Las posibilidades de una isla

 

Vicente Valero
Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza

Género: Ensayo
Editorial: Periférica
Páginas: 224
ISBN: 978-84-1629-159-5
Precio: 18 €
Año: 2017 (primera edición, Península, 2001)
Idioma original: español

 

No puede ser casualidad que, en el último año, autores tan diferentes como Frédéric Pajak, Antonio Muñoz Molina, Bashkim Shehu, Álex Chico o Enric Umbert se hayan ocupado en sus libros de un modo más o menos directo de la figura de Walter Benjamin. El imponente volumen de su producción, la influencia que ha tenido en múltiples áreas del pensamiento –del arte a la política, pasando por las drogas, el cine, la traducción o el misticismo judío–, y muy especialmente su trágico final en Portbou, hacen del filósofo alemán una personalidad tan magnética como pendiente de descubrir y releer.

La isla que lo acoge está muy lejos de ser la meca mundial de la diversión veraniega que es hoy

De todos esos autores me detengo en Vicente Valero, poeta y narrador que también abordó la figura de Benjamin en Viajeros contemporáneos. Ibiza siglo XX, pero sobre todo en este ensayo que es reedición, y donde se ocupa monográficamente de la estancia del pensador en la isla durante los cruciales años de 1932 y 1933. Suelo disfrutar viendo cómo un escritor se convierte en detective en el tiempo y recompone los pasos de alguien en algún lugar muchas décadas, escrutando las fuentes, detectando las pistas falsas, especulando sobre el color y la forma que podrían tener las teselas que faltan en el mosaico. Valero cumple fielmente con este cometido, y lo mejor es que su informe, aunque quiere ser austero desde el punto de vista del estilo, se lee con avidez y con placer.

Será un amigo de Benjamin, el joven filólogo Walther Spelbrink, quien anime al protagonista de la historia a instalarse provisionalmente en Ibiza por un motivo elemental, y fue sobre todo la posibilidad de salir adelante con “un mínimo europeo de supervivencia (entre aproximadamente 60 y 70 marcos al mes)”. La isla que lo acogerá está muy lejos de ser la meca mundial de la diversión veraniega que es hoy; de hecho, es muy escasa la información que circula sobre ella, más allá de algunas contadas descripciones más o menos románticas, por lo que el impacto debió de ser fuerte y prácticamente desprevenido cuando desembarcó el 19 de abril de 1932. Benjamin llega en horas bajas, todavía afectado por su tan anunciado divorcio con Dora Keller y asediado por sus primeros impulsos suicidas.

Una estancia en el paraíso antes de verse abocado a los infiernos que acechaban en Europa

Sin embargo, algo va a cambiar en la mirada del filósofo. La arquitectura rural –que en Ibiza empezaba a producir lo que Le Corbusier calificó de “despertar mediterráneo”–, la flora, el ritmo de la vida en ese confín de las Baleares, producen un efecto benéfico casi inmediato en el nuevo vecino, que dedica su tiempo a pasear, a leer y a escribir, especialmente narrativa. En lo personal, para Benjamin se antoja una tregua entre dos momentos difíciles, una estancia en el paraíso antes de verse abocado a los infiernos que acechaban en la Europa de las primeras décadas del siglo XX.

Pero en lo que respecta a Ibiza, también fue un penúltimo momento de calma antes de la tormenta turística que estaba en trance de abatirse sobre la isla, aunque las señales todavía fueran difusas. De hecho, los lugareños todavía no lograban columbrarlo, pero nuestro personaje había recorrido suficientes países y hoteles como para reconocer el inmenso potencial del lugar, e incluso logró anticipar la llegada del viaje low cost consignando en sus notas fenómenos novedosos como el de los mochileros, “tan cargados de salud y mochilas como descargados de dinero”.

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Acerca del autor

Alejandro Luque

@atoluque

Periodista y escritor (Cádiz, 1974). Vive en Sevilla.
Tras trabajar en la...

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