Empezar de cero

 

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Un día el Partido Laborista israelí sintió que necesitaba un nuevo líder.

Esto sucede aproximadamente cada dos años. El partido está en baja forma. Parece más un cadáver político que un organismo vivo. Se busca nuevo líder, carismático, enérgico, entusiasta.
Ahora han encontrado a Avi Gabbay.

¿Por qué precisamente él? Nadie lo sabe a ciencia cierta.

Avi Gabbay carece de cualidades aparentes de liderazgo político. No tiene carisma. No tiene energía. No tiene entusiasmo ni capacidad de inspirarlo.

Gabbay cuenta con una ventaja: es mizrají; sus padres son emigrantes marroquíes

Después de trabajar para el gobierno en la gestión de la industria de la telefonía móvil, pasó a ser director de la mayor compañía del sector, donde tuvo mucho éxito. Entonces se metió en política, se afilió a un partido de derechas moderado y lo nombraron ministro de Medio Ambiente. Cuando el ultraderechista Avigdor Lieberman se convirtió en ministro de Defensa, Gabbay dimitió del cargo, abandonó el partido y se unió a los laboristas. Todo esto sucedió hace solo un año.

Sin embargo, Gabbay cuenta con una significativa ventaja: es mizrají, es decir, pertenece a la comunidad de judíos procedentes de Oriente Medio o el Magreb. Sus padres son emigrantes marroquíes, es el séptimo de ocho hermanos. Dado que siempre se ha considerado que el Partido Laborista es una agrupación elitista, occidental, asquenazí, los atributos pasivos de Gabbay son importantes. Hasta cierto punto.

Gabbay no perdió un minuto en presentar sus credenciales políticas.

Lo primero que hizo fue pronunciar un discurso en el que afirmaba que no participaría en ningún gobierno en coalición con la llamada “Lista Conjunta”.

La Lista Conjunta es el grupo unido (o desunido) de la comunidad árabe de Israel. Lo integran tres partidos “árabes” muy diferentes entre sí, el Partido Comunista, mayoritariamente árabe pero que incluye algún judío (uno de ellos miembro del Parlamento), el Partido Balad, laico y nacionalista, y por último el religioso Partido Islámico.

No puede haber un gobierno de izquierdas sin el apoyo de los diputados árabes de la Knesset

¿Cómo es posible que agrupaciones tan diversas se hayan asociado en una lista conjunta? El arquitecto de semejante logro no es otro que Avigdor Lieberman, ese gran enemigo de los árabes del que hablábamos más arriba, que, aprovechando que los tres partidos eran pequeños, decidió deshacerse de ellos subiendo la barrera electoral. Sin embargo, antes que morir solos, los tres partidos optaron por sobrevivir juntos. La Lista Conjunta representa a la gran mayoría de los ciudadanos palestinos de Israel, que constituyen más del 20% de su población. Por extraño que parezca, uno de cada cinco israelíes es árabe.

Matemáticamente, no puede haber un gobierno de izquierdas sin el apoyo de los diputados árabes de la Knesset. Yitzhak Rabin no habría sido primer ministro y los Acuerdos de Oslo nunca habrían existido sin el apoyo “exterior” del bloque árabe.

¿Por qué, pues, no pasaron a formar parte del gobierno de Rabin? Porque ambas partes temían perder votos. Muchos judíos no conciben un gobierno en el que haya árabes, y muchos árabes no conciben que sus representantes compartan “responsabilidad colectiva” con un gobierno que se dedica sobre todo a luchar contra los árabes.

Esto no ha cambiado. Es muy improbable que los árabes se unan a un gobierno de Gabbay incluso si se les invitara, y más improbable aún que reciban tal invitación.

¿Para qué sirven, entonces, tales declaraciones? Gabbay no es tonto. Ni mucho menos. Cree que haga lo que haga, tiene a los árabes en el bote. Jamás se unirán a un gobierno del Likud. Por lo tanto, lo que pretende con sus declaraciones abiertamente antiárabes es atraerse el voto de la derecha.

Yitzhak Herzog, su predecesor, lamentaba públicamente en cierta ocasión que tanta gente pensara que el Partido Laborista estuviera compuesto de “amiguitos de los árabes”. Horrible.

Si alguien aún esperaba que esto no fuera más que una anomalía excepcional, Gabbay ya se ha ocupado de sacarlo de su engaño. Aquello era solo el primer golpe.

Lo que Dios prometió a los judíos fue toda la tierra entre el Éufrates y el Río de Egipto

Gabbay se ha quejado de no contar con “socios para la paz”. Este es el eslogan más peligroso de los populistas. “No tener socio” implica que esforzarse para conseguir la paz no sirve de nada. Nunca la habrá. Jamás.

También ha dicho que Dios prometió a los judíos toda la tierra comprendida entre el mar Mediterráneo y el río Jordán. Eso no es correcto pues lo que Dios prometió a los judíos fue toda la tierra entre el Éufrates y el Río de Egipto. Dios nunca cumplió esta promesa.

La semana pasada Gabbay dijo que en cualquier acuerdo de paz futuro con los palestinos no se evacuará ni un solo asentamiento judío en Cisjordania.

Hasta ahora, entre los activistas por la paz israelíes y palestinos siempre había existido un acuerdo tácito en virtud del cual la paz estaría basada en un intercambio limitado de territorio. Los grupos de asentamientos construidos cerca del límite de la zona verde, los llamados “bloques de asentamientos”, permanecerían en Israel, que a cambio cedería una parte equivalente de su territorio a los palestinos, en la Franja de Gaza, por ejemplo. Quedarían así unas docenas de asentamientos “aislados” en Cisjordania, habitados en su mayoría por ultraderechistas fanáticos a los que habría que evacuar por la fuerza.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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1 comentario

  1. Luciano Tanto dice:

    bien informado (protagonista), a menudo arbitrario, siempre honesto. solo faltaría que fuera ecuánime.

 
 

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