parece conducir a la conclusión de que lo que persigue es una paz sin Israel.

Creo que el BDS tiene el deber de aclarar meridianamente este punto . ¿Paz con Israel o paz sin Israel?

Hay quien piensa que una paz sin Israel es posible, incluso deseable. Muchos de ellos subscriben la llamada “Solución de un estado”, según la cual los israelíes y los palestinos vivirían felices siendo ciudadanos de un mismo estado en pie de igualdad.

Es un sueño muy bonito, pero desafortunadamente la historia nos muestra que es imposible. La Unión Soviética, Yugoslavia, Checoslovaquia, Indochina y otros países se han separado, mientras que Bélgica, Canadá, el Reino Unido y muchos otros corren serio riesgo de hacerlo. En este mismo momento, en Birmania se está llevando a cabo un genocidio bajo los auspicios de una Premio Nobel de la Paz.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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