Las elecciones del caos

 

Los grandes gestos de unidad entre Berlusconi, Salvini y Meloni no han arrojado luz sobre el programa de la centroderecha. Los puntos acordados, sin precisar ni los tiempos ni la forma, prometen reducir los impuestos y la burocracia, anular la ley Fornero sobre las pensiones (que, entre otras cosas, aumentó la edad de jubililación), reformar el sistema judicial y frenar los flujos migratorios.

Aún puede ser candidato a primer ministro Berlusconi: ha recurrido su condena en Estrasburgo

Pero aún menos se ha aclarado quién será el candidato a primer ministro, algo inédito en la política italiana de los últimos años. “Tengo un supercandidato, pero no lo puedo decir de momento”, ha afirmado Berlusconi, aparentemente en un intento de no repetir la metedura de pata de noviembre, cuando sugirió que el primer ministro podría ser Leonardo Gallitelli, excomandante general de los carabineros y ajeno hasta ahora a la política. Algo que ha dejado tan boquiabiertos a los ciudadanos como a sus aliados. Y todavía ni es seguro que no sea candidato el propio Berlusconi, puesto que ha recurrido ante Estrasburgo su inhabilitación a ejercer cargos públicos hasta el 2019, por una condena a cuatro años por estafa fiscal. Mientras, tanto Berlusconi como Salvini han presentado panfletos en los que aparecen como cabeza de lista.

Tampoco en el otro bando están las cosas claras. Matteo Renzi no ha querido asumir públicamente la candidatura del PD, aunque ostenta el cargo de facto —está en el artículo 3 del Estatuto del partido— y señala que igual de bien podría repetir el actual primer ministro, Paolo Gentiloni. En un país que ha sido a menudo un laboratorio político, diríase un intento de reducir la personalización política.

Si ganan los ‘grillitos’, tampoco van a ver en el sillón a su mentor de toda la vida. Beppe Grillo se ha ido retirando paulatinamente del movimiento que fundó en 2009, cediendo protagonismo al joven Luigi Di Maio, de 31 años e hijo de un militante de extrema derecha. En septiembre pasado, 37.442 personas de los 130.000 miembros inscritos de la formación, lo respaldaron en una votación en internet como candidato del partido. Algo que ese día transformó el M5S, anteriormente una organización horizontal, en una formación más bien jerárquica.

Contra los antisistema

Berlusconi ha apostado por el rol del veterano hombre de Estado capaz de frenar el avance de un populismo que es, dice, “peor que los comunistas en 1994”: el Movimiento Cinco Estrellas. Para sorpresa de muchos, su mensaje cuaja. “¿Entre Berlusconi y Di Maio? Berlusconi”, ha llegado a decir Eugenio Scalfari, histórico director del diario ‘La Repubblica’, que durante años arremetió duramente contra el líder conservador. “Es el mal menor”, ha añadido el filósofo Gianni Vattimo. “Mejor un pasado discutible que un futuro imprevisible”, ha opinado Beppe Severgnini, articulista muy leído también en el extranjero.

El electorado de Berlusconi es “principalmente anciano y centrista”, explica su portavoz y confirman los sondeos. Un sector que no comulga con la tendencia claramente derechista de los Fratelli, pero que también se aleja del desengaño y la rabia social de los jóvenes, las periferias y el sur del país que, según los sondeos, captarán la Lega y el M5S. Ambos buscan capitalizar el descontento, pero desde extremos opuestos.

“Tenemos que elegir si nuestra etnia, nuestra raza blanca, nuestra sociedad debe seguir existiendo”

El M5S, que siempre ha jugado la carta de estar ‘fuera del sistema’, ya es un partido con experiencia: ostenta la alcaldía de Roma, ganada en junio de 2016 por la joven abogada Virginia Raggi. Su último acto de campaña fue anunciar que quitaría del callejero de la capital los nombres de los intelectuales que suscribieron el antijudío Manifiesto de la Raza de 1938, “Debemos acabar con esas cicatrices indelebles, que avergüenzan a nuestro país. Roma condena las leyes raciales y es una ciudad orgullosamente antifascista”, digo la alcaldesa.

La Lega, por su parte, tiene claro su caballo de batalla: la inmigración. O lo que muchos italianos perciben como una ‘invasión’ de inmigrantes con barcazas cruzando el Mediterráneo, cuando en realidad, con un Gobierno progresista al mando, la llegada de inmigrantes en 2017 ha caído un 34 pro ciento comparado con 2016. Pero Attilio Fontana, flamante candidato a la presidencia de la región norteña de Lombardía por la Lega, encendió la polémica en una entrevista en Radio Padania en enero: “La raza blanca” debe ser defendida ante las llegadas de los inmigrantes, dijo.

“Todos no cabemos. Si los aceptáramos, significaría que ya no existiríamos nosotros como realidad social, como realidad étnica. Ellos son muchos más que nosotros, están más determinados a ocupar nuestro territorio”, aseveró el político. “Tenemos que elegir: decidir si nuestra etnia, nuestra raza blanca, nuestra sociedad debe seguir existiendo o si nuestra sociedad debe ser eliminada: es una elección”.

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Acerca del autor

Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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