«El islamismo ha transformado Tánger»

Antonio Lozano

 

¿En qué se fundaba esa prohibición?

Otra vez hay que acudir a la mentalidad colonial, que convierte a los que estaban antes que tú en ciudadanos de segunda clase, incluso recogiendo ese estatus en las leyes que se generan. Los indígenas tenían derechos reducidos. Uno de los dogmas recogidos en la ley era que estaban obligados a determinados trabajos sin cobrar, una forma de esclavitud descarada. No olvidemos que en el Congo, por ejemplo, murieron más de 10.000 indígenas en la construcción del ferrocarril. Y en Argelia, más allá de los años 50, todavía se veían cosas así. Era una situación de desprecio y de dominio, muy arraigada en las mentalidades.

Su novela, ¿fue un modo de tomar distancia de todo aquello?

«Muchos españoles que se fueron dicen ahora: “¿Tánger? Está llena de moros”»

Por supuesto, necesitaba escribirla como quien salda una cuenta pendiente. Cuando eres pequeño y vives en ese ambiente, todo te parece normal, pero luego te haces preguntas. La relación colonial perduraba en el trato, españoles y europeos habían ido tratando a los marroquíes con un poco más de tacto, sí, pero la mentalidad era idéntica. Yo quería escribir una novela que retratara cómo eran esas relaciones entre europeos y marroquíes. Hablar del Tánger real, y no como esas historias en las que los pobladores marroquíes son un elemento exótico, de adorno. Que contaran cómo era el trato diario entre unos y otros, y cómo lo veían las distintas generaciones.

¿Queda algo de aquella esplendorosa Tánger internacional, eterno objeto de nostalgia?

La ciudad se ha transformado mucho pero, ¿cuál no lo ha hecho en medio siglo? Aún más, sin el estatuto internacional, que le daba unas características determinadas. Y porque había una gran cantidad de gente de países distintos, que siguieron viviendo en Tánger y se fue yendo poco a poco. Por otro lado, la ciudad era profundamente odiada por el rey Hassan II, como todo el norte de Marruecos, que la sumió en el abandono. Su hijo Mohamed VI ha dado un impulso importante a toda la zona. Otra cosa es cómo percibimos los cambios, eso es ya subjetivo.

¿Cuál es su percepción subjetiva?

 «Las chicas marroquíes antes iban a la playa en bikini, no llevaban velo»

Yo tengo siempre la necesidad de ir, y cuando voy la encuentro cambiada y a la vez encuentro en muchas cosas la misma ciudad en la que me crié. Otros muchos españoles que se fueron dicen ahora: “¿Tánger? Está llena de moros”, como si cuando vivían aquí no los vieran. Otros dicen que para qué volver, si no van a encontrar las calles de su infancia. Ese periodo de cosmopolitismo, que yo no diría de esplendor, porque el esplendor lo era solo para los europeos, mientras los marroquíes eran los criados, los que tenían los peores trabajos…

¿Y el balance?

El cambio que me resulta más importante y más negativo, más que la salida de los extranjeros, es la llegada el islamismo. Eso ha transformado Tánger y el país entero. Las chicas marroquíes se vestían como querían, iban a la playa en bikini, no llevaban velo. Ahora no. La mayoría lleva pañuelo ahora. Tiene que ver con el contexto internacional del islam radical, una etapa más de la Historia del mundo. Pero Marruecos no siempre fue así.

Por no hablar de lo radical que se ha vuelto el ambiente, por ejemplo, en ramadán…

«Los islamistas se han introducido en los barrios, tomando un papel de protección social»

Bueno, el ramadán siempre ha sido muy estricto en Tánger, aunque nunca tanto como en países como Emiratos o Arabia Saudí. Era obligatorio, y si no la hacías tenías que ocultarte, disimular. Antes existían los fanáticos, pero eran una minoría que ha ido ganando terreno. Es algo que tiene mucho que ver con el deterioro de la situación económica de las clases populares, con la falta de expectativas. Los islamistas se han introducido en estos barrios, tomando el papel de protección social, canalizando el sentimiento de rabia e impotencia con la situación de Israel y Palestina… Una parte importante de la población ha mirado hacia esa religión que promete una vida mejor en el Paraíso. El discurso ha colado, y eso es lo que más ha transformado a Tánger.

En su primera novela, Harraga, un joven tangerino sueña con una vida mejor en Granada. ¿Fue la primera experiencia en transformar en novela sus preocupaciones?

Esa preocupación me impulsó a escribir. Tenía ganas de hacerlo desde hacía tiempo, pero nunca me lanzaba. Fue la necesidad de explicar, de hablar, de compartir lo que sentía sobre la emigración, lo que me acabó animando. Estamos recibiendo mensajes de miedo, que nos hablan de emigrantes terroristas, ladrones, que vienen a quitarnos el trabajo, pero nadie se hace preguntas sobre el otro. La literatura me permite rescatar de esa masa a un individuo y darle la palabra. En el caso de Harraga, además del viaje real, lo que me interesaba era el viaje interior de ese individuo.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Antonio Lozano
 
 

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