«El islamismo ha transformado Tánger»

Antonio Lozano

 

¿Fueron los europeos los que truncaron aquel sueño?

Por supuesto, los servicios secretos franceses lo mandaron asesinar con la complicidad de Costa de Marfil y posiblemente de la CIA, porque hay muchas lagunas. No ha habido todavía una investigación judicial sobre la muerte de Sankara. Ahora que han echado del poder a Blaise Campoaré, la está empezando a haber, tras estar 27 años en el poder siendo un gran aliado de Francia, en los que devolvió a la miseria el país. El problema de Sankara fue precisamente desobedecer a Francia y no seguir las recetas del FMI y la Banca Mundial, además de tener un discurso panafricanista que era muy incómodo; tuvo varios rifirrafes en público con Mitterrand, y fue mucho más de lo que pudieron soportar los franceses.

Con Las cenizas de Bagdad dio otro salto respecto a su territorio narrativo habitual. ¿Llegó a visitar la capital iraquí alguna vez?

«Canarias es un lugar idóneo para muchas mafias, por atraer a tantísimo turismo»

No, lo que pasa es que el protagonista de esa novela es un personaje real, Waleed Saleh, un iraquí que vive en España, profesor de Estudios Árabes de la Universidad Autónoma de Madrid, gran especialista en Oriente Medio, y somos amigos desde hace mucho. En una ocasión aquí, en Agüimes, cenábamos y le dije: “Tanto tiempo que nos conocemos, y nunca me has contado cómo llegaste a España”. Y me contó cómo viví allí, su militancia en el Partido Comunista, cómo fue detenido y torturado, cómo llegó a Marruecos, cómo entró ilegalmente en España y hubo de partir de cero aquí, porque no hablaba una palabra en español… Toda su vida había sido una lucha contra los obstáculos de múltiples gobiernos, y él los iba superando uno a uno, con sufrimiento pero también con una fe ciega en su capacidad de superación. Era una oportunidad para hablar del ser humano que se enfrenta a situaciones difíciles con su dignidad, sus principios y su libertad. Y hablar también de la situación de Iraq. Retratar la vida de Waleed me exigió pasar muchas horas de conversación con él, tomar notas, y aprender más de la situación de aquel país y del trasfondo de la guerra.

Preludio para una muerte, La sombra del minotauro y Donde mueren los ríos están ambientadas en Canarias, pero muy diferentes de las islas de postal que se nos suele vender, pues hablan de corrupción y de otros asuntos turbios. ¿Quería contrapesar esa imagen idílica?

Sobre todo Preludio para una muerte y La sombra del minotauro, que están protagonizadas por un detective de Las Palmas, José García Gago, que vuelve en mi última novela, El viaje de los malditos, que todavía no está publicada. La primera habla del mundo rural, cómo se vive allí, las relaciones sociales, religiosas, políticas, culturales… En La sombra del minotauro se habla de Canarias como lugar idóneo para muchas mafias, por atraer a tantísimo turismo. En esa obra hablo de mafias dedicadas a la explotación sexual de mujeres.

¿Por qué hemos dejado de oír de llegada masiva de cayucos a Canarias? ¿Todo llega a Italia?

«En la sociedad canaria y española domina es el desconocimiento, el miedo y el rechazo al otro»

Es verdad que ahora hay menos, pero no quiere decir que no lleguen. La tensión mediática se ha focalizado en lo que ocurre con los refugiados y en las vallas de Ceuta y Melilla. A Canarias siguen llegando cayucos y pateras, aunque encontrar trabajo ahora no es tan fácil. La mayoría, sin embargo, no tienen la idea de quedarse aquí, sino de seguir para Europa. Hay periodistas que abordan el asunto de manera más acorde con la realidad: Pepe Naranjo, Nicolás Castellanos. Pero el discurso mayoritario sigue siendo el del miedo, que va aparejado a un discurso político muy peligroso. Las consecuencias tienen mucho que ver con el auge de los partidos racistas y de extrema derecha en Europa.

El hecho de ser puerto receptor, ¿ha hecho de los canarios un grupo más sensibilizado a estos problemas, o más expuesto a esos radicalismos?

Me encantaría decir que ha hecho que la población canaria está más sensibilizada, y hay una parte muy activa que trabaja con inmigrantes, pero sigue siendo una minoría. En la sociedad canaria y española, lo que domina es el desconocimiento de la realidad, el miedo, y el rechazo al otro. No creo por desgracia que haya una voluntad abierta y generalizada de aceptar el hecho migratorio, lo cual es especialmente triste en un lugar como este, que ha vivido muchísima emigración. Fueron miles y miles de canarios los que hasta en los años 50 tuvieron que irse en cayucos, muchos murieron y hoy los consideramos héroes porque salvaron del hambre a los que se quedaron. La memoria histórica también en esto nos falla, habría que trabajar para recuperarla.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Antonio Lozano
 
 

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