El velo y la piruleta

 

opinion


Una vez un hombre en Egipto
me impuso escuchar su opinión sobre la necesidad que tiene una mujer de cubrirse el pelo con un pañuelo. Su metáfora me provocó ganas de llorar, pero también resumía muy bien la mentalidad de los que defienden que una mujer es propiedad de un hombre, y un solo hombre.

“Imagina que alguien te ofrece dos piruletas, y tienes que elegir una de ellas. Una está envuelta en su plástico. La otra no está cubierta porque alguien la ha probado ya y de haberla usado, está ahora rodeada de moscas. ¿Con cuál te quedarías?”, me preguntaba, con una sonrisa pintada en la cara y un gesto de “¡Te pillé!”.

En la respuesta obvia de quien no quisiera comerse un chupa-chups usado y envenenado por los bichos, una mujer debería encontrar la justificación de por qué usar el pañuelo. Y sobre todo, una fémina debería considerarse una valiosa piruleta.

Una mujer decente no se quita el envoltorio. Solo se lo puede quitar su dueño

¿Qué quería decirme con esto ese amable señor, con el que compartí diez minutos de mi tiempo, y que me obligó a escuchar su brillante argumento? Pues varias cosas. La más directa es que él solo se casaría con una mujer velada y tapada, porque las demás, las que llevan su pelo al aire y usan esas camisetas de manga corta tan provocativas, están envenenadas y rodeadas de moscas y moscones.

Una mujer decente no se quita el envoltorio. Solo se lo puede quitar su dueño, ese hombre que la elige. Afortunada ella.

Estos moscones violarían a una mujer porque consideran que ella lo pide a gritos

¿Moscas? ¿Qué quería decir con eso? Pues gente como él. Hombres que hacen sufrir a cualquier chica que se atreva a salir a la calle sin el envoltorio. Esos que la siguen hasta quedarse sola en un callejón. Los que, además de perseguirla con la mirada hasta que ella desaparezca, no se olvidan de un solo “piropo” para describir su trasero, su codo y su tobillo. Porque una mujer expuesta a los ojos de quienes la acosan en la calle por no ir velada, tapada, que aguanta cómo se le acercan y le hablan, la observan, e intentan descubren si es una piruleta de fresa o de limón, esa mujer atrae a las moscas.

Estos moscones violarían a una mujer porque consideran que ella lo pide a gritos. Por haber elegido no llevar velo (en Egipto) o por haber escogida una minifalda esta noche (en Pamplona). Y si se atreve a quejarse, hasta un juez acabaría apoyando la teoría de “esto es la apocalipsis” y “Satanás ha pervertido a nuestras mujeres”. O que sonreír al día siguiente es señal de que en el fondo le gustaba.

El velo islámico es machista. Habrá aficionadas que digan que es una prenda bonita y que la usan por iniciativa propia. Bien. Adelante. No se lo voy a rebatir. Pero su uso actual y real es político y social, no es una cuestión de estilo ni de belleza, y eso tampoco me lo pueden rebatir ellas, ni ellos, los principales interesados en su uso.

1 2Página siguiente

 
 

Acerca del autor

Imane Rachidi
Periodista (Chauen, 1991). Vive en La Haya.
Nacida en Marruecos, Rachidi se traslada en 2002 a España, donde...

Etiquetas

, ,

Artículos relacionados

El velo y la piruleta
 
 

0 Comentarios

Sé el primero en dejar un comentario.

 
 

Deja un comentario