Los últimos zoroastras

 

Los lugares de culto, como los Templos de Fuego, son gestionados hoy día por sus sacerdotes, los ‘mobeds’, y la Sociedad de Zoroastras en Irán, que han detectado el potencial de la creciente ola turística que llega al país tras el levantamiento de las sanciones de Occidente. En Yazd, incluida en julio de 2017 en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, algunos zoroastras se anuncian como guías turísticos que pueden ofrecer “un auténtico acercamiento a la cultura persa y zoroastra”. Este boom ofrecerá “beneficios a nivel social y cultural mucho más importantes que económicos”, sostiene Rezania.

El zoroastra Sepanta Niknam fue elegido como concejal, pero suspendido por un tribunal

En Yazd aun se pueden observar las “torres del silencio” (dajma) donde antiguamente los zoroastras exponían a los muertos para que los buitres limpiaran los esqueletos antes de recoger los huesos. El rito se justificaba con la prohibición de no contaminar ni tierra ni agua ni aire ni fuego con un cadáver, pero fue prohibido en Irán durante la década de 1970 alegando riesgos sanitarios.

Los gobiernos reformistas de Mohammed Jatami (1997-2005) y Hasan Rohaní (desde 2013) han relajado la discriminación de esta minoría religiosa. No obstante, la reelección del zoroastra Sepanta Niknam como miembro del consejo municipal en Yazd ha reavivado la polémica interreligiosa en el país, recoge un informe de la organización internacional Human Rights Watch (HRW) publicado en octubre pasado. Acorde a las normas que intenta imponer el Consejo de Guardianes de la República, los representantes de las minorías religiosas no pueden ser elegidos en distritos de mayoría musulmanas, Niknam fue reelegido en mayo de 2017, pero luego suspendido por un tribunal, si bien, según HRW, el Consejo de Guardianes no tiene facultad legal para vetar a un candidato municipal.

Pero “una cosa es la sociedad y otra es la élite política”, insiste Narges Rahimi, especialista iraní del zoroastrismo en la época sasánida de la Universidad de Granada. “Muchos jóvenes iraníes, hartos del islam más restrictivo, muestran sus simpatías manteniendo las tradiciones persas preislámicas de Zaratustra”, apunta Nazanin Armanian, analista iraní que se exilió del país poco después de la Revolución. Sin embargo, abandonar el islam está prohibido bajo amenaza de la pena de muerte: “Nuestros mobeds no pueden hacer una ‘evangelización’ porque podrían ser acusados de proselitismo”, prohibido por la ley.

De todas formas, esta ‘evangelización’ es polémica para los propios zoroastras: si bien entre los colectivos iraníes, sobre todo los emigrados, la conversión se admite, otros sectores, especialmente los parsis de Bombay, rechazan que sea posible convertirse al zoroastrismo, y ni siquiera cuentan como miembros a los hijos nacidos de una madre zoroastra si el padre no lo es. De ahí que muchas familias vigilan que los jóvenes solo se casen con sus correligionarios. Algo cada vez más difícil conforme se va reduciendo la comunidad. Hay quien considera que la extinción de esta antigua religión ya tiene fecha.

La religión de Zaratustra

Interior del templo zoroastra de Yazd (2017) | © Alicia Alamillos

Nacido en el norte del actual Irán alrededor del 600 a. C., el profeta Zaratustra -o Zoroastro para los griegos- fundó una de las religiones más antiguas del mundo, según documentan las ancestrales tradiciones iranias, y que ha inspirado de forma decisiva a las religiones monoteístas posteriores, como el judaísmo, el cristianismo o el islam: estableció el concepto de dios y diablo, cielo e infierno. Su libro santo, el Avesta, se basa en una cosmovisión dualista donde uno puede evitar el caos si elige servir a Dios (Ahura Mazda) mediante “buenos pensamientos, buenas palabras y buenas obras”, evitando al diablo (Ahriman).

El zoroastrismo sirvió también de base para el maniqueísmo, una religión dualista que mezclaba elementos mazdeos con cristianos y budistas y en la temprana Edad Media se difundió por toda Asia Occidental y grandes partes del Mediterráneo, aunque hoy no quedan comunidades de seguidores.

Los reyes persas abrazaron el zoroastrismo como religión del Imperio, culminando su expansión durante la dinastía sasánida (226-651 d. C.), en el Segundo Imperio, hasta que la expansión árabe impuso el islam en todo el territorio persa.

Aunque la tradición clásica islámica reconoce principalmente solo cuatro religiones como respetadas por su origen divino – aparte del propio islam, son el cristianismo, el judaísmo y el la religión de los sabeos, identificados con los mandeos de Iraq -, muchos teólogos consideran que el zoroastrismo también forma parte de este elenco, al disponer de un libro santo y al ser mencionado en el Corán (sura 22, 17) en el mismo verso que las demás religiones, bajo el nombre de “magos”.


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Alicia Alamillos

@Ali_Arena

Periodista (Córdoba, 1992). Tras pasar por la mesa Internacional de ABC y...

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