«Perder el humor hubiese sido como morir»

Catherine Meurisse

 
Catherine Meurisse | © Dargaud / Rita Scaglia

Catherine Meurisse | © Dargaud / Rita Scaglia


Sevilla | Octubre 2017

A veces un fallo puede salvar una vida. Es lo que le sucedió a Catherine Meurisse (Niort, 1980) la fatídica mañana del 7 de enero de 2015, cuando el despertador de su mesita de noche no quiso sonar, de modo que no pudo llegar a tiempo a la reunión que tenía en Charlie Hebdo, el semanario satírico en el que trabajaba desde hacía casi 15 años. A esa hora, dos individuos enmascarados y fuertemente armados, los hermanos Saïd y Chérif Kouachi, irrumpieron en la redacción y abrieron fuego contra todos los trabajadores que encontraron a su paso. Fallecieron, entre otros, los dibujantes Cabu, Charb, Tignous, Wolinski y Honoré, todos ellos verdaderas leyendas del oficio.

El modo de Catherine Maurisse de superar el horrible trauma que supuso aquella masacre fue dibujar. El resultado de aquella dura e intensiva terapia lleva por título La levedad, y ha visto la luz en España gracias al sello Impedimenta. La artista visitó recientemente Sevilla para presentarlo y hablar de su experiencia, aunque resulta evidente que le cuesta todavía abordar los hechos de aquella jornada fatídica.

«Entré en Charlie Hebdo muy joven, sin diploma; vinieron a buscarme a la salida del colegio»

“No siempre quise dibujar tebeos”, recuerda. “Cuando empecé no sabía muy bien qué hacer, estudié Literatura y Arte y luego hice un poco de todo: mi primer oficio fue en prensa, dibujé tebeos, ilustré libros para jóvenes… Entré en Charlie Hebdo muy joven, sin terminar mis estudios, vinieron ellos a buscarme a la salida del colegio [risas], y luego empecé con los cómics. Ambas actividades, prensa y cómic, se nutrieron y enriquecieron mutuamente. En el cómic intenté introducir lo que faltaba, usé todo lo que me habían enseñado en mis estudios, asociando siempre dibujo y literatura”.

Buena prueba de ello fue una obra anterior de Meurisse, también publicada por Impedimenta, titulada La Comedia Literaria. “Mis cómics siempre surgen de algo personal. Y nacen de una falta, de una carencia. En La Comedia me ocupaba de la literatura, en La levedad de la ausencia de mis amigos. Para sentirme cómoda trabajando necesito que surjan de ahí, de esos vacíos. Si no, no van. Pero eso no significa que quiera hablar siempre de mí. Solo en La levedad lo hago plenamente”.

No obstante, la salida a la luz de La levedad estuvo llena de dudas para la artista: “Tenía mucho miedo de hacer un libro ombliguista. Un libro que solo hablara de mí y fuera incomprensible. Porque yo había ido a vivir a otro planeta. Afortunadamente, mi editora me animó. Y estuve muy emocionada por la acogida en Francia. Vi que me habían entendido y que pude compartir esa experiencia. Que no estoy sola y que nos podemos encontrar en esa búsqueda de la belleza”.

«Creía que Proust me ayudaría a reencontrar la memoria que había perdido, pero no funcionó»

“Creía que la literatura me ayudaría de inmediato”, añade Meurisse. “Proust es, más que mi escritor favorito, mi auxiliar de vida, me acompaña desde hace mucho, y creía que Proust me ayudaría a ponerme de pie otra vez, de reencontrar la memoria que había perdido en ese momento. Lamentablemente no funcionó. Constaté asustada que mi imaginario estaba roto. N podía hacer otra cosa que dibujar. La literatura no me pudo ayudar de inmediato, eran las artes visuales, la pintura, las esculturas, los paisajes naturales, el arte que busqué en Roma los que me han ayudado. Eso es algo bastante proustiano, al fin y al cabo, y así me reencuentro con Proust a través de mi libro”.

A la hora de evocar cómo empezó el proyecto de La levedad, Meurisse siempre empieza recordando algo así como un fundido en negro tras el crimen de sus compañeros. “No había estrategia. Tras el 7 de enero, perdí la memoria provisional, pero yo no lo sabía. Sentí miedo, mucho miedo. Perdí mis facultades intelectuales, me costaba leer, reflexionar, ni siquiera sabía si volvería a dibujar. Cuando volví a intentarlo lo hice con pánico, ignoraba el resultado. Solo llevaba 70 páginas cuando me encontré con mi editor, le mostré el trabajo y me dijo: ‘Haremos un libro con esto’. Es un proyecto impresionista, recoge emociones sin una estructura aparente, aunque al final apareció el sentido de todo”.

Antes de saber que el libro vería la luz, sin embargo, la dibujante buscaba un efecto terapéutico. “Ha sido una balsa a la que agarrarme para no hundirme, y poder resurgir. De hecho, al final aparece la balsa de Géricault, que siempre ha tenido una especial significación en Charlie Hebdo. Yo me sentía también como un náufrago”, evoca, y añade a renglón seguido: “No sé si soy optimista, realmente. Lo que deseo es que el lector lo sea. He intentado reconocer a través del libro la alegría de vivir, la capacidad de reír”.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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