«Perder el humor hubiese sido como morir»

Catherine Meurisse

 

Pero, ¿cómo alcanza uno a reír y a hacer reír ante tamaña tragedia? Meurisse también se lo preguntó: “El humor está muy presente, no quería perderlo tras el atentado. Perderlo hubiese sido como morir. Y era también el modo de rendir homenaje a mis amigos, de serles fiel. No quería llevar al lector al pathos. 2015 fue un año terrible para mí, claro, pero no quería hablar de sufrimiento durante 130 páginas, sino compartir con mis lectores el remedio, la forma de salir adelante”.

Claro que en el camino encontró algunos obstáculos. Uno de ellos, como consigna el libro, fue la persecución sin cuartel a la que la sometieron los periodistas. “Lo que ocurrió el 7 de enero fue tremendo, sobre todo media hora después de la masacre. Buscaban supervivientes por todas partes, el teléfono no paraba de sonar, fue muy violento, una locura. Después huí de los medios porque aquello era para mí un drama íntimo, no un acontecimiento nacional o internacional. La representé buscando fragmentos de mí misma como si fueran setas, un trozo de mi memoria por aquí, un poco de mi imaginación allá. Y de pronto irrumpen los periodistas. Hubo mucha torpeza y falta de delicadeza en este gremio al principio, pero debo reconocer que cuando salió el libro se portaron muy bien”.

«Recupero los reflejos de Charlie Hebdo, la capacidad de detectar lo grotesco de la realidad»

También llama la atención la irrupción de cuestiones íntimas en el relato. Por ejemplo, el modo en que un fracaso sentimental se mezcla con el tremendo impacto de los atentados, pero sigue conservando su espacio. “Quería hablar de la trivialidad. Sí, lo cotidiano sigue existiendo en esas circunstancias, y lo represento. Cuento cómo en la manifestación del 11-E, entro en una tienda y de pronto recupero esos reflejos de Charlie Hebdo, la capacidad de detectar lo grotesco de la realidad. Menos mal, eso me salvó de la locura. La belleza también está en lo cotidiano, forma parte de mi vida. Se ve muy bien en La Comedia y en otras obras mías aún sin traducir, donde cojo a Balzac, a Proust y a otros grandes escritores, los bajo del pedestal y los meto en mi vida… y en las vuestras”, explica.

Sin embargo, el proceso de creación de La levedad no fue fácil ni uniforme. De hecho, hubo un parón de cuatro meses a mitad de faena en el que Meurisse tuvo que replantear el rumbo de la narración. “La primera parte salió bastante rápidamente, en París, en verano de 2015. Lo primero era recomponer mis fragmentos emocionales. Pero para la segunda parte tuve que irme a Italia, tenía la necesidad de buscar la belleza. Escribí a la Villa Medici para que me acogieran, y así pude pasar de noviembre a diciembre en Roma, hasta que ocurrió lo del Bataclan. En Roma despega el libro y mi personaje, y empiezo a ver la luz al final del túnel”.

«En Roma me paseé con un cuaderno en el bolsillo y un libro de Stendhal»

“En Roma me paseé con un cuaderno en el bolsillo y un libro de Stendhal”, prosigue la artista, quien en su imaginación llega incluso a pasear y a hacerse selfies con el inmortal autor de Rojo y negro. “Allí también me obsesionó Caravaggio. Es el pintor famoso por su claroscuro, y la oscuridad representa el odio, los asesinos. El propio Caravaggio fue pintor y asesino, y magnífico creador que representaba a la perfección las dos pulsiones: vida y muerte. Hice un viaje a la muerte a través de las obras de arte, que a su vez hicieron una labor de mediación con la vida real. Me permitieron sobrellevar mi luto”, asevera la autora de otros títulos como Le Pont des arts, Savoir-vivre ou mourir o Moderne Olympia.

Uno de los momentos impactantes del álbum es cuando el arte y la tragedia se confrontan. “Cuando vi las esculturas de Niobe de Balthus – jóvenes que huyen porque los matan con sus flechas Apolón y Artemís – en la Villa Medicis creí ver los cuerpos de mis amigos en el suelo en la redacción de Charlie, aunque en realidad no los había visto, solo había oído los disparos de kalashnikov. En Roma, viendo las estatuas, creía ver sus cuerpos. Y no era algo mórbido sino bello. Y una coréografa norteamericana y yo preparamos una pequeña performance sobre estas estatuas, una transformación artística, ella con la danza, yo con el dibujo. Eso también era una forma de romper el hechizo que me hacía ver a mis amigos de Charlie Hebdo en el suelo”.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Catherine Meurisse
 
 

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