«El islamismo ha transformado Tánger»

Antonio Lozano

 

En otra de sus obras sobre el mismo tema, Me llamo Suleimán, los personajes quieren alcanzar la orilla europea pero no para quedarse, sino para hacer dinero y poder volver a su país. ¿Eso los convierte en excepcionales?

Es muy habitual. Saben que en Europa pueden estar una temporada, obtener dinero y con él volver a Marruecos o a su lugar de origen, tal vez puedan incluso comprar una casa, y desde luego estar al lado de su familia. Para un emigrante, vivir en Europa no es fácil ni agradable, nunca terminan de mirarle con buenos ojos. Te para la policía a diario, te sientes siempre acechado, es muy difícil la vida. La mayoría lo que quiere es volver. El emigrante aquí tiene los peores sueldos, no tiene contrato, ni seguro… En otras ocasiones, tampoco pueden volver porque no tienen trabajo en su país de origen. Pero si las condiciones de su país fueran mejores, la idea del regreso estaría presenta siempre.

¿Qué quería decir en Me llamo Suleimán que se hubiera quedado en el tintero en Harraga?

«Se habla del salto de la valla, y parece que ahí empieza todo. Olvidamos el viaje anterior»

Me di cuenta de que había dejado atrás un tema importante, el viaje físico hasta Europa. Se habla siempre de Melilla, de Ceuta, del salto de la valla, y parece que ahí empieza todo. Olvidamos el viaje que hay que realizar, un viaje en el que han muerto miles de personas cruzando el desierto, nada menos, miles bloqueados también en países de en medio, en una situación de desprotección absoluta. Mujeres que caen en redes de prostitución, hombres vendidos como esclavos. Hay una cantidad de sufrimiento, de drama, que va más allá de lo que le ocurre al que llega. Todo eso hay que conocerlo, ese sufrimiento merece algo más que el silencio.

¿Cómo llegó a toda esa información? ¿Tuvo posibilidad de hacer trabajo de campo, pudo hablar con inmigrantes en Canarias?

El tema me interesó siempre, había leído sobre el tema, recuerdo la novela de Mahi Binebine La patera, que me impresionó mucho. El hecho de haber nacido en Marruecos y viajado a África me dio también un conocimiento de esa realidad que me ha sido útil para mis novelas. Tuve ocasión también de hablar con gente que hizo el viaje, incluso alumnos míos de Marruecos y de Malí, que habían hecho el viaje, cuando trabajé en el instituto de Agüimes como profesor de francés. Esos chicos se pueden pasar años yendo a clases de inglés, de física, de matemáticas, sin enterarse de nada. Les preguntaba y siempre la respuesta era que aquí el gobierno les daba casas, coches y móviles a todos. ¿De dónde habían sacado eso? Eran cosas que no podían inventarse con 12 o 13 años, lo habían oído en la casa, en su entorno. Y eso estaba muy extendido. Eso me ayudó a conocer mejor cuál era nuestra percepción de la emigración y tener la certeza de que había que hablar de ello, desde los medios y también desde la literatura.

El caso Sankara fue su primera mirada sobre el África negra, en concreto sobre Burkina Faso. ¿Conocía bien el país?

«Una nota de cuatro líneas resumía cuatro años de una aventura política extraordinaria»

Burkina Faso fue mi primer viaje al África Negra. Yo no había oído hablar de Sankara en mi vida, pero allí me alojé en casa de un chico y en una de las habitaciones tenía la foto enmarcada de un militar. Pregunté por él y me habló de Thomas Sankara, asesinado hacía unos años por su mejor amigo. Me contó cómo había transformado su país y me llamó la atención, así que durante el resto del viaje le pregunté por él a todo aquel que me encontraba. La gente en África siempre está dispuesta a hablar, y todo el mundo me hablaba de Sankara con entusiasmo, y cada vez me enteraba de más detalles. Al regresar, comprobé que casi no había información sobre esta figura en España.

¿Ni en los archivos?

Me fui a la hemeroteca, y lo único que encontré fue una pequeña nota de cuatro o cinco líneas, donde se decía que en un país africano un capitán del ejército había matado a otro y había tomado el poder. En eso resumía cuatro años de una aventura política extraordinaria. En francés sí pude encontrar mucho más material, y me enamoré cada vez más del personaje, de cómo había transformado el país, acabado con la corrupción, dado los mismos derechos a la mujer y al hombre, prohibido la ablación e incorporado a mujeres a todos los altos cargos, impulsó una reforma agraria y bajó el nivel de analfabetismo, subió el número de las escuelas, apostó por la sanidad, el medio ambiente… Y sin embargo, nadie sabía nada de él en Europa. Quise aportar mi pequeño grano de arena y escribir una novela sobre Sankara.

Página anterior 1 2 3 4 5Página siguiente

 
 

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Antonio Lozano
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario