«Estoy hasta los cojones de tanta bandera»

Robe Iniesta

 

El disco se subtitula Canciones para el final de los tiempos. ¿No siente que sean estos mejores que los 80 en los que empezó?

Bueno, es verdad que los 80 y los 90 fueron difíciles. Ahora veo a la juventud más sana en algunos aspectos, pero muy perdida en otros. Por ejemplo, todo esto de internet, de lo virtual, es algo muy nuevo, no ha pasado ni una generación para tener perspectiva. Es como en los 80, no habíamos visto aún a yonquis hechos polvo, pero con el ejemplo que le dimos a los chavales tenemos hoy unos jóvenes más sanos. Pero en esa vida virtual se confunde lo real y lo irreal. Estoy un poco preocupado con eso, los veo demasiado empeñados en grabar los conciertos y subirlos, si no, es como si no lo hubieran vivido. O en tener muchos amigos que no conocen, ignorando las relaciones normales, cara a cara.

¿Es por eso que quiso prohibir los móviles en sus conciertos?

«En el aire libre tampoco me gustan los móviles, no sé por qué cojones la gente nos graba»

Es una batalla que tengo, pero bueno, tampoco quiero ser intransigente. Lo cierto es que hemos tocado en teatros, y ahí hay que respetar un poco más. No puedes estar metiendo luces por todas partes, haciendo ruido… La música ahí es más para escuchar. En el aire libre, qué quieres que te diga, tampoco me gustan los móviles, no sé por qué cojones la gente nos graba. Nosotros sacamos luego vídeos bien editados para que la gente tenga el recuerdo, así que me parece una estupidez eso de querer grabar una canción de cualquier manera.

¿Siente algún otro rechazo relacionado con las nuevas tecnologías?

Creo que la publicidad está haciendo ahora un daño que no ha hecho a otras generaciones. Hay cosas que parecen gratis y no lo son. Ves un anuncio en la tele con los payasos de Telefónica, que te muestran un concierto, todo el mundo con los brazos en alto, y te dicen: si te compras tal cosa, tú vas a ser el primero en colgarlo en la red. Y los chavales se dejan engañar, porque los conciertos no son así, son para disfrutar del presente, para llevártelo en los ojos y en la cabeza. Como si necesitaras que la gente lo vea y lo crea… No entiendo ese afán.

¿Cree que la publicidad de antes era menos manipuladora?

Era más clara, la de ahora es más subliminal. Y los chavales han crecido acostumbrados a ella. Yo le pregunté a uno si Facebook tenía publicidad, y se quedó pensativo, “creo que no”, me dijo. Se lo comen y no se dan cuenta, hay muchos sitios donde te comes la sopa que te han preparado. Y no puedes pensar que eres inmune frente a eso. Estas generaciones están abrasadas por la publicidad y por el mundo que se les muestra en la tele. Todo es consumo.

¿Se le ocurre alguna solución?

Yo creo que la libertad de expresión aquí debería estar coartada. Sí, como lo oyes, a mí me parece bien que cada cual diga lo que quiera, pero no puede ser que gente de todas las edades esté expuesta a la publicidad todo el día. Especialmente a una edad en que tu cabeza es más delicada. Eso es un pasote.

Hablando de libertades, algún compañero suyo se ha quejado de censura y de boicot por parte de ciertos ayuntamientos, incluso de persecución. ¿Usted ha sufrido alguna vez algo parecido?

«Siempre hay ayuntamientos que no te dejan tocar, o que te ponen mil zancadillas, que es peor»

Sí, claro. Siempre hay algún tonto que quiere darse publicidad a costa tuya, siempre nos ha pasado. Ayuntamientos que no te dejan tocar, o que te ponen mil zancadillas, que es peor. Y hay que saber que casi todos los sitios grandes son de los ayuntamientos. En Plasencia hubo un alcalde al que echaron del PP por facha, que no nos dejaba tocar ni a nosotros, ni a Dover, que cantan en inglés. ¡Y todo el mundo traduciendo las canciones de Dover, a ver qué coño decían! [risas] A mí todas las opiniones me parecen respetables, pero acuérdate que tenemos un gobierno que lo primero que hizo fue la Ley Mordaza. No puede ser que con los problemas que tenemos haya gente ocupada en un chiste sobre Carrero Blanco o qué. Son ganas de salir en la prensa, no lo entiendo. O de joder la marrana.

Renunció a una subvención de 42.000 euros del ayuntamiento de Plasencia para un concierto suyo. ¿Por qué lo hizo?

Cuando me enteré de esa cantidad, dije que no podía ser. No estoy en contra porque fuera mi pueblo, aunque algunos esperaban que lo hiciera por eso. Soy consciente de que en un pueblo pequeño a veces no puedes hacer cosas sin subvención, sobre todo si tienes un aforo reducido o quieres poner un precio barato en taquilla. Pero hay muchas maneras de verlo. Si tocas con una entrada cara, de 30 o 35 pavos, con un aforo suficiente para ganar dinero si lo llevas, entonces no entiendo que haya que dar esa cantidad. No es que se trate de un engaño, porque es muy difícil hacer las cuentas de un concierto antes de que pase. Y más en Extremadura, donde en las ciudades hay menos gente joven, las distancias son grandes entre un pueblo y otro…

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Robe Iniesta
 
 

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