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El motivo es sencillo: en los Estados Unidos hay millones de votantes judíos, la mayoría de los cuales son ardientes sionistas. Después de abandonar a su suerte a los judíos europeos durante el Holocausto, el remordimiento les corroe. Los votantes árabes dan igual.

Por lo tanto, uno tras otro, los presidentes, excepto Dwight Eisenhower, que gozaba de tal popularidad que no necesitaba el voto judío, han estado siempre del lado de Israel. Dado que los sucesivos gobiernos israelíes se han negado a devolver los territorios ocupados, especialmente Jerusalén Este, la imparcialidad americana ha sido una farsa.

Trump ha nombrado a su yerno judío y a otros sionistas como mediadores entre Israel y los palestinos

Pero lo de Trump es lo nunca visto. Ha nombrado embajador en Israel a un devoto sionista judío de derechas. Ha nombrado a su yerno judío y a otros sionistas como mediadores entre Israel y los palestinos. Y finalmente ha reconocido Jerusalén como capital de Israel y ha anunciado que trasladará la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén.

Si se hubiera referido a Jerusalén Oeste, la tormenta habría sido más suave. En la práctica, todo el mundo está de acuerdo en que Jerusalén Oeste es la capital de Israel. Pero Trump ha hablado de todo Jerusalén, apuntando de boquilla que en algún punto del futuro se delimitarán las fronteras definitivas.

El verdadero campo de batalla es Jerusalén Este, claro está. El gobierno israelí lo reclama como lugar de nacimiento de la religión hebrea y como ubicación del Primer y el Segundo Templo y del Muro de las Lamentaciones, que formaba parte del muro de cimentación del Templo, no del Templo en sí.

Reconocer “Jerusalén” como parte del Estado Judío ha supuesto un grave golpe a las más profundas creencias religiosas y nacionalistas de los árabes.

En 1948 propusimos una “Jerusalén unida, capital de los dos Estados”: sigue siendo la única solución

Cuando Naciones Unidas diseñó el plan de partición en 1947, definió un estado judío y otro árabe y dejó Jerusalén como unidad independiente. Ninguno de los bandos aceptó la medida.

Inmediatamente después de la Guerra de 1948, cuando mis amigos y yo pergeñamos el primer plan de paz basado en el principio de “dos estados para dos pueblos”, propusimos una “Jerusalén unida, capital de los dos estados”. Hoy en día sigue siendo la única solución viable.

El ya fallecido Faisal Husseini, líder indiscutible de la población palestina de Jerusalén Este, aceptaba este principio. Aparecemos juntos en muchas fotos bajo este eslogan en cientos de manifestaciones. Abu Mazen también lo acepta.

Entonces ¿qué ha dicho Abu Mazen en su largo discurso en el Parlamento palestino, aparte de la maldición medio humorística que ha copado los titulares?

Había poco de nuevo en sus palabras. Ha confirmado los términos del “plan de paz árabe”, con el que yo estoy completamente de acuerdo.

Ha rechazado de plano la llamada “solución de un estado”, que ciertos extremistas de izquierdas defienden ahora por pura desesperación. Esta solución implicaría un estado de apartheid dominado por Israel.

Abbás ha puesto fin a la ilusión de que los Acuerdos de Oslo siguen vivitos y coleando

Ha puesto fin a todos los eslóganes falsos que circulan por ahí: la idea de que los Estados Unidos pueden ejercer el papel de mediador en el conflicto; la ficción de que existe un “proceso de paz”; la ilusión de que los Acuerdos de Oslo siguen vivitos y coleando.

Las resoluciones de la reunión del Consejo Central de la OLP, el Parlamento palestino, rechazan finalmente la noción de que Estados Unidos pueda ejercer de mediador imparcial.

El Consejo ha decidido también “suspender el reconocimiento de Israel”, lo cual es un gesto más bien vacío. Pero también ha ordenado “detener la coordinación (con Israel) de la seguridad en todas sus formas”, lo cual es un asunto mucho más serio. Dudo que Abu Mazen pueda hacer algo así.

El Consejo se ha referido específicamente a la joven Ahed Tamimi, que abofeteó a un oficial del ejército israelí ante las cámaras, a la que yo he llamado la Juana de Arco palestina.

Ha hecho un llamamiento al boicot de productos israelíes, boicot que Gush Shalom, el movimiento pacifista al que pertenezco, comenzó ya en 1988. Pero también ha llamado a apoyar el movimiento BDS, que propugna el boicot de todo lo israelí.

A falta de algo mejor, también pide más implicación diplomática por parte de Naciones Unidas, el Tribunal Penal Internacional y otras instituciones internacionales.

Nada nuevo. Solo la voluntad de resistir.

Abu Mazen no tiene heredero político. Como tantos líderes políticos en todas partes del mundo, detesta la idea.

Aunque es más joven que yo, tiene ya 82 años. Se diría que ha decidido vivir para siempre. Como yo.

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© Uri Avnery  | Publicado en Gush Shalom | 20 Ener0 2018 | Traducción del inglés: Jacinto Pariente.

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Acerca del autor

Uri Avnery
Periodista y ex diputado israelí. Nacido en 1923 en Alemania, emigró con su familia en 1933...

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