«El término islamofobia es un argumento mordaza»

Günter Wallraff

 
Günter Wallraff (Estambul, Oct 2017) | © Ilya U. Topper / M'Sur

Günter Wallraff (Estambul, Oct 2017) | © Ilya U. Topper / M’Sur

Estambul | Octubre 2017 | Con Ilya U. Topper

Desprende humildad. Mira continuamente hacia abajo, medita respuestas, hace garabatos… pero cuando responde lo hace con gran pasión. El rostro ya anciano de Günter Wallraff (Burscheid, 1942) probablemente el periodista más famoso de Alemania, muestra marcas, pero su mirada sigue siendo brillante, y cada cierto tiempo esboza una sonrisa pícara de niño que acaba de robar una golosina.

Wallraff ha venido a Estambul para encontrarse con familiares y compañeros de periodistas y activistas turcos que llevan años en el punto de mira de los tribunales. Como Ahmet Şık, un reportero encarcelado en Silivri, o Eren Keskin, abogada de derechos humanos en libertad provisional. Los poderes cada vez más amplios del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, reducen el espacio de libertad cada vez más, opina el periodista. Promete volver a finales de octubre para el proceso contra el diario Cumhuriyet. Pero esta vez ha llegado sin avisar a la prensa y celebra su 75 cumpleaños con una dorada a la plancha y una copa de vino blanco en un modesto restaurante de pescado a orillas del Cuerno de Oro, rodeado del griterío de las gaviotas.

Dicen que siempre busca maneras diferentes de celebrar sus cumpleaños.

«En mi casa había una fiesta organizada para mi 75 cumpleaños, pero me escapé»

En las fechas más señaladas, sí. Al cumplir cincuenta, me fui con unas familias vietnamitas que habían sobrevivido al pogromo de Rostock en Alemania. No les conté que era mi cumpleaños, pero organicé una especie de fiesta para ellos. Cuando hice 60, me llegó el pago de un seguro de vida que no me hacía falta, y me fui a Afganistán a fundar un colegio para niñas. Para el septuagésimoquinto no tenía nada pensado, porque jamás me habría imaginado llegar a viejo. En mi casa había una fiesta organizada por mi editorial, pero me escapé. Quería darle algún tipo de sentido a todo esto.

Y pensó en Turquía.

Hay un premio que lleva mi nombre, el Günter Wallraff del periodismo crítico y de crítica periodística, que se otorga cada año, y este año fue para Ahmet Şık. Şık es para mí un modelo, porque sabe a lo que se arriesga cuando hace periodismo, sabe que puede ir a la cárcel y lo asume. Pero este viaje se lo debo también a la comunidad turca de Alemania. Para ellos sigo siendo una persona importante; me siguen abranzando por la calle cuando me ven porque yo fui quien mostró [en el libro Cabeza de turco (1985)] las humillaciones a las que se veían sometidos. Muchos de ellos aprendieron alemán gracias a ese libro, muy difundido en la comunidad turca.

¿Y su deber ahora con ellos?

Lo que quiero es mostrarles qué pasa con este hombre [Erdogan], al que algunos turcos de Alemania consideran su líder, su Mesías, pero que está metiendo en la cárcel a mis colegas. Tengo que mostrarles lo que está pasando aquí para que se pongan a pensar, a reflexionar. También organizo colectas para los colegas que están aquí presos. Son modelos para mí. Junto a personas como Fabrizio Gatti, que cuando era estudiante se fijaba en mis reportajes, y ahora sus reportajes son de tal maestría que son un modelo para mi: acompaña a refugiados por el desierto, arriesgando su vida. En México, Lydia Cacho investiga el tráfico de mujeres. En Francia, Florence Aubenard aplica mi método para investigar las condiciones laborales y luego también fue secuestrada en Iraq…

¿Por dónde va Turquía?

 «Algún día habría que darle a Erdogan un premio de fomento de la literatura política»

Me temo que está evolucionando hacia un régimen islamofascista, aunque afortunadamente hay una gran parte de la sociedad que se resiste a esto. Pero el encarcelamiento de tantos periodistas y defensores de derechos humanos es preocupante y se puede comparar con una toma de rehenes. Por otra parte, esto ha hecho que ahora estemos mucho más atentos a los libros de muchos autores comprometidos con las libertades: el Gobierno turco los está promocionando de forma involuntaria con su persecución. Algún día habría que darle a Erdogan un premio de fomento de la literatura política.

Usted se disfrazó de turco en Alemania para mostrar los abusos en los ochenta. ¿De qué se disfrazaría hoy en Turquía?

Prefiero no decir nada de momento, porque si no… no me dejan volver a entrar (ríe). Voy a contar algo que tendría sentido hacer, pero que no voy a hacer. Por ejemplo, sería parte de una minoría cristiana en algún lugar de Turquía donde las iglesias se caen a cachos pero nadie las restaura; sería un kurdo que defiende la cultura kurda pero que no tenga nada que ver con el PKK… aunque eso no es algo fácil. Querría vivir el día a día de una minoría sexual y, aunque soy casi antialcohólico, solo casi, me iría a determinadas zonas a pedir un vaso de vino para ver si aún puedo disfrutar de ese derecho. O me iría a alguna zona donde aún hay armenios para ver cómo viven. O sería judío practicante.

En resumen, una lista de colectivos con menos derechos.

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Acerca del autor

Andrés Mourenza

@Andresmourenza

Periodista (La Coruña, 1984). Corresponsal de El País en Turquía.
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