Beso o muerte

 

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Él la besó… y la muchedumbre gritaba: ¡Oh horror! ¿Dónde queda el honor? ¿dónde la nobleza? ¿dónde la buena educación?

Ella le besó a él. Y ahí la tribu metió fuego a los dos jóvenes cuerpos para vengar el honor y poner freno a la ignominia.

Se abrazaron, y los hombres y las mujeres de la tribu gritaron que se levantarían contra el escándalo.

Se abrieron las mazmorras, se prepararon el juez y el verdugo. En la muchedumbre se azuzaron mutuamente contra los dos amantes, con todas las lenguas de violencia imaginables.

Cuando la mató, la muchedumbre se preguntaba: A ver ¿qué habrá hecho ella?

Pero cuando él la pegó, nadie le reprendió ni le amenazó. Y cuando la violó, ni uno de los presentes hizo el más mínimo movimiento de protesta. Y cuando la acosó en la calle, comentando su cuerpo, los transeúntes siguieron su camino como si aquello no estuviera sucediendo.

Y cuando la mató, la muchedumbre se preguntaba: A ver ¿qué habrá hecho ella? ¿Qué crímenes crees que ha cometido para que la rabia de este pobre tipo alcanzara tal nivel que llegase a matarla?

Desde hace varios días, en Túnez, y desde hace meses en Marruecos, y en todos los países reprimidos, cuando se besan dos personas que se aman, la sociedad tiembla y se sacude. Pero al mismo tiempo ni tiembla ni se rebela contra la corrupción ni contra los sobornos ni las violaciones.

Porque nuestra sociedad es guardiana de las virtudes.

Y las virtudes se socavan con un beso, pero no tiemblan al verse rodeadas por nuestro océano de corrupción.

El panorama de violencia alrededor de nosotros no nos molesta. Pero el amor nos golpea en forma de terror y ansiedad.

¿La guerra? Una noticia fugaz. ¿El terrorismo? Una conspiración americana-sionista-occidental para ensuciar la imagen del islam. ¿La violencia contra la mujer? No más que un rumor que pretende corromper la moral de nuestras mujeres hasta que se rebelen contra nuestros valores auténticos.

Contemplar el amor nos produce pánico. El beso nos horroriza. El sexo nos infunde temor

No nos molesta ni la guerra ni la violencia ni la destrucción ni el caos.. Pero contemplar el amor nos produce pánico. El beso nos horroriza. El sexo nos infunde temor. Nos metemos en el dormitorio de la gente y en su intimidad. Pero les otorgamos el derecho a contaminar nuestros espacios y a amonestar a nuestras mujeres y nuestros niños.

Los degollamos cuando se aman y los encarcelamos cuando se desean.

Pero legitimamos que cometan violencia, autorizamos el acoso sexual y permitimos la corrupción.

Nos asusta el cuerpo de las mujeres y no nos dan miedo las armas blancas en manos de los ladrones y de quienes viven en la calle.

Encarcelamos a los amantes y damos libertad a los ladrones y corruptos.

Encarcelamos a quienes aman en nombre del amor. Y otorgamos libertad a quien violenta a su esposa y a quien viola a su vecina.

¿No es enferma una sociedad que teme al sexo y nos encarcela a causa de un beso?

Al final os será mejor que os detengan en flagrante delito de violencia. Siempre os será más leve que si os detienen en flagrante delito de amor.

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© Sanaa El Aji | Primero publicado en MC-Douliya· 16 Oct 2017 | Traducción del árabe: Ilya U. Topper

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Acerca del autor

Sanaa El Aji

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Socióloga (Casablanca, 1977). Empieza a trabajar como periodista en el semanario ...

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