La ciudad de las chispas

 

Kirkuk esta dividida en barrios de kurdos, de árabes suníes o chiíes, turcomanos, y cristianos asirios. Se cree que hoy en día los kurdos son mayoría en Kirkuk, pero nadie se atreve a hablar del censo de la población. No existe. Nadie conoce el peso demográfico de cada colectivo. Se trata de un asunto tan tabú como peligroso que podría transformarse de nuevo en un conflicto armado.

Precisamente, el hecho de querer “kurdizar” Kirkuk y convertir el referéndum en un proyecto separatista abanderado por Barzani ha inquietado a las minorías, en especial a los turcomanos, una minoría dispersa en Iraq y también Siria que habla turco y recibe un fuerte respaldo diplomático de Ankara. “No confiamos en el gobierno kurdo. Hasta ahora hemos sido marginados por unos y los otros. Prefiero ser parte de Iraq antes que del Kurdistán. Kirkuk nunca será kurda”, se planta Mustafa Yanguis, partidario del Frente Turcomano iraquí, que reclama Kirkuk y otras zonas disputadas del norte de Iraq.

El PUK estuvo a favor de cancelar el referéndum en Kirkuk por miedo a posibles enfrentamientos

La semana pasada, un joven recibió un disparo y otros tres resultaron heridos después de que un grupo de kurdos intentara poner una bandera kurda en las oficinas de una de las sedes del Frente Turcomano en Kirkuk. Este incidente despertó el fantasma de conflicto sectario que palpita en cada barrio de Kirkuk. La desconfianza al otro es lo habitual y por ello es tan fácil que pueda saltar la chispa del sectarismo. Por esto, también entre los kurdos de Kirkuk hay un sector grande que piensa que este no es el tiempo correcto para celebrar el referéndum tanto por la inseguridad como la crisis económica. Incluso el propio PUK estuvo a favor de cancelar el referéndum en la ciudad petrolera por miedo a posibles enfrentamientos entre las fuerzas peshmerga y las milicias chiíes conocidas como Hashd Shaabi (Unidades de Movilización Popular), apoyadas por Bagdad.

“Necesitamos la ayuda militar y económica de Estados Unidos para derrotar al Estado Islámico. Si Turquía e Irán cierran sus fronteras afectará gravemente a la economía del Kurdistán. Dependemos de las exportaciones para recuperarnos de la crisis”, señala Mohamed Habib, cofundador de la asociación Kokar, un grupo civil formado por voluntarios de las diferentes grupos religiosos y étnicos.

Durante el último año los funcionarios han estado cobrando la mitad del sueldo y los peshmerga llevan meses sin que nadie les pague. “Yo ganaba antes cerca de 800 dólares al mes, ahora no me pagan más de 400”, se queja Habib, que es también profesor en la Universidad de Kirkuk. Aunque dice no tener afiliación política piensa como el partido Gorran (Movimiento por el Cambio) que ha protagonizado la campaña del No en el referéndum.

“Apoyar el referéndum es como entregarle el Kurdistán a Barzani. Con esta consulta el gobierno pretende tapar la corrupción y la mala gestión de los últimos años”, denuncia por su parte Dana Askar Kabir, un ensayista y escritor kurdo.

“Apoyar el referéndum es como entregarle el Kurdistán a Barzani” denuncia un escritor

Askar Kabir puntualiza que no es que él esté en contra de la independencia del Kurdistán. “Tener una nación kurda es nuestro sueño desde 1920”, aboga el escritor en referencia al acuerdo de Sèvres, el primer acuerdo internacional en el que se reconoció la independencia del Kurdistán pero que llegó a aplicarse. “Esta es la tercera vez que se celebra un referéndum para decidir el futuro del Kurdistán. Me pregunto por qué va a funcionar ahora”, matiza Askar Kabir. El plebiscito de independencia no es vinculante por lo que si sale el Sí abrirá el camino a nuevas negociaciones para que antes de 2019 se decida el destino del Kurdistán iraquí.

“Hemos sacrificado más de 2000 mártires en la guerra con el Estado Islámico. Estados Unidos debería habernos apoyado en vez de abandonarnos”, denuncia Noa Salah Ahmad, peshmerga del PUK y jefe de Policía de una comisaría de Kirkuk. Como muchos kurdos de Kirkuk teme que la consulta para la independencia genere violencia y enfrentamientos entre los peshmerga y las milicias Hashd Shaabi, dominadas por chiíes.

“No entiendo porque ahora el ejército iraquí quiere liberar Hawija (a 60 kilómetros de Kirkuk). Creo que Bagdad está preparando algo y las Unidades atacarán Kirkuk después del referéndum. Pero nosotros la defenderemos. Estamos dispuestos a luchar lo que sea necesario”, advierte Muhamed Said, también peshmerga. En el horizonte se escuchan ya los tambores de guerra.

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Acerca del autor

Ethel Bonet

@Qarnabit

Periodista (Alicante, 1975). Vive en Beirut.
Ha estudiado Filología Árabe en Alicante...

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