Las elecciones del caos

 

Tras recibir un alud de críticas, incluso de la Unión Europea, Fontana se corrigió: “Ha sido un lapsus. Quería decir que debemos reorganizar un tipo de acogida distinto, que respete nuestra historia y nuestra sociedad”. Pero entonces fue el líder de la Lega, Matteo Salvini, quien arremetió contra “la política de inmigración incontrolada y el sacrificio económico impuesto desde Europa, un desastre que se revertirá con el voto libre de los italianos”. “Hay en curso una invasión”, insistió Salvini, según algunos analistas desafiando incluso a Berlusconi, que prefería una línea más moderada. Con episodios como este, la alianza se adivina frágil y tendrá un vida breve si gana las elecciones. Su programa en común es “pura ficción”, ha llegado a escribir la prensa italiana.

El atentado racista del 3 de febrero en Macerata, una pequeña y hasta ahora sosegada ciudad del centro del país, no aplacó la polémica. Luca Traini, un italiano de 28 años sin antecedentes penales, que había sido en 2017 candidato de la Lega en unas elecciones locales, abrió fuego contra inmigrantes negros desde el coche en el que circulaba. Causó seis heridos antes de ser capturado por la policía. Gentiloni interrumpió un acto de la campaña electoral y pidió al resto de fuerzas políticas que no alimentaran la “espiral de violencia”. Matteo Salvini condenó el tiroteo pero añadió que “es claro y evidente que una inmigración fuera de control, una invasión como la organizada, deseada y financiada en estos años, lleva al choque social”.

El fascismo tiene consecuencias: transforma nuestras ciudades en un ‘far west’

“Italia se encuentra en plena emergencia de seguridad”, subrayó, por su parte, Giorgia Meloni. “Lo ocurrido hoy demuestra que incitar al odio y al fascismo tiene consecuencias: transforma nuestras ciudades en un far west“, les respondió Laura Boldrini, presidenta del Congreso hasta su disolución en diciembre y hoy candidata del izquierdista LeU. “No es posible que sobre una tragedia como esta tenga que empezar la campaña electoral”, lamentó Luigi Di Maio, del M5S. Matteo Renzi pidió a todos mantener “la calma y el sentido de responsabilidad”. “No hay que instrumentalizar lo ocurrido”, pidió.

Con los ánimos caldeados parece quedar para más tarde una reforma legal que deja pendiente el gobierno de Gentiloni: la integración de los hijos de extranjeros que han nacido en Italia o están en el país desde niños. El proyecto de ley, promovido por el PD y aprobado en la Cámara de Diputados, no logró luz verde en el Senado por el hostigamiento del centroderecha y del M5S. A pesar de que de la participación de los inmigrantes —ya sean económicos o refugiados— depende una de las balanza demográfica más desequilibradas de Europa. “Solo Japón está peor que nosostros”, advierten expertos.

Integran la lista de temas calientes el debate sobre noticias falsas, las deudas de los bancos y la infiltración mafiosa en la política y en la sociedad: entre 2015 y 2016, el número de clanes conocidos ha pasado de 88 a 92, y muchos operan como verdaderos cárteles. La economía, en cambio, da poca de sí en esta campaña: el PIB ha crecido un 1,6% en 2017. “Resultados positivos los ha habido: hubo un aumento de las inversiones privados de un 30% comparado con el año pasado, las exportaciones crecieron un 7% y la ocupación laboral también está creciendo”, recuerda Vincenzo Boccia, presidente de Confindustria, que agrupa a los grandes empresarios italianos.

Berlusconi, bienvenido

Silvio Berlusconi (Bruselas, 2010) | © Fabio Cimaglia / Unión Europea

A sus 81 años, con menos fuerzas físicas que antaño, Berlusconi se adapta a los tiempos: se presenta ahora como un guía prudente capaz de frenar los populismos. Un papel con el que ha conseguido una extraordinaria rehabilitación en Bruselas. Allí donde hace 15 años llamó ‘kapo’ (guardián de los campos de concentración) al jefe alemán de los eurodiputados socialistas (era Martin Schulz) e incluso llegó a pelearse con el Partido Popular Europeo (PPE), Berlusconi se ha presentado con un discurso aparentemente europeísta. Con éxito: “Silvio, ¡qué placer! Aquí estás en tu casa”, ha dicho el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. “El programa de Forza Italia está completamente en línea con los valores e ideas que defendemos desde la UE y, en particular, el PPE”, ha corroborado el secretario general de la formación, el español Antonio López-Istúriz.

Aun así, Berlusconi no ha abandonado el más conocido de sus caballos de batalla. “Menos impuestos”, reza el punto primero del programa electoral de la coalición, que incluye un tipo fijo de tasas para familias y empresas, que, según los economistas, haría derrumbarse al sistema fiscal italiano. También figuran ambiguas medidas sobre inmigración y, para confusión de alguno, un apartado que aboga por “menos vínculos con Europa”.

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Irene Savio
Periodista (Roma, 1982). Trabaja como corresponsal de la revista mexicana Proceso y colabora con el...

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