«Los terroristas son suicidas altruistas»

Ramón Andrés

 

Esta crisis que vivimos ha sido una invitación al suicidio para mucha gente. Ese fenómeno, ¿de qué forma podríamos neutralizarlo, o desactivarlo?

«A los jóvenes se les ha dicho, o vendido, que no hay futuro: que por mucho que hagas, no sirve»

Es un problema de primer orden, no solo en momentos de crisis. Pero claro, ojalá la actual fuera una crisis económica y ya está, y no de muchas otras cosas. La población, el individuo, están sometidos a una erosión, a un desgaste intenso. Esto afecta sobre todo a la gente joven, en la franja de los 15 hasta los 25 años ha aumentado el índice de suicidios. Porque se les ha dicho, o vendido, que no hay futuro. Y algo peor, que por mucho que hagas, no sirve. Aunque tengas una carrera, o dos, y cinco masters, no podrás acceder. Esa idea del amor por el saber y luego vemos qué pasará, eso se perdió, ahora se estudia para tener un lugar laboral en el mundo, y claro, la negación de esto genera una frustración extraordinariamente profunda. Y entre la gente mayor, se ha disparado este índice de suicidios por la falta de recursos, de soledad. A veces en las ciudades occidentales, no hay que buscar en el mal llamado Tercer Mundo, hay muchos ancianos solos y deciden terminar con su vida por las bajas perspectivas que tienen, con unas pensiones además bajísimas.

Soledades que se dan, paradójicamente, en hormigueros humanos…

Se nos dice que estamos en la época de la comunicación, gente vive muy aislada.

Los suicidios se esconden en los medios, dicen, para evitar el efecto contagio. Pero hay otros, los terroristas suicidas, que en cambio acaparan las portadas. ¿Hablamos de un suicidio inducido, de gente convertida en herramienta de una causa…?

Sí, Durkheim, un sociólogo que escribió sobre el suicido en el siglo pasado, lo catalogó como suicido altruista. Yo doy mi vida por mi pueblo, por vosotros, me sacrifico. Esto levantó muchas polémicas, hubo ensayistas que tirando del hilo pensaron, “Cristo dio la vida por nosotros, de modo que cometió… recurrió a una muerte voluntaria”. Ha sido una polémica interesante por lo que ha generado de debate filosófico, no por otra cosa. Pero sí, los terroristas son suicidas altruistas.

El suicidio de algún modo los convierte en enemigos invencibles, al que busca la muerte no se le puede penalizar con nada, no se le puede asustar. Como decía Borges, a lo sumo se le podría amenazar con la inmortalidad, ¿no?

Sí, así es [risas]. El que no teme a la muerte es Dios, es una parte divina tuya, que sirve para la eternidad de los tuyos, de tu pueblo.

Un aforismo suyo decía: “Cebo de los creyentes: la eternidad”…

«La promesa de lo eterno es la gran trampa, la gran artimaña»

La promesa de lo eterno, claro, es la gran trampa, la gran artimaña. No se busca tanto la eternidad como la no muerte, que es distinta de la eternidad. La ficción de conservar tu individualidad indefinidamente en el tiempo, es la gran panacea de la mentalidad occidental, que tanto teme a la muerte, porque está tan aferrado a una construcción individual, sobre todo desde hace cinco siglos, desde la entrada en la modernidad. Esa es la panacea, permanecer como individuo, con tu pensamiento intacto, con tu mente, con tu cuerpo. Eso tan narcisista que nos dicen, que no hay otro como tú en el universo.

Se marcha de Barcelona, ¿en busca de ese silencio al que le ha dedicado algunos textos?

Ahora y hace mucho, busco ese silencio que es tan difícil de encontrar en una ciudad. Pero me voy de la ciudad por cuestiones muy prosaicas, como son los precios carísimos, tengo muchos libros, no puedo encontrar un lugar donde quepa todo. Y regreso al lugar de origen, donde nací. He estado muchísimos años en una ciudad que tiene cosas muy buenas, pero que está depredada por unos y por otros.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

Ramón Andrés
 
 

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