«El virus del nacionalismo ha despertado en España»

Slavenka Drakulić

 
Slavenka Drakulic | © Cropix / slavenkadrakulic.com

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Barcelona | Octubre 2017

Los paralelismos históricos están repletos de trampas, así que Slavanka Drakulić (Rijeka, Croatia, 1949) prefiere abordar el problema de Cataluña reflexionando sobre lo que ya ocurrió y tan bien conoce: la volatilidad incontrolable que genera una inflamación nacionalista. La vivió en su propia carne al ser acusada, en 1992, de falta de patriotismo por parte del establishment croata.

Periodista, novelista y ensayista, Drakulić es una de las voces más independientes y traducidas de los Balcanes, aunque ahora vive en Suecia. Ha escrito los mejores libros y artículos sobre la descomposición de la antigua Yugoslavia, títulos como Café Europa: la vida después del comunismo o No matarían ni una mosca (traducido al español), amén de varias otras colecciones de ensayos. Es, además, autora de seis novelas de las que dos han sido traducidas al castellano: Piel de mármol y El sabor de un hombre. Colabora con The New York Times, The Guardian y Süddeutsche Zeitung.

El interés de esta entrevista, es evidente, tiene que ver con la crisis desatada en Cataluña. Cada vez tenemos más banderas en los balcones en toda España y las expresiones de odio se multiplican, por ejemplo en las redes sociales.

«La gente necesita estar dispuesta a matar y morir por sus objetivos. Esto tarda un tiempo en suceder»

Mi experiencia dice que el principal obstáculo a una guerra es el psicológico. No puedes salir y empezar a matar a tus vecinos, españoles o catalanes, porque serías considerado un loco. Necesitas una justificación para empezar a matar, necesitas ser convencido de que estás haciendo lo correcto, de que estás defendiéndote de un enemigo diabólico que quiere hacerte daño. El virus del nacionalismo ha despertado en tu país, pero todavía necesitas construir una justificación psicológica para llegar a un conflicto real, persuadir y contaminar a la gente para justificar la violencia. La gente necesita estar dispuesta a matar y morir por sus objetivos. Esto, afortunadamente, tarda un tiempo en suceder. De manera que hay que tener esperanza en que aún estamos a tiempo de explorar posibilidades que eviten un conflicto fatal en España.

Hablemos de lo que pasó en su país. En 1984, Yugoslavia era uno de los lugares de Europa Oriental donde mejor se estaba, con un nivel de vida muy parecido al de España entonces. Sarajevo alojaba unos Juegos Olímpicos de Invierno. Nadie podía imaginarse lo que acabó ocurriendo tras una crisis económica y una inflamación nacionalista alimentada desde el poder.

«Lo primero es definir quién es el enemigo, y resulta más fácil cuando hay un conflicto histórico»

Nadie lo vio venir, nadie pensaba que podría ser posible algo así. Y no ocurrió tan rápido. Los conflictos y las guerras generalmente no se desatan de la noche a la mañana, aunque desde fuera lo parezca. En la antigua Yugoslavia se tardó al menos cinco años en que cuajase la propaganda nacionalista y la homogeneización de la población, la división entre “nosotros” y “ellos” que preparó los conflictos sangrientos después. Recuerda que todo empezó cuando Slobodan Milosevic llegó al poder en Serbia y lanzó el ‘apartheid’ en Kosovo, en los ochenta. En cierta manera, el despertar del nacionalismo croata fue una respuesta al despertar del nacionalismo serbio, especialmente cuando la minoría serbia proclamó la autonomía en Croacia. Una vez que se consumó eso, Milosevic, con el Ejército Yugoslavo del Pueblo, sintió que estaba legitimado para atacar.

¿Cuales fueron las primeras señales preocupantes?

Los medios de comunicación fueron cruciales en el proceso de crear un enemigo. Mis colegas periodistas, escritores, intelectuales, académicos… participaron con voluntad en la propaganda nacionalista, algunos porque eran creyentes auténticos y otros por puro oportunismo. Tenemos que ser conscientes de que la historia se repite: lo primero es definir quién es el enemigo. Ese es el objetivo principal de la propaganda nacionalista y resulta mucho más fácil cuando hay un conflicto histórico, cuando se puede recurrir a un agravio pasado. En Yugoslavia serbios y croatas tenían muy presente la Segunda Guerra Mundial. Con la ayuda de los elementos históricos, se van alimentando mitos y medias verdades. Y al final se consigue una mezcla emocional explosiva.

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Acerca del autor

Ángel Villarino
Periodista (Guadalajara, 1980). Vive en Pekín y es corresponsal del diario mexicano La Reforma.
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