Rex Imperator

 

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El sionismo es una ideología antisemita. Lo ha sido desde sus comienzos.

El mismo el padre fundador, el escritor vienés Theodor Herzl, es autor de algunos artículos de sesgo claramente antisemita. Para él, el sionismo no consistía solo en un mero traslado geográfico, sino que era una forma de convertir al despreciable judío comerciante de la Diáspora en un honesto y diligente ser humano.

Herzl viajó a Rusia con el objeto de que sus líderes antisemíticos e incitadores de pogromos apoyaran su proyecto a cambio de sacar de Rusia a todos los judíos.

De hecho, uno de los dogmas fundamentales de la propaganda sionista siempre fue que los judíos solo podrían vivir una vida normal en el futuro Estado judío. El eslogan era “invertir la pirámide social”, es decir, construir una sólida base de obreros y agricultores en lugar de banqueros y especuladores.

Los que odian a los judíos aplauden al Estado de Israel como prueba de que no son antisemitas

Cuando yo iba a la escuela en lo que entonces se llamaba Palestina, todo lo que nos enseñaban estaba empapado en un profundo desprecio por los “judíos del exilio”, aquellos que pertenecían a cualquier país y preferían vivir en la Diáspora. Sin lugar a dudas, eran muy inferiores a nosotros.

El clímax llegó a principios de los 40 con un grupúsculo llamado los “cananeos”. Proclamaban que ya éramos una nación, la Nación Hebrea, y que no teníamos nada que ver con los judíos de cualquier otro lugar del mundo. Cuando el Holocausto se conoció en su totalidad, tuvieron que bajar la voz, pero no se les silenciaba.

Por su parte, los antisemitas siempre prefirieron a los sionistas a cualquier otro judío. Es famosa la cita de Adolf Eichmann en la que decía preferir el trato con sionistas porque tenían mayor “valor biológico”.

Incluso hoy en día en cualquier rincón del mundo, los que odian a los judíos aplauden vigorosamente al Estado de Israel como prueba de que no son antisemitas. Los diplomáticos israelíes no son contrarios a servirse de su apoyo. Les encanta la alt-right.

Esto nunca ha impedido que el Estado de Israel se aproveche del apoyo del judaísmo mundial. Este es un chiste que circulaba hace mucho tiempo: Un día Dios Todopoderoso decide repartir sus posesiones equitativamente entre árabes e israelíes. A los árabes les da el petróleo, que les proporciona poder económico y político, y a los israelíes les concede el judaísmo internacional por los mismos motivos.

Los israelíes desprecian en secreto a los judíos estadounidenses pero exigen su apoyo político incondicional

En sus primeros días, el Estado de Israel necesitaba con toda urgencia el dinero de los judíos estadounidenses, no estoy exagerando, para pagar el pan del mes siguiente. El primer ministro David Ben Gurión viajó a los Estados Unidos con el objeto de engatusarlos. Sin embargo, había un problema: el archisionista Ben Gurión estaba dispuesto a tratar de convencerles de que lo abandonaran todo y se trasladaran a Israel. Sus asesores necesitaron Dios y ayuda para persuadirle de que no hiciera referencias a la aliyá (inmigración, literalmente “ascenso”).

El desequilibrio en la relación continúa aún hoy día. Los israelíes desprecian en secreto a los judíos estadounidenses por preferir las “ollas de carne de Egipto” a vivir como judíos honrados en Israel, pero al mismo tiempo exigen su apoyo político incondicional. Tienen una enorme influencia en Washington, donde la AIPAC, el lobby judío, es la organización política más importante después de la Asociación Nacional del Rifle.

Desgraciadamente la relación genera cada vez más problemas que ya no pueden ocultarse por más tiempo.

El último conflicto ha tenido un origen inesperado. Tiene también un nombre poco común: Tzipi Hotovely. El nombre procede de Georgia. Sus padres son emigrantes de esa república exsoviética (es decir, “hicieron la aliyá”). Dado que en hebreo no se escriben las vocales, pocos israelíes saben pronunciar su nombre correctamente.

Tzipi, diminutivo de Tzipor, que significa “pájaro”, es una hermosa e inteligente mujer de 39 años. También es ultraderechista. Su aspecto es una mezcla de nacionalismo radical y ortodoxia religiosa. Como no podía ser de otra manera, pertenece al Likud, lo cual le ha permitido hacerse con el importante cargo de viceministra de Asuntos Exteriores.

¿Quien es pues el ministro de Exteriores? Nadie. Netanyahu es demasiado listo como para colocar a alguien en un puesto de tal relevancia; puede convertirse en un competidor. Lo cual eleva aún más el estatus de Tzipi.

Normalmente Hotovely guarda silencio. Sin embargo, hace unas semanas lanzó un auténtico bombazo.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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