Cirugía contra la ablación

 

“Hay una demanda muy grande. La mayoría de estas mujeres ya han tenido relaciones sexuales e incluso tienen hijos, pero no ha sido un proceso agradable. El sexo es una cuestión muy, muy dolorosa, que no pueden soportar. Muchas acuden aquí en un estado muy grave de depresión y lo que intentan es arreglar sus genitales para sentirse mejor, y volver a sentir” aclara Saif Al Din, después de haberle devuelto la ilusión a miles de mujeres que han pasado por sus manos.

La operación consiste en la liberación del clítoris. Primero se elimina el tejido de la cicatriz, y después se tira de las partes restantes, donde aún sigue habiendo sensibilidad. En ocasiones se reconstruye un nuevo clítoris y labios menores para dar una apariencia más natural. Con ello, mejora “la imagen del cuerpo de la mujer, disminuye el dolor, mejora la función sexual en lo que se refiere al deseo, excitación, lubricación y orgasmo”, según Saif al Din.

El 90% de mujeres egipcias con relaciones prematrimoniales recurren a la himenoplastia

Los objetivos de esta operación –dice- es que ellas recuperen “la feminidad, la autoestima y la dignidad porque es un gran placer ver que se sienten y funcionan como mujeres completas” tras la cirugía. Se trata, pues, de olvidar esa fecha en la que fueron mutiladas que todas llevan clavada en la memoria, y tras la cual hay una historia muy dura. Pero no se trata de una operación barata. Dependiendo de la complicación, puede costar entre 1.500 y 2.000 euros. Una cantidad que no pueden pagar muchas de las víctimas.

Como una virgen

Con todo, la cirugía que ofrece Saif al Din es menos costosa que otra, extremamente habitual en Egipto y muchos países vecinos: la himenoplastia, es decir la reconstrucción del himen. Según una investigación del diario Al Watan, en Egipto, el 90% de las mujeres que han mantenido relaciones sexuales prematrimoniales se someten a esta cirugía para ocultar las pruebas. Se trata de una operación de entre 30 minutos y dos horas, y su coste puede alcanzar las 25.000 libras egipcias, unos 2.500 euros aproximadamente.

El himen, la membrana de piel en forma de anillo que cubre la vagina, es, en familias tanto musulmanas como cristinas, un símbolo de pureza y virginidad. La sangre que ocasiona la ruptura del himen suele producirse durante la primera experiencia de una mujer durante el coito, pero esta experiencia debe –moral y socialmente- tener lugar una vez contraído el matrimonio. No es una cirugía ilegal, pero en Egipto no todos los cirujanos acceden a practicarla. Según varios ginecólogos consultados, cada vez más mujeres recurren a la himenoplastia para no arriesgarse a perder a su futuro marido y su familia.

“Hay parejas que han estado años juntas, pero que antes de contraer matrimonio, reconstruyen el himen”

“Es verdad que es una cuestión sensible a nivel moral, pero es la salvación de muchas mujeres que han sufrido una violación sexual o han sido engañadas por sus parejas, que les han prometido que se casarían con ellas y luego las dejan tiradas después de tener relaciones”, lamenta una ginecóloga egipcia con clínica en el centro de El Cairo. Prefiere mantener el anonimato. Es un tema bastante tabú, aunque – sorprendentemente – no todas las operaciones de himenoplastia tienen lugar a espaldas del futuro esposo. “Hay parejas que han estado años juntas, pero que antes de contraer matrimonio, construyen el himen de la chica como símbolo de un nuevo comienzo. También para no arriesgarse ante sus padres, pues algunas familias aún insisten en ver la cama o el pañuelo manchados de sangre”, asegura.

Hasta 2009, la solución era aún más fácil: circulaba un kit ‘made in China’, por 25 euros, que incluía un himen falso pero resistente y que era capaz de expulsar una sustancia parecida a la sangre cuando se destruía. Aquel año, Egipto lo prohibió.

Saif al Din reconoce que son muchas las mujeres que recurren a él para hacerse una himenoplastia, pero él se niega a llevar a cabo este tipo de operaciones. “No me gusta meterme en esas cuestiones, hay mucha gente que lo hace, pero a mi no me gusta. Creo que no hay necesidad alguna para ello. Cuando una mujer está en una relación, y se somete a una reconstrucción del himen sin conocimiento de su pareja, está engañando a su futuro marido, y yo, como médico, estaría encubriendo una mentira. No lo voy a hacer”, se queja con cierto rencor este médico. “Es una cuestión moral, porque podría ser perfectamente una de mis especialidades, es una operación que entraría en el tipo de cirugías estéticas que yo realizo, pero no quiero”, recalca. Además, reitera que está especializado en traumas físicos (como accidentes, la ablación, etc.), violencia contra la mujer, o en casos de ausencia congénita de la vagina. “No quiero cooperar con más inmoralidades”, concluye: “Lo que quiero es devolverles la ilusión”.

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Acerca del autor

Imane Rachidi
Periodista (Chauen, 1991). Vive en La Haya.
Nacida en Marruecos, Rachidi se traslada en 2002 a España, donde...

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