Los presos políticos de Barzani

 

Marcos (dcha) y otro combatiente del YSB en Sinyar | © Esther Peral

Rabanales (Zamora) | Diciembre 2017

Sobre un folio en blanco, Marcos esboza el plano de la prisión kurda donde ha pasado 95 días en cautiverio. Hoy descansa en su actual residencia en Rabanales, un pequeño pueblo de la Maragatería.

“Imagina a más de 100 personas dentro de una celda de 65 metros cuadrados. Teníamos que acostarnos de lado, uno contra el otro, para dormir, o incluso permanecer sentados cuando ni siquiera había sitio para echarse”, dice este gallego de 47 años que prefiere no dar su nombre completo.

También conocido por el nombre en clave de “Dr. Delil”, Marcos fue uno de los tres españoles encarcelados el agosto pasado en la Dirección General de Seguridad de Erbil, un enorme complejo en la capital de Kurdistán iraquí, el territorio autónom0 gobernado por Masud Barzani.

Marcos, antiguo paracaidista del Ejército español, se unió a un grupo armado yezidí contra el Daesh

Hasta entonces, este antiguo paracaidista del Ejército español había ejercido de paramédico en las Unidades de Resistencia de Sinjar (YBS), un grupo armado yezidí establecido para proteger a esta minoría contra el acoso de islamistas radicales, principalmente el Estado Islámico (Daesh).

Cuando el Daesh comenzó a masacrar a la población yezidí en 2014, el PKK , la guerrilla kurda de Turquía, se desplegó en la zona para defender a esta minoría kurda a la que sólo el genocidio puso en el mapa mediático. El pasado marzo, las YBS se vieron envueltas en enfrentamientos con tropas peshmerga, todo en mitad del fragor de la lucha contra el Daesh.

El grupo yezidí a menudo se coordina con las Fuerzas de Defensa Sirias (SDF), una coalición multiétnica respaldada por Washington, a la que Turquía acusa de formar parte del conjunto del PKK. Los estrechos vínculos entre Ankara y el PDK -el partido gobernante en el Kurdistán iraquí- han convertido a los combatientes de las YBS y las SDF en proscritos en el territorio bajo el control de la familia Barzani.

“Seas del Daesh o del PKK, eso no supone ninguna diferencia para nosotros”, dice Marcos que le repetían sus captores en prisión. El brigadista de las YBS afirma que incluso tuvo que compartir su celda de un solo baño con combatientes del Daesh durante la mayor parte de su estancia.

“Me metieron en aislamiento tras una visita de una delegación de la embajada española”

“La televisión estaba siempre encendida, y a un volumen brutal: versos del Corán por la mañana y música turca por la tarde. Creo que su principal objetivo era evitar que durmiéramos”, recuerda Marcos.

Ni a él ni al resto de los detenidos en circunstancias similares se les dijo cuánto tiempo pasarían en prisión. Tampoco hubo juicio alguno. Marcos explica que pasaban la mayor parte del día dentro de la celda, excepto por los 20 minutos diarios que tenían para caminar en círculos en un pequeño patio interior al que se filtraba la luz del sol por un enrejado a unos 15 metros de altura. Las rutina podía cambiar, pero solo a peor.

“Me metieron en aislamiento tras una visita de una delegación de la embajada española. Tras dos días completamente a oscuras, un grupo de cinco hombres entró apuntándome a los ojos con una linterna antes de machacarme a patadas y puñetazos. Me hincharon a palos”.

Además de un castigo individual, aquellos episodios de brutalidad mandaban un mensaje colectivo a los que permanecían en las celdas principales. “Incluso con la televisión a todo volumen, podíamos oír los gritos de dolor de aquellos a los que torturaban en aislamiento”, explica Marcos.

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Acerca del autor

Karlos Zurutuza
Periodista (Donostia, 1971). Ha trabajado en Iraq, Irán, Afganistán, Kurdistán, Siria, Pakistán y Libia, entre otros...

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