«En Europa se ha dado manos libres a los islamistas»

Yahia Belaskri

 

Esos eran los chicos que teóricamente iban a empaparse de Ilustración, y resulta que han acabado siendo los que han llevado más lejos el oscurantismo fanático. ¿Qué falló?

Pero no olvidemos que es una minoría realmente ridícula. Hay muchísimos jóvenes de origen argelino, tunecino o marroquí, que viven, que están allí, que aman España o cualquiera de los países europeos, y si tienen dificultades las tendrán como los demás jóvenes. Es una auténtica política wahabista la que ha atacado el mundo, y todos hemos sido cómplices en algún momento, lo que explica que haya incluso jóvenes españoles que han atentado en Barcelona, ¡es inaceptable! Son nuestros propios hijos los que han hecho eso.

¿Qué se puede hacer?

No solo hay que luchar policialmente contra el terror, hay que luchar culturalmente, con la educación. En la escuela, con las asociaciones, con las universidades, hay que realizar esa labor, decirles que son españoles, que es su país, que usted está en francia y ese es su país. Que se puedan abrir al mundo y encerrarse. Maalouf habló de Identidades asesinas, ¡claro que lo son! La identidad es un proceso, no es algo terminado. Yo puedo ser feliz o infeliz en España, pero no odiarlo ni producir un asesinato.

Tahar Ben Jelloun se ha referido a la situación de los inmigrantes como “la más profunda de las soledades”. ¿Eso significa que Francia y los demás países europeos no son tan acogedores a veces?

«Hay personas que nunca han salido de su país, pero son exiliados dentro»

Hoy día, desde luego, acogen muchísimo menos, salvo Alemania o Italia, que recibe a muchísima gente. Francia, con Manuel Valls como primer ministro, hizo todo para reducir el cupo. Pero la soledad de aquel que se va es la misma, no solo para los magrebíes. Irte de tu país para vivir en otro lugar, es conocer la soledad. No olvidemos que hay personas que nunca han salido de su país, pero son exiliados dentro. Es algo profundamente humano.

¿Usted ha sentido alguna vez el racismo bajo la capa de universalidad que caracteriza a la Culture?

Personalmente no. Pero claro que se siente el racismo en cómo se habla en la prensa, cómo se considera a aquel que viene de otro lugar con cierta condescendencia. Pero del otro lado también existe el racismo, no hay que engañarse. No hay que pensar que aquellos son buenos y estos malos. Somos los mismos seres humanos.

¿Por qué la izquierda francesa se empeña en darle a los musulmanes derechos específicos, como si no fueran ciudadanos como los demás?

Cuando hablaba de condescendencia era esto lo que estaba evocando. Cuando uno es ciudadano de un país, ya sea católico, musulmán, protestante, judío o ateo, por qué no, no hay diferencia que importe, cada cual tiene su lugar. Desde el momento en que soy ciudadano, no necesito la legitimidad de nadie. En cuanto a la izquierda francesa… Ya sabemos cómo está.

Usted dejó Argelia en el 89. Después de tantos años, ¿no ha tenido nunca el impulso de volver para ayudar a reconstruir el país?

Viajo mucho allí, participo asiduamente con los argelinos, pero mi vida está aquí, en Francia, en europa. Mis hijos ya han crecido, dos se han casado y uno va camino de hacerlo, tienen hijos, adoro a mis nietos. Mi vida está ahí, sin más.

Usted dijo en una conferencia que cada generación tiene la tarea de rehacer el mundo, pero la suya tiene una misión mayor: impedir que se deshaga. ¿Van teniendo éxito en esa empresa?

«La guerra civil de los 90 causó un trauma enorme, hay un miedo grande a la violencia»

No lo sé, pero es la verdad. El mundo de hoy es de una brutalidad increíble, se está incendiando por doquier. ¿Qué debemos hacer, esperar sin hacer nada, dejar que el señor Trump meta fuego a todo, que no explote Corea del Norte? Hay que hablar. Y como decía Camus, son los escritores, los artistas, los creadores, los que tienen que hablar. No hay que comprometerse con el poder político, hay que ser independiente. Hay que tener la libertad de hablar.

¿Llegó la primavera árabe a Argelia?

No. Si hubiera llegado, no habría este inmovilismo político. La cuestión es que Argelia conoció un periodo terrible, la guerra civil de los años 90, cuando los islamistas cogieron las armas y mataron a todo el mundo, a policías y ciudadanos anónimos pero también a poetas, a escritores. Más de 200.000 muertos supusieron un trauma enorme, y creo que hay un miedo grande a la violencia. Y menos mal. Creo que las cosas deben cambiar en Argelia, sin duda, y los argelinos lo van a hacer. Van a necesitar tiempo, pero no quieren volver a la violencia. Todos esos muertos, heridos, gente encarcelada, es algo insoportable para ellos.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Yahia Belaskri
 
 

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