El frágil refugio de los gays iraníes

 

Cualquier solicitante de asilo que llega a Turquía – salvo si es sirio – se debe registrar en una oficina del ACNUR, y este organismo, junto a la organización turca de Solicitantes de Asilo y Migrantes (ASAM), envía al refugiado a una localidad determinada. A Ramtin le tocó Yalova, una ciudad de 120.000 habitantes a una hora y cuarto en ferry desde Estambul, pero se acabó mudando. “No es un sitio seguro para un refugiado gay. Tuve una cita con un chico que terminó en una situación muy peligrosa. Estambul también es peligroso pero es mejor que otras ciudades” comenta. “Ahora voy cada dos semanas a Yalova a firmar con el ACNUR para mostrar que sigo allí”.

Sinan continúa en Denizli, a 10 horas en autobús de Estambul. “Si me mudo a otra ciudad podría perder el asilo que el ACNUR me ha concedido y podría ser deportado”, comenta el cineasta, que espera desde hace más de un año ser aceptado en Canadá.

“Se asigna a los refugiados ciudades pequeñas para facilitar la integración y la atención sanitaria”

“Se tiende a asignarles ciudades pequeñas para facilitar la integración y sobre todo para agilizar la atención sanitaria. En una ciudad grande tendrían que esperar más tiempo para ser atendidos”, explica Mohamad Saafin, quien gestiona campos de refugiados para el ACNUR en Turquía. “Si piden un cambio de ciudad también se considera, pero es un proceso muy largo”, agrega este experto.

Pero ni siquiera en las grandes ciudades, los refugiados gays se pueden sentir seguros. En Turquía no hay leyes contra la homosexualidad – es legal desde 1858 – y en Estambul y Ankara existe un vibrante ‘ambiente’, con varias organizaciones de activistas y una marcha pública anual, pero gran parte de la población muestra un profundo rechazo hacia los gays. En algunos barrios de Estambul, la mentalidad no es distinta a la de la Anatolia más conservadora.

Según un informe de Transgender Europe, Turquía tiene la tasa de asesinatos de transexuales más elevada de Europa. En agosto del año pasado fue asesinada en Estambul la activista y prostituta transexual Hande Kader, probablemente por un cliente. El mismo mes mataron al joven homosexual sirio Muhammad Wisam Sankari, días después de que denunciara a la policía que había sido perseguido y golpeado por su condición sexual. Otro caso es el de una prostituta transexual siria, asesinada en su hogar. Hay un sospechoso detenido por este crimen, pero nadie por el caso de Wisam.

“Si la policía me persigue, que sea en la calle, que sea un acto político”

No parece que la sociedad evolucione a mejor. La marcha del orgullo gay que se celebra en Estambul desde 2003, y que en 2014 alcanzó unos 15.000 participantes, ha sido prohibida en los últimos tres años por el Gobierno del AKP, el partido islamista en el poder. También la marcha ‘trans’ que en los últimos años se había celebrado en el mes de junio, siempre en un ambiente festivo y colorido, ha acabado en sus últimas ediciones bajo los cañones de agua de la policía y nubes de gas lacrimógeno.

Ramtin opina que el activismo LGBTI y feminista en Turquía es la única fuerza que se enfrenta a la deriva “autoritaria y conservadora” que está tomando el Gobierno. “Lo mostramos en la manifestación feminista del 8 de marzo, y en el ‘Orgullo’ del año pasado, aunque prohibieran la marcha. Somos los únicos que seguimos protestando en la calle”, comenta. “Esta deriva autoritaria provoca un aumento de la violencia y la impunidad contra nosotros”, cree el activista.

“Como refugiado aquí tengo muy pocos derechos para desarrollar mi vida. Y si la policía me persigue, que sea en la calle, que sea un acto político”, reivindica Ramtin. “¿Sabes por qué mujeres y gays seguimos en la calle? Porque no tenemos nada que perder. Es lo único que nos queda”.

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Acerca del autor

Lara Villalón

@vm_lara

Periodista (Barcelona, 1992). Vive en Estambul.
Tras graduarse en la Universidad Ramon Llull y...

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