Una idea terrible

 

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De pronto se me ha ocurrido una idea terrible. ¿Y si Avi Gabbay se cree de verdad lo que dice?

No puede ser. Es imposible creerse esas cosas. No, no.

¿Y si resulta que sí? ¿Dónde nos deja eso?

Avi Gabbay es el nuevo líder del Partido Laborista Israelí. Hasta hace poco era miembro fundador de un partido de derecha moderada llamado Kulanu (“Todos Nosotros”). Sin siquiera haber sido elegido a la Knesset, se le nombró ministro de Medio Ambiente. Dimitió cuando a Avigdor Lieberman, considerado por muchos un semifascista (y lo más alejado de la verdad es lo de semi), se le permitió unirse al gobierno en calidad de ministro de Defensa, el segundo cargo más importante.

En una audaz jugada, Gabbay abandonó Kulanu, se afilió al Partido Laborista (también conocido como “El Bando Sionista”) y poco después fue elegido presidente de esta formación. No obstante, no se convirtió en el Líder de la Oposición por no ser parlamentario electo. Su predecesor, el simpático pero insignificante Yitzhak Herzog, siguió ostentando el título.

En la política, la lógica es un bien escaso. Puede incluso ser un obstáculo

Una de las cualidades sobresalientes de Gabbay es que pertenece a la comunidad mizrají, es decir que es un “judío oriental”. Es el séptimo de los ocho hijos de una familia que emigró a Israel desde Marruecos en 1964, tres años antes de su nacimiento.

Este dato es muy relevante. Al Partido Laborista se le tacha de “occidental” o asquenazí, de ser el partido de una élite social alejada de las masas de orientales. Si el partido quiere volver a gobernar, necesita dejar atrás esa calificación.

En el Likud se da la situación opuesta. Sus votantes son mayoritariamente mizrajíes, aunque no se puede ser más asquenazí que Netanyahu. Los mizrajíes lo adoran como nunca han adorado a un líder de su propia comunidad.

El origen de Gabbay no es su único atributo. Es una persona que ha ascendido hasta las más altas cotas del éxito económico a pesar de sus humildes orígenes. Fue el presidente del consejo de administración de una de las corporaciones más importantes de Israel y ha amasado una considerable fortuna.

No es un líder carismático ni una persona que enfervorice a las masas. De hecho, su rostro es fácil de olvidar. Sin embargo, el mundo de los negocios le ha dotado de una forma de pensar lógica y de gran solidez. En la política, la lógica es un bien escaso. Puede incluso ser un obstáculo.

La pregunta es: ¿A dónde le conduce su lógica?

Durante sus pocos meses como líder del Partido Laborista, Gabbay ha sorprendido hasta la médula a muchos de sus miembros. Los ha dejado de piedra.

Todas las semanas, normalmente en Sabbat, emite un comunicado en el que contradice todo lo que el partido lleva defendiendo en sus más de cien años de existencia.

Gabbay dijo que no haya que desmantelar ningún asentamientos de los territorios ocupados

En uno de ellos decía que la paz no implica que haya que desmantelar ninguno de las docenas de asentamientos que hay en los territorios ocupados. Hasta entonces, la línea del partido dictaba que solo permanecerían los “bloques de asentamientos”, construidos muy cerca de la Línea Verde, en un marco de intercambio de territorio, y que los demás serían desmantelados. El anuncio de Gabbay causó gran conmoción, ya que probablemente hace imposible la “solución de los dos estados”.

En otra ocasión afirmó que no entraría en coalición con la “Lista Conjunta”, la única formación “árabe” de la Knesset. Está compuesta por tres partidos árabes muy diferentes entre sí que tuvieron que coaligarse cuando Lieberman (ver más arriba) elevó el umbral electoral con el objeto de deshacerse de ellos.

Sin el apoyo de la Lista Conjunta es muy difícil, por no decir imposible, conseguir una mayoría de izquierdas en la Knesset. Los Acuerdos de Oslo nunca habrían existido sin el incondicional apoyo de los parlamentarios árabes a Yitzhak Rabin, aunque no formaran parte de su gobierno.

Para empeorar las cosas, Gabbay anunció que el único parlamentario árabe del Partido Laborista, el conocido comentarista deportivo Zouheir Bahloul, no ocuparía un escaño en la próxima Knesset. Su crimen: haber criticado la Declaración Balfour de 1917, que prometía a los judíos una patria en Palestina, que por entonces pertenecía a los árabes.

El clímax (de momento) se alcanzó la semana pasada cuando Gabbay le puso la guinda al pastel haciendo algo que para los laboristas es una aberración.

Hay en Israel decenas de miles de refugiados africanos no judíos, sobre todo sudaneses y eritreos. Llevan varios meses internados en unas instalaciones abiertas en estado de semidetención, en condiciones muy superiores a las que tendrían en sus países. Otros sobreviven a base de trabajos esporádicos por los barrios pobres de Tel Aviv, en competición con los habitantes pobres de los mismos y despertando su ira.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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