El terrible problema

 

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Ze’ev Begin, hijo de Menachem Begin, es un ser humano muy agradable. Siempre cae bien. Se trata de la típica persona educada, amable y modesta que a uno le gustaría tener como amigo.

Por desgracia, sus ideas políticas no son tan agradables. Son incluso más extremistas que las acciones de su padre. Después de dejar el Irgun, su padre firmó la paz con Anwar el Sadat de Egipto. Ze’ev está más en la línea de Golda Me’ir, que ignoró las propuestas de paz de Sadat y nos condujo a la desastrosa guerra del Yom Kippur.

Begin hijo es un estricto seguidor del credo sionista “revisionista” de Vladimir Ze’ev Jabotinsky. Una de las características de este movimiento ha sido siempre la importancia concedida a los textos escritos y a las declaraciones. Al movimiento laborista de Ben Gurion las palabras y las declaraciones nunca le importaron un comino. Solo prestaba atención a los “hechos sobre el terreno”.

Begin prueba que los palestinos nunca jamás renunciarán al “derecho de retorno”

La semana pasada, Ze’ev publicó uno de sus escasos artículos (Haaretz, 10 de septiembre). Su objetivo era demostrar que la paz con los palestinos es imposible, una quimera de los sensibleros pacifistas israelíes. Por medio de citas de numerosos textos, discursos e incluso libros escolares palestinos, Begin prueba que los palestinos nunca jamás renunciarán al “derecho de retorno”.

Dado que tal retorno significaría el fin del Estado Judío, afirma Begin, la paz es una quimera. Por lo tanto, nunca habrá paz. Punto final.

Por su parte, otro sesudo pensador, Alexander Jakobson, abunda en el tema en otro importante artículo publicado por Haaretz (26 de septiembre). Está dirigido contra mí personalmente, y ya en el titular afirma que soy “Fiel a Israel pero no a la verdad”. Me acusa de tolerancia con el movimiento BDS, cuyo objetivo es acabar con el estado de Israel.

¿Cómo lo sabe? Es muy sencillo: el BDS apoya el “derecho de retorno” de los palestinos, lo cual, como todo el mundo sabe, implica la destrucción del Estado Judío.

Al boicotear todo Israel, el BDS empuja a los israelíes a los brazos de los colonos

La verdad es que me opongo al BDS por varios motivos. En 1997, Gush Shalom (Coalición por la Paz), el movimiento al que pertenezco, fue el primero en declarar el boicot a los asentamientos. Pretendíamos separar de ellos a los israelíes. Al boicotear todo Israel, el movimiento BDS (Boicot, Desinversión, Sanciones) produce el efecto contrario: empuja a los israelíes a los brazos de los colonos.

Aparte de eso, tampoco me gusta hacer llamamientos a que me boicoteen.

Sin embargo, entre todos los puntos de la plataforma por el BDS, el que menos me molesta es precisamente la exigencia de que el Estado de Israel reconozca el derecho de retorno de los palestinos. ¿Para qué molestarse por semejante ridiculez? El BDS no logrará obligar a Israel a hacerlo ni en mil años.

Empecemos arrojando un poco de luz sobre el asunto.

Cuando los británicos se retiraron de Palestina en 1948, entre el río Jordán y el mar Mediterráneo vivían alrededor de 1.200.000 árabes y unos 635.000 judíos. Después de la guerra que siguió a la retirada británica, unos 700.000 árabes habían huido o habían sido expulsados. Aquella guerra fue lo que más tarde se empezó a llamar una “limpieza étnica”.

¿Retornarían los refugiados palestinos -todos- si se les diera la oportunidad?

Quedaron muy pocos árabes en el territorio que los judíos conquistaron por las armas, pero conviene no olvidar que en el territorio que los árabes conquistaron por las armas no quedó un solo judío. Afortunadamente para nosotros, los árabes sólo consiguieron hacerse con pequeños trozos de tierra habitada por judíos como Gush Etzion, Jerusalén Este y demás, mientras que en cambio nuestro bando conquistó territorios amplios y habitados. Como soldado, lo vi todo con mis propios ojos desde la primera línea.

Desde entonces el número de refugiados árabes se ha incrementado de forma natural y hoy en día son unos seis millones. Cerca de un millón y medio de ellos vive en Cisjordania, un millón en la Franja de Gaza y el resto se encuentra disperso entre Jordania, el Líbano, Siria y el resto del mundo.

¿Retornarían si se les diera la oportunidad? Detengámonos un momento a considerar esta cuestión.

Hace ya muchos años viví una experiencia única.

Me encontraba en Nueva York, donde me habían invitado a dar una conferencia. Me sorprendió gratamente ver que en la primera fila se encontraba mi buen amigo el joven poeta palestino Rashid Hussein (1936-77), nacido en un pueblo cerca de Nazareth. Me invitó encarecidamente a su apartamento de Nueva Jersey.

Cuál no sería mi sorpresa al llegar a un pequeño apartamento lleno de todo tipo de refugiados palestinos, hombres, mujeres, ancianos y jóvenes. Mantuvimos una larga e intensamente emotiva conversación.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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