Tambores de guerra saudíes

 

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Está en el aire: diplomáticos y militares israelíes, en diferentes latitudes del mundo, andan contándole a cualquiera que quiera escuchar que consideran inminente una guerra con Hizbulá, probablemente en cuestión de semanas. En el otro bando, la asunción es la misma. Israel teme las nuevas capacidades de la milicia chií libanesa, fortalecida, rearmada y con amplia experiencia de combate tras su participación en la guerra de Siria. Y los cada vez más numerosos bombardeos israelíes en territorio sirio no han servido para debilitarla.

“Trataremos al Gobierno del Líbano como un gobierno que nos ha declarado la guerra”

En ese contexto, Arabia Saudí y Kuwait acaban de pedir a sus ciudadanos que salgan del Líbano lo antes posible, y nadie oculta que la razón no es otra que Hizbulá: la dimisión, esta semana, del primer ministro libanés Saad Hariri (por orden saudí, según sus críticos; tras haber recibido información sobre un plan –presuntamente orquestado por Irán- para asesinarle, según él mismo) parece haber sacudido la situación hasta un punto de no retorno, pese al viaje relámpago de Emmanuel Macron a Arabia Saudí, en un intento de devolver las aguas a su cauce en un Líbano vital para los intereses franceses.

“El brazo de Irán ha logrado imponer un hecho consumado en el Líbano con el poder de sus armas”, declaró Hariri desde Riad. “Han construido un estado dentro del estado”.

Pero todo apunta a que los libaneses son cautivos de una trama más amplia. Basta ver los comentarios del ministro de Inteligencia israelí, Israel Katz, calificando la dimisión de Hariri como “un punto de giro” para la región. “Ha expuesto la verdadera cara de [Hassan] Nasralá y Hizbulá, y el control iraní sobre el Líbano” (Nasralá es el líder de la milicia-partido chií). El ministro de Defensa israelí, el ‘halcón’ Avigdor Lieberman, ha sido aún más gráfico en su cuenta de Twitter: “Líbano = Hizbulá. Hizbulá = Irán. Irán = Líbano”. Y en otro: “Irán pone en peligro al mundo. Saad Hariri lo ha demostrado hoy. Punto”.

Poco después, Arabia Saudí se expresaba en el mismo sentido: “Trataremos al Gobierno del Líbano como un gobierno que nos ha declarado la guerra debido a la milicia de Hizbulá”, declaró este miércoles el ministro de Asuntos del Golfo, Thamer Al Sabhan, a la cadena Al Arabiya.

 “Al sacar a Hariri, facilita muchísimo tratar al Líbano como una base iraní”

Dan Shapiro, ex embajador estadounidense en Israel y académico del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional israelí, lo explicaba así: la dimisión del primer ministro libanés “podría ser un plan saudí para iniciar una respuesta israelí y darle en el hocico a Hizbulá”, según ha declarado al diario Washington Post. “La salida de Hariri refuerza el argumento de que Hizbulá controla totalmente el Líbano. Al sacar a Hariri, facilita muchísimo tratar al Líbano como una base iraní”, señala.

La cooperación saudí e israelí puede parecer extraña a muchos, que siguen creyendo en la insalvable enemistad entre árabes y judíos. Pero, pese a la retórica belicosa, hace mucho tiempo que tanto Riad como a Tel Aviv tienen un enemigo común que les inquieta bastante más: un Irán cuya influencia no deja de expandirse por Oriente Medio, y que rivaliza con Arabia Saudí como potencia hegemónica de la región.

En ese conflicto, los saudíes van perdiendo por goleada en escenarios como Siria, Iraq, el propio Líbano e incluso Yemen, una guerra que los países suníes del Golfo estaban convencidos de ganar rápidamente, pero que las milicias hutíes han logrado convertir con éxito en “el Vietnam saudí”.

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Acerca del autor

Daniel Iriarte

@Danieliriarteo

Periodista y cineasta documental (Zaragoza, 1980). Vive en Madrid, donde trabaja en la...

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