«El islamismo ha transformado Tánger»

Antonio Lozano

 

¿Cree que si Marruecos sigue desarrollándose como hasta ahora, habrá europeos que acaben haciendo el viaje inverso y emigrando allá?

Están ocurriendo ya, muchas empresas españolas se han instalado en Marruecos, muchísimas, y hay cuadros intermedios que se van a trabajar con ellas. Que haya mayor cantidad de trabajo en Marruecos permitirá a algunos emigrantes marroquíes volver. Pero en este momento, españoles trabajadores yéndose para allá lo veo difícil, por el desconocimiento del idioma y de la cultura, y un nivel de salarios muy inferior al que existe en España. Marruecos se está desarrollando, pero sigue habiendo mucho paro y los sueldos son a menudo de miseria.

Revisando la trayectoria del festival de Agüimes, veo que escasean las compañías marroquíes. Estando tan cerca en la geografía y en su experiencia, ¿no es fácil encontrar compañías?

«El teatro marroquí debería estar más presente en el festival. Me hago responsable»

Es verdad que han venido bastantes menos de Marruecos que del África negra. Marruecos lo hemos trabajado más a través de la literatura, el cine… En el tema del teatro africano encontramos el problema de la lengua, y en África negra hay más obras cercanas a la danza y la expresión corporal, con su contenido social detrás. Alguna vez trajimos alguna obra en francés que hemos subtitulado, en portugués también… Pero tienes razón, el teatro marroquí debería estar más presente en el festival. Me hago responsable.

La traducción, ¿ha sido una actividad complementaria a su faena de escritor?

Sí, hace tiempo que no traduzco, la traducción te quita mucho tiempo y prefiero dedicarlo a la escritura, aunque en algún momento me lo han ofrecido. Pero he traducido a algunos autores africanos, de Argelia, de Malí… Traducir te ocupa más que escribir un libro [risas].

Usted, que conoce bien el norte de Marruecos, ¿se sorprende de lo que está ocurriendo estos últimos meses en el Rif?

«El rey pudo capear su propia primavera árabe, pero en el Rif la cosa se ha puesto difícil»

Lo veo con mucha preocupación. Esperaba que esa etapa de dejadez del Rif, de injusticia, sobre todo en la zona de Alhucemas, iba a pasar a la historia con la muerte de Hassan II. Alhucemas ha sufrido muchísimo, cuando Hassan II era todavía príncipe pero tenía poder en la policía, reprimió la revuelta del Rif con carta libre para hacer lo que quisieran: pillaje, violaciones… Arrasaron con la ciudad. En el año 83, cuando yo vivía en Nador, hubo una nueva revuelta, recuerdo las piedras que entraban por la ventana, intentaron entrar en la escuela española… Hubo muchos muertos, detenidos, torturas. Y Hassan II, en discurso televisado, le dijo a los habitantes del Rif: “No me hagan hacer como rey lo que ya tuve que hacer como príncipe”. Con el cambio de rey empezaron las visitas, las inversiones, pero parece que Alhucemas ha quedado al margen de esto. Parece que este estallido no es una broma pasajera. La muerte de este chico, este joven pescador me recuerda la reacción ante el vendedor que se inmoló, desata lo que el pueblo lleva dentro, esa situación de hastío e impotencia. Eso se ha trasladado al resto de Marruecos, y todavía no ha terminado.

¿Cómo acabará?

Sabiendo que el rey ha intentado mantenerse al margen de la responsabilidad, supongo que hará una de esas jugadas hábiles que suele hacer, hará concesiones para que se calmen los ánimos. Pero no dejará de ser un parche. Cuando la cosa estalla de esa manera, es porque hay un mal de fondo muy importante. Está desvelándose un problema general en Marruecos, hay decenas de miles de jóvenes sin expectativas de futuro, y eso es una bomba de relojería. El rey pudo capear hábilmente su propia primavera árabe, pero aquí la cosa se ha puesto difícil. No sé por dónde puede salir.

Viviendo allí, ¿sintió que los rifeños fueran muy distintos a los tangerinos, más orgullosos, o es un tópico?

No diría orgullosos, son gente con una seña de identidad propia, y al mismo tiempo han sido sometidos históricamente a un abandono, un desprecio y una represión por parte del poder central. En Nador la gente no hablaba árabe, sino rifeño, bereber, y alguna gente ni conocía el árabe. Ahora, tras el cambio constitucional, se ha reconocido el azamigh como lengua oficial, que estaba prohibida. No diría orgullosos, sino un pueblo con identidad que reclama que se les trate como a las demás regiones de Marruecos. Si no llega a ser por el hachís de Ketama, no sé de qué estarían viviendo, porque han estado abandonados.

¿Cumplió literariamente con Marruecos, o le queda algo por decir desde la novela?

No creo que vuelva pronto, de lo que me interesaba hablar, de la emigración, en ese tema ya lo he dicho todo, así como de las relaciones entre españoles y europeos y marroquíes. Al final igual surge algún tema, pero en principio no es un lugar al que tenga pensado volver literariamente. Físicamente sí: tengo ya un mono de Tánger tremendo…

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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