Siriacos: fe en la revolución

 
Combatientes de la milicia asiria MFS cerca de Raqqa (2017) | © Karlos Zurutuza

Combatientes de la milicia asiria MFS cerca de Raqqa (2017) | © Karlos Zurutuza

Frente de Raqqa | Agosto 2017

Para llegar al cuartel de los siriacos en Raqqa hay que conducir hacia el suroeste, y casi siempre por lugares donde nunca hubo una carretera. La ruta no es totalmente segura, pero es la única alternativa para evitar la zona aún bajo control del Estado Islámico. Una vez a las afueras de la ciudad, basta dejarse llevar por el oído: la base del Consejo Militar Siriaco, conocido en su lengua, el arameo, como Mawtbo Fulhoyo Suryoyo (MFS), está justo al lado de la de los americanos en la zona; esa desde la que percuta un mortero de 81 milímetros cada cinco minutos. Día y noche.

El comandante Matai Hannah acaba de volver de allí con una ración de combate MRE (“Carne lista para comer” en sus siglas en inglés).

“Su base está justo detrás de ese muro. Yo no tengo inconveniente en llevaros pero a ellos no les va a gustar”, se disculpa el siriaco mientras, espera a que el agua caliente ponga a punto su comida empaquetada en Cincinnati.

Los siriacos dispuestos a combatir se debatían entre unirse a las milicias de Asad o a los kurdos

A sus 22 años, Hannah ha pagado su rango con un riñón, una cicatriz desde la ingle al esófago y un balazo en la cabeza. Milagrosamente solo le rozó, pero no fue en Raqqa, sino en su Qamishli natal, en 2015. El enemigo, no obstante, era el mismo.

Censos anteriores a la guerra en Siria situaban la cifra de los cristianos en torno a un 10% de una población total de 23 millones. Uno de los colectivos cristianos más importantes es el siriaco, que junto a asirios y caldeos se distingue por el uso de arameo en su liturgia y, en parte, en la vida diaria. Pero el país que fuera refugio durante décadas para muchos cristianos de oriente, sobre todo para aquellos que huían de Iraq, acabó por convertirse en una nueva trampa. Ante el azote islamista en todas sus variantes, los siriacos dispuestos a combatir se debatían entre unirse a las milicias de Asad o a los kurdos. Hannah y los suyos optaron por lo segundo.

La trayectoria política de kurdos y disidentes siriacos ha corrida paralela en Siria. El Partido de la Unión Democrática, hoy dominante entre los primeros, y el Partido de la Unión Siriaca se fundaron en 2003 y 2005 respectivamente. Ambos eran ilegales por las razones que esgrimía Isoue Geouryie, líder político siriaco:

“La Constitución siria no reconocía a los siríacos como pueblo, era un régimen arabista”

“La Constitución siria no reconocía a los siríacos como pueblo, ni aceptaba que uno de nosotros pudiera ser presidente, ni que un musulmán pudiera convertirse al cristianismo, pero sí lo contrario… Era un régimen arabista y pretendidamente laico en la que los pueblos no árabes, como kurdos o siríacos, no tenían cabida” explicaba Geouryie desde la sede del Partido de la Unión Siriaca en Qamishli.

En 2012, y coincidiendo con el repliegue de Damasco del noreste de Siria, los siriacos empezaron a organizar su milicia. La primera fue Sutoro (“seguridad” en turoyo, la variante local del arameo, lengua de los siriacos), una unidad policial que acabaría fracturándose entre los leales a Asad y los que se aliaban con las YPG kurdas. El Consejo Militar Siriaco (MFS) vería la luz un año más tarde, y fue en 2015 cuando se incorporó en las entonces creadas Fuerzas Democráticas Sirias, la coalición que hoy lidera la ofensiva sobre Raqqa y que respalda Washington.

Dos posiciones

Hay que esperar al “logista” para entrar en Raqqa. Ese es el vehículo, preferiblemente blindado, que se encarga de llevar los suministros a la posiciones en el frente de la ciudad sitiada. Los combatientes de reemplazo se hacen un hueco entre cajas de munición y comida. Una vez dentro, el único Hummer siriaco maniobra derrapando entre el escombro de un barrio fantasma hasta llegar a la primera de las dos posiciones que el MFS mantiene en el frente oeste.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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