Ojalá te destruyan la casa

 

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Cuando conocí a Yasser Arafat en el Beirut sitiado del verano del 82, Abu Mazen no estaba presente. Cuando me reuní con él en Túnez unos meses después, me pidió que también me reuniera con Abu Mazen.

Resulta que Abu Mazen era el líder de Fatah a cargo de los asuntos israelíes.

Mi primera impresión de Abu Mazen, Mahmoud Abbas, fue que era exactamente lo contrario que Arafat. Tenía aspecto de director de colegio.

Arafat era extrovertido. Le gustaban los abrazos y los besos y establecía relaciones cercanas con la gente desde el principio. Abu Mazen es mucho más tímido y reservado. Sin embargo, me gustó su personalidad.

Ya entonces, hace 35 años, era uno de los líderes de primer orden tanto de Fatah como de la OLP, codo con codo con personajes como Abu Yihad (asesinado por Israel), Abu Iyad (asesinado por extremistas palestinos) o Faruk Kaddoumi (expulsado por su oposición a los Acuerdos de Oslo).

Abbás no cree en la violencia. No es su naturaleza. Cree en la gran arma de los árabes: la paciencia

Siempre que visité a Arafat en Túnez me reuní también con Abu Mazen. El hecho de que hubiera nacido en Safed, un pueblo de población mixta judía y árabe en el norte de Israel, supuso un vínculo adicional entre nosotros. Safed era el segundo hogar de mi esposa, Rachel, que pasaba allí los veranos cuando era niña. Su padre, pediatra, ejercía su profesión allí durante los veranos. Abu Mazen no pudo recordar si había sido tratado por él de niño, antes de que su familia tuviera que huir del lugar en 1948.

Tras el asesinato de Arafat (no tengo pruebas pero creo que fue asesinado), Abu Mazen asumió el mando de Fatah (el partido) y de la OLP (el semigobierno). No es un segundo Arafat; no tiene ni la estatura heroica ni el estatus internacional del Fundador. Sin embargo, todos lo aceptaron.

Como líder de un pueblo pequeño y débil enfrentado a un adversario mucho más fuerte, Arafat sostenía que los palestinos debían utilizar la totalidad de los no muy numerosos medios a su disposición: organización, diplomacia, violencia… lo que fuera. Sin embargo, después de la Guerra del Yom Kippur (1973), comenzó a preparar el camino para los Acuerdos de Oslo. Me dijo: “Cuando vi que después de una enorme victoria inicial por sorpresa, los árabes perdimos la guerra, me di cuenta de que sería imposible recuperar nuestra tierra por las armas”.

Mi opinión es que Abu Mazen no cree en la violencia. No es su naturaleza. Cree en la gran arma de los árabes: la paciencia.

La doctrina de Abbás es esperar a que las circunstancias cambien. Dejar que Israel se agote

Los árabes tienen un concepto del tiempo muy distinto del de los israelíes. Los israelíes somos impacientes, necesitamos gratificación inmediata. Nuestra historia política es corta, nuestro país se fundó hace apenas 70 años. No tenemos ninguna paciencia.

La historia de los árabes es larga y está llena de vicisitudes. Están acostumbrados a esperar. La paciencia es un arma poderosa.

Creo que frente al poder de Israel la verdadera doctrina de Abu Mazen es esperar pacientemente hasta que las circunstancias cambien. Dejar que Israel se agote. Y mientras tanto, resistir, aferrarse a la tierra, no ceder ni un palmo. Los árabes llaman a esta estrategia sumud (tenacidad, perseverancia). Tardaremos una generación, dos, tres, pero al final venceremos.

Quizá no sea una estrategia popular ni heroica, pero puede que a la larga sea efectiva.

Al menos, esa es mi hipótesis.

A pesar de todo, incluso alguien como Abu Mazen puede perder la paciencia de vez en cuando.

Su ya célebre discurso de Yekhreb Beitak ha sido una de esas ocasiones.

Estados Unidos fingen ser el árbitro imparcial entre sionistas israelíes y árabes

Yekhreb Beitak significa literalmente Ojalá te destruyan la casa. En el vasto arsenal de insultos árabes es uno de los más suaves. Podría traducirse como maldito sea. Desafortunadamente, en hebreo moderno no tenemos palabrotas, así que los israelíes hebreoparlantes de hoy las tomamos prestadas del ruso o del árabe.

Desde cualquier punto de vista, Donald Trump es capaz de sacar de sus casillas a cualquiera. Desde el punto de vista palestino, merece maldiciones mucho peores.

Hace ya muchas décadas que los Estados Unidos fingen ser el árbitro imparcial entre sionistas israelíes y árabes. Todos los presidentes han presentado planes de paz y organizado iniciativas de paz, ninguna de las cuales ha llegado a ninguna parte. Tanto la iniciativa de paz egipcio-israelí como los Acuerdos de Oslo se concibieron a espaldas de los americanos.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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